FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Superávit y mentiras | Francisco Pomares

Hacienda informó ayer de la ejecución presupuestaria de las Administraciones públicas españolas en 2020, sin demasiadas sorpresas, aunque alguna sea desagradable. En conjunto, el incremento del gasto público para hacer frente a la pandemia, con su correlato de medidas sociales para ayudas a familias, trabajadores y empresas, supone un incremento de más del diez por ciento del PIB, una cifra que –aún situándose más de un punto por debajo del compromiso del Gobierno Sánchez– supone un récord absoluto y representa la voladura de todas las reglas tradicionales de contención fiscal. 77.000 millones de déficit, fruto de un gasto superior en 53.000 millones a lo presupuestado, y una caída de los ingresos de 24.500 millones, esa sí, inferior a las previsiones de caída de la recaudación efectuadas en los primeros meses de pandemia.

El sistema fiscal español ha resistido mejor la recesión de lo que lo hizo en otras crisis, por ejemplo, la de 2008, aunque aún es pronto para estar seguros de que la tendencia se mantendrá. La caída de los impuestos indirectos –IVA, IGIC en Canarias, impuestos especiales– se ha movido en el entorno del 11,5 por ciento, pero el buen funcionamiento del IRPF –ha aumentado un 1,2, porque los pagos que se realizan en 2020 lo son en relación a los resultados de 2019– ha amortiguado la caída de la recaudación, que se mueve un par de décimas de punto por debajo del menos nueve por ciento.

El déficit estatal ha permitido que las regiones pudieran contar con recursos también récord en la financiación autonómica, 4.800 millones más de los previstos, lo que ha reducido el impacto del déficit regional, que pasa de ser del 0,57 por ciento en 2019 al 0,21 en 2020, entre otras cosas porque nueve de las 17 comunidades autónomas fueron incapaces de gastarse el dinero que tenían, Canarias entre ellas.

El caso de Canarias es sin duda el más llamativo: primero porque los datos de superávit ofrecidos por el Ministerio no se aproximan ni de lejos a los que reveló hace unos días el consejero de Hacienda Román Rodríguez, que cifró el superávit regional en una cantidad comprendida entre los 160 y los 180 millones, cuando el Ministerio asegura que son 232.

Además, Canarias es la región española con un superávit mayor en términos absolutos, y la segunda en relación a su propio PIB. Que en un año como el de 2020, con los gravísimos problemas producidos como resultado de la pandemia, y con las reglas fiscales suspendidas en Europa desde marzo de 2019 (en España se tardó más, porque la ministra quería quedarse con los ahorros municipales y regionales), que Canarias haya sido incapaz de gastarse 232 millones de euros clama al cielo.

En pasados ejercicios –en una etapa de bonanza y crecimiento económico constante– Rodríguez, entonces en la oposición, fue extraordinariamente crítico con el Gobierno regional por su incapacidad para gastarse hasta el último euro recaudado. Ahora, en plena pandemia, justifica las cifras de superávit (que presentó más cocinadas que las del Sociobarómetro) alegando que la financiación recibida fue superior a la de otros años. Eso es cierto, pero también lo es que el dinero recibido de más era un dinero finalista, destinado a gastos diferentes. Rodríguez intenta actuar con las cuentas como un prestidigitador, un charlatán de feria. Pero los números son lo que son. Y en esta ocasión le han dejado por mentiroso.

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