FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | El linchamiento | Francisco Pomares

En su comparecencia ante el juez Pamparacuatro del pasado jueves, Javier Abreu volvió a referirse a los intentos realizados por acallarle y lograr que en su primer testimonio judicial ante el juez, el pasado cinco de noviembre se portara bien.

Abreu relató la sucesión de llamadas telefónicas recibidas el día 4 de julio –cuando se esperaba que la vista fuera inmediata, luego se retrasó- por parte de periodistas amigos de Santiago Pérez, su abogada y él mismo, en dos ocasiones. Abreu de ofreció a entregar al juez el extracto de las llamadas recibidas aquel día en su domicilio, y –cuando lo encuentre, dijo tenerlo traspapelado- un pendrive con grabaciones de esas llamadas.

Sin duda, el ex primer teniente de alcalde, secretario general durante años de la Agrupación socialista lagunera y pupilo aventajado de Pérez, traía su declaración cuidadosamente preparada: se mostró siempre sincero, abierto y colaborador con la Justicia. Sin embargo, a la salida de su cita con el Juez, y a pesar de la expectación lograda por sus revelaciones, Abreu parecía un hombre triste, cansado y agotado psicológicamente: sus respuestas a los medios de comunicación presentes en el Juzgado no tuvieron ni el tono ni la forma de las mordaces diatribas del otrora hombre fuerte socialista, más bien parecían las de un tipo derrotado y consciente de su derrota.

En los últimos años, tras enfrentarse a la dirección federal del PSOE cuando Sánchez ordenó un acuerdo con Coalición Canaria del que Abreu no era partidario, renunció primero a continuar formando parte del Comité Federal –formalmente el máximo organismo del PSOE nacional- y después fue expulsado de forma bastante indecente del partido, con la aquiescencia, cuando no la activa participación de sus antiguos compañeros.

Se vio primero privado del apoyo de los suyos y luego perseguido por ellos, básicamente por haber defendido un pacto de fuerzas de izquierda en la ciudad, el único que creía podía auparle a la alcaldía. Cuando se agotó su mandato como concejal, después de fracasar en la aventura de poner en marcha una plataforma municipal propia -Nivaria- se encontró sin trabajo ni posibilidad de conseguirlo. Porque… ¿qué empresa emplearía a un ex concejal apestado, al que la izquierda ganadora en La Laguna consideraba un traidor? Se vio malviviendo gracias a un escasísimo subsidio, sin ahorros, sin partido y sin futuro. Y en esas estaba cuando supo que Santiago Pérez había incorporado tres reparos levantados por él como alcalde accidental en 2014, a la denuncia presentada contra Fernando Clavijo y otros dirigentes de Coalición.

Nunca entendió que su amigo Pérez le implicara en esa denuncia, conociendo perfectamente sus motivaciones en las actuaciones denunciadas. Esa fue sin duda la puntilla que le revolvió. Esa y el baile de rumores, acusaciones y agresiones despiadadas que comenzó a sufrir cuando dijo que se defendería. La última y más mezquina de todas las vejaciones, la de Nacho Viciana, lugarteniente de Pérez, publicada en un medio que se define progresista. Viciana, que fuera secretario general del PSOE tinerfeño antes de mudarse a Socialistas por Tenerife siguiendo a Pérez, se ha burlado en Diario.es sobre la condición homosexual de Abreu.

Ha dicho que cuando el juez hurgue en el pendrive con las grabaciones de las amenazas recibidas por Abreu, lo que va a encontrar son imágenes de enormes penes. Lo que ha escrito Viciana, el periodista que presume de izquierdas, es parte del miserable linchamiento moral y social al que Abreu está siendo sometido por contar una versión de lo ocurrido en La Laguna diferente a la que Santiago Pérez ha vendido en los últimos años.

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