FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | El caos | Francisco Pomares

Algo más de un millar de personas, muchos de ellos inmigrantes del centro de internamiento de Las Raíces, se manifestaron el pasado sábado en La Laguna en protesta por la política migratoria del Gobierno de España y para exigir que los emigrantes puedan continuar su viaje en dirección a la Península y otros destinos europeos. La manifestación, convocada por la Asamblea de Apoyo a Migrantes de Tenerife, arrancó en el campamento de Las Raíces, donde desde primeras horas del día se había congregado alrededor de un centenar de personas en apoyo de los inmigrantes.

La marcha concluyó sin incidentes frente al edificio del Ayuntamiento lagunero, en la Plaza del Adelantado, donde se produjo una concentración para denunciar las condiciones de los centros y reivindicar la libertad de movimiento de los inmigrantes.

Tienen razón para la protesta: la situación actual es de caos absoluto. Caos en los centros de internamiento, pero sobre todo caos en la aplicación de las garantías jurídicas a los que llegan después de jugarse la vida en el mar. Este país aprueba leyes bienintencionadas y buenistas, que luego no cumple. Por ejemplo, aunque se desconoce la cantidad de personas que han logrado salir de Canarias con destino a la Península –esa cifra se ha convertido en un secreto de Estado, el Gobierno quiere evitar que sea conocida en Europa–, sí se sabe que desde el aeropuerto de Gran Canaria parten regularmente vuelos cargados de deportados con destino a Aaiún, después de realizarse a los inmigrantes la prueba PCR, que es una de las condiciones planteadas por Marruecos para aceptar devoluciones.

La posibilidad de ser deportado se ha convertido hoy en una pura lotería. Depende más de que haya avión para transportarlos a Marruecos que de que se haya tramitado el expediente de devolución, a pesar de que la ley establece que en esos casos un magistrado debe decretar el internamiento en un centro de extranjeros y hay un plazo de 60 días para proceder a la devolución. El Sindicato Unificado de Policía reconoce que lo que hacen cuando eso ocurre es dejarlos en libertad. A todos los que no hayan pedido previamente el asilo. Algunos se quedan viviendo donde pueden, y con suerte, los hay que logran salir de Canarias.

Pero eso no es el final del trayecto. Desde hace algo más de una semana, los problemas en los pasos fronterizos de España con Francia son recurrentes. El incremento de inmigrantes llegados a Irún obligó este pasado viernes al Gobierno Vasco a activar su plan de contingencia. Desde el viernes anterior, habían estado llegando a la ciudad alrededor de un centenar diario de personas, según las cifras ofrecidas por la dirección de Migración y Asilo del Gobierno Vasco. El paso fronterizo está desbordado.

No sólo por las limitaciones al tránsito impuestas por el Covid, también por las restricciones por terrorismo decretadas por Francia, que ha cerrado varios pasos de su frontera. Muchos de los inmigrantes que intentan pasar la muga son retenidos y devueltos. En Irún, a pesar de los espacios habilitados para hospedar a los inmigrantes que llegan de Canarias, son ya varios centenares de ellos los que esperan por las calles pendientes de tener la ocasión de saltar a Francia.

Si el Gobierno quería evitar la acusación de convertir España en un coladero, llega tarde. Alguien tiene que empezar a resolver este caos. Porque así no se arregla nada. Solo se provoca más sufrimiento.

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