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OPINIÓN | García-Sanjuán, un buen hombre | Salvador García Llanos

Decimos adiós este mediodía a Pedro García-Sanjuán, sobre todo, un buen hombre, expresión que condensaría las cualidades de su personalidad en los ámbitos de la sociedad tinerfeña donde se desenvolvió.

Atrás quedan una jugosa conversación en el hotel “Tenerife Playa”, el hotel de su padre, don Cándido, santo y seña del emprendimiento turístico de principios de los sesenta, y numerosos actos y encuentros (más algún partido de fútbol, entre ellos el Coruña-Tenerife, en Riazor, que valió una promoción) en que labramos una respetuosa amistad. Desde entonces, exclamaba “¡Monstruo!”, cada vez que nos veíamos a modo de saludo.

Siempre se volcó en elogios hacia el Puerto de la Cruz y admiraba sin reservas el proceso de integración de su población con el turismo que todo lo transformó. Siempre ponderó el papel dinamizador del municipio en el desarrollo de la economía insular y su singular promoción en ferias o convocatorias a las que él mismo asistió.

Fue vicepresidente y presidente accidental del Club Deportivo Tenerife, una de sus grandes pasiones. Tuvo, entre sus decisiones, una de gran trascendencia: el relevo de Xavier Azcargorta por Vicente Miera en el cargo de entrenador. Su contento después del choque en A Coruña, donde el Tenerife (gol memorable de Eduardo, mediante) salvó la categoría.

No seguiría en funciones directivas pero jamás se desentendió del tinerfeñismo. García-Sanjuán siempre estuvo allí, como uno más, dolido cuando los resultados eran adversos y animado cada vez que encadenaba una racha de triunfos. Era un ‘birria’ de los de siempre, o de los de antes, si se prefiere.

Pero otra disciplina deportiva le cautivaba:el golf, al que siguió ligado tras haber sido uno de los promotores de la creación de la Federación Canaria. En alguna conversación parecía que estaba impartiendo una clase. Pedro García-Sanjuán desempeñó una extensa actividad empresarial en sectores como la automoción, la hostelería y, más adelante, la diplomacia, cuando le hicieron cónsul honorario en la Isla de la República de Chile.

Estaba singularmente dotado para las relaciones públicas. Su amabilidad, como rasgo esencial de su carácter, lo hacía todo. Se contrastaba con esa predisposición para ayudar a quien se lo pedía, o a cualquier persona “que se lo merezca”, según nos dijo al coincidir en una consulta médica.

Es natural que quienes le conocieron y sabían de su bonhomía estén tristes y dolidos por su pérdida. Algunos han expresado sus sentimientos y han destacado relieves de su personalidad.

En el Puerto, el hotel familiar sigue a la espera de reabrir sus puertas, las mismas que Pedro García-Sanjuán traspasó para forjar un destino, para aprender turismo y para compartir ratos de buena amistad con otros empresarios, con amigos portuenses (entre ellos Andrés Pagés, futbolista y luego directivo del club representativo) y personajes públicos destacados como César Manrique y Paco Afonso.

Se fue un buen hombre.

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