FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | ¿Superávit? | Francisco Pomares

Preguntado por su antecesora en Hacienda, Román Rodríguez, reconoció ayer que el superávit presupuestario de 2020 andará entre los 160 y los 180 millones de euros, pendiente de que la Intervención General del Estado fije la fecha definitiva. Lo dijo el hombre como si nunca hubiera matado una mosca y el asunto fuera baladí, pero el asunto es mucho más escandaloso que el trapicheo que se trajo Torres con la nominación de Pérez al Senado y la canonjía interruptus a Blas Acosta.

Es completamente inexplicable que después de ingresar este año alrededor de unos 500 millones menos de lo previsto, aún así al Gobierno le sobren entre 160 y 180 millones (y eso según las cuentas del propio Gobierno). Es la demostración más clara de la absoluta incapacidad del Ejecutivo, y muy especialmente de su departamento de Hacienda, incapaz de adelantarse en septiembre a ese resultado bochornoso y dar una salida útil al superavit.

Porque no estamos hablando de compromisos de gasto contraídos y no ejecutados. Estamos hablando de superávit, la diferencia que existe entre lo que se ingresa y lo comprometido como gasto. Para tener un superávit de 160 a 180 millones, habiendo ingresado 467 millones menos, el Gobierno tiene que haber dejado de comprometer un gasto de 650 millones de euros, en el año más duro de la historia de la democracia en Canarias, cuando más necesaria era una actuación anticíclica de la Administración, inyectando recursos a una economía colapsada, a través de ayudas al ejército de vecinos nuestros necesitados de ayuda.

A Román Rodríguez se le ha llenado la boca esta legislatura con el discurso sanchista y falsario de que no se dejará a nadie atrás, un discurso que –después del desastre que ha sido el reparto de las ayudas sociales, el bloqueo de la Dependencia, el retraso del ingreso mínimo vital…- ya no se cree nadie, y menos que nadie él mismo.

Porque cuando un Gobierno no es capaz de gastarse el dinero de que dispone, en medio de una crisis como esta, es que a ese Gobierno la gente de verdad, la que lo pasa mal, la que está sin trabajo, la que no puede pagar su hipoteca, pierde sus propiedades, cierra sus negocios… a este Gobierno esa gente le importa una higa. Con esos 160 a 180 millones, podrían haberse condonado las cuotas a decenas de miles de autónomos que han tenido que cancelar su actividad por no poder atender sus obligaciones fiscales.

Se podría haber contratado no a los cien empleados que necesita Noemí Santana, sino a todos los que hicieran falta para desatascar la Dependencia. Podría haberse resuelto las ayudas del alquiler de miles de personas sin recursos. Podría haberse aliviado la situación de decenas de miles de parados que ya no tienen otra salida que los bancos de alimento. Podría haberse abierto líneas de crédito para los ayuntamientos incapaces de atender sus servicios sociales… Esa es la verdadera cara de una Canarias que se ignora, y a la que el progresista Rodríguez anuncia entre sonrisas que utilizará el dinero que tendría que haber sido capaz de gastarse para ‘reequilibrar’ sus cuentas. ¿Reequilibrar? ¿Para reequilibrar las cuentas se ha peleado tanto por el levantamiento de las reglas fiscales?

En una situación normal, la incapacidad del Gobierno para gastarse casi el diez por ciento de su presupuesto, sería casi una buena noticia. Pero en ésta situación, cuando las necesidades nos abruman, resulta un auténtico escándalo que en una región que es la más golpeada por la crisis económica en toda España, su Gobierno cierre el año con superávit. Sinceramente, no sé cómo no se les cae la cara de vergüenza cuando después nos piden más y más dinero.

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