FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Previsiones y realidades | Francisco Pomares

Ayer se cumplió un secreto a voces: la vicepresidenta del Gobierno, Nadia Calviño, anunció la rebaja en las previsiones de crecimiento del PIB español este año desde el 9,8 por ciento al 6,5 por ciento.

La ministra asume las cifras y pronósticos del Fondo Monetario y reconoce el exceso de optimismo desplegado por el Gobierno desde el pasado septiembre, presentando un pronóstico del PIB que rozaba los dos dígitos gracias al impulso de las ayudas europeas. Ayer tarde, la ministra reconocía, durante la presentación de las nuevas macrocifras de la economía española, que el escaso crecimiento del primer trimestre ha obligado a replantear el conjunto del ejercicio. Probablemente, si se hubiera renunciado a la propaganda y el autobombo, no habría resultado necesario.

Los datos del FMI se han modificado también. Pero ligeramente al alza, no a la baja. El Gobierno prefirió aventurarse en su pronóstico porque había que justificar la presentación de un presupuesto expansivo, el más social de la historia, que ahora se cubrirá con déficit y deuda pública, dado que las previsiones de ingresos fiscales también han saltado por los aires, al caer más de un tercio el crecimiento previsto. Aun así, Calviño sigue vendiéndonos la moto de que no se pierde crecimiento, de que solo se retrasa, una explicación que supongo dejará atónitos a los expertos y economistas. Porqué… ¿adónde va a parar ese crecimiento que sólo se retrasa? Pues a ningún lado.

La realidad es que tendremos que esperar hasta el año 2023 para situarnos en los números previos a la pandemia. Y mientras, el resto de Europa alcanzará la situación precrisis a mediados del próximo año. Economías del sur como la de Grecia, o la de nuestro vecino Portugal, lograrán salir de la crisis un año antes que nosotros, e incluso la economía italiana –una de las más afectadas por la pandemia, y tan dependiente del sector turístico como la nuestra- conseguirá recuperarse antes que España. A nosotros nos toca esperar…

A mayor abundamiento, y aunque Calviño de ese asunto no dijo ayer ni pío, las previsiones del Fondo Monetario pronostican que a lo largo de todo este año el paro seguirá aumentando en el país, alcanzando el 17 por ciento cuando se produzca el fin de las ayudas por Erte, y colocando el paro español por encima incluso del de Grecia, que es el país con más paro estructural de Europa. Y muy por encima del de Italia, que estará en poco más del diez por ciento. Es cierto que en 2022 el paro puede bajar en nuestro país alrededor de un punto, pero aún estaremos lejos de alcanzar las cifras de empleo previas a la crisis.

La pregunta que deberíamos hacernos es por qué España –que entró en la crisis pandémica después de Italia- va a tardar más que Italia en salir de ella. Por qué nos hemos convertido en el país de Europa con peores datos económicos. Y sobre todo por qué -y para qué- el Gobierno exageró las previsiones de recuperación económica hace seis meses, cuando los organismos internacionales casi clavaban los resultados que ahora se comprueban.

Mi sospecha es que lo hicieron para presentar al país un presupuesto incumplible, que va a contribuir a endeudarnos y a aumentar el impacto fiscal de la crisis, más allá de la recuperación económica. Tenemos un Gobierno que no se compromete con las necesidades reales del país, que no ajusta sus recursos a las posibilidades de obtenerlos y gastarlos, un Gobierno que solo atiende desde hace más de un año a sus propias operaciones de propaganda, mientras el país se deshace.

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