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ENTREVISTA | Santiago Díaz-Bravo: “El periodismo es una forma de vida más que una profesión”

EBFNoticias | Candela Fernández Sanz | Fotos: cedidas |

Santiago Díaz-Bravo nació en 1968 en La Orotava, municipio de Tenerife. Estudió Periodismo en Madrid, tras lo cual ejerció su carrera en medios como El Día, Europa Press, La Gaceta de Canarias, La Opinión o ABC. En 2012 se fue a Londres en busca de nuevas oportunidades, y allí, años más tarde, ocupó durante más de dos años la asesoría de prensa del Instituto Cervantes. Actualmente trabaja como editor en el departamento de lengua española de una agencia de las Naciones Unidas con sede en la capital británica. A la novela que publicó hace veinte años, «Cuatro días antes del final«, se sumó el año pasado «El hombre que fue Viernes«. En la actualidad trabaja en una tercera obra que saldrá a la luz este año.
¿Cuál fue su punto determinante para decidir irse a Londres?
Los últimos años de la década del 2000 fueron económica y laboralmente muy duros y acabé quedándome sin trabajo. Los primeros meses en paro surgieron, más que oportunidades laborales, amagos, pero la realidad es que no había dinero y la mayoría de quienes mantenían el empleo cobraban poco y mal. Fue entonces cuando decidí dar un paso al frente y buscar trabajo donde fuese. Un amigo me consiguió una prueba en un organismo de las Naciones Unidas en Londres. La pasé y tras unos meses de espera, me llamaron. Aquí sigo casi diez años después.
Usted formó parte de la última etapa de La Gaceta de Canarias, un periodo que supuso su refundación, ¿Qué fue lo más complejo de comenzar un periódico prácticamente desde cero?
Se trataba de un proyecto ambicioso, el primero de verdad de ámbito regional en la historia del archipiélago, que se materializó en el peor momento posible. Coincidió, por un lado, con la crisis de la prensa por el surgimiento de Internet. Se trataba de un callejón sin salida: Internet no generaba ingresos y el papel empezaba a perderlos porque la gente acudía a los dispositivos electrónicos que ofrecían información gratuita. De forma paralela eclosionaba la crisis económica de 2008, que provocó impagos y huelgas. En medio de aquel conflicto me convertí en director del medio, que fue como asumir la presidencia de un país en guerra. Con todo, el periódico siguió adelante hasta poco antes de clausurarse definitivamente.

El periodismo es una actividad que precisa dedicación plena

¿Cuál es su relación actual con el periodismo?
Me sigue apasionando. Disfruto como lector y espectador, y me felicito por haber ejercido el periodismo, por las experiencias que me ha proporcionado y por los fantásticos amigos y compañeros que me ha brindado, pero no siento nostalgia. El periodismo, más que una profesión, es una forma de vida que te absorbe por completo y precisa dedicación plena. Considero que tomé la decisión adecuada, sobre todo viendo lo que ha ocurrido los años posteriores con la profesión. Me considero, sobre todo, afortunado de haber vivido la etapa en la que se trabajaba con condiciones aceptables, sueldos dignos y plantillas adecuadas. El periodismo es una actividad creativa y necesita ciertos requisitos para ser desarrollada, y la estabilidad económica y laboral es uno de ellos. Por esto, considero mi etapa periodística como disfrutada y finiquitada.
¿Cómo fue su primer año fuera de España?
Ha habido dos momentos en mi vida que, en cierto modo, han supuesto un antes y un después: con 18 años, cuando me fui a estudiar Madrid, y con 43, cuando me trasladé a Londres. No es algo que haga normalmente una persona a esa edad. Yo disfrutaba de una vida estable y la crisis me obligó a marcharme en 2012. A pesar de que ese primer año fue de inestabilidad económica, también me permitió disfrutar de un sinfín de emociones y descubrimientos. Cuando no me tocaba, se me brindó la oportunidad de una vida plagada de experiencias y gente nueva. Fue apasionante. Y en cierto modo lo continúa siendo. Viví una aventura continua, sobre todo porque venía de tres años muy complicados como periodista, y dejarlas atrás y dedicarme a mí mismo fue estupendo. De alguna manera agradezco la crisis económica, porque me permitió darle un giro a mi vida. Económicamente me fue bastante mal, pero desde el punto de vista vital, la crisis pasó de ser enemiga a aliada.
Con toda su experiencia y viéndolo actualmente desde fuera, ¿Qué cree que es lo más negativo del periodismo?
Cuando empecé, con 22 años, había un mantra en la prensa: “Hay que darle al lector lo que quiere”, y se intentaba que todo pasara por ese tamiz. A la larga se ha convertido en el gran error del periodismo. Al lector hay que darle lo que el periodista, en el ejercicio de su profesionalidad, cree que es correcto. Y permíteme que me refiera en concreto al subgénero de las tertulias. Pienso que están llevando al periodismo a lo más bajo. Una de las funciones clave del oficio es jerarquizar la información, decirle a la gente qué asuntos importan más y cuáles menos, y en las tertulias se mezcla todo. Entre la ausencia de orden y la falta de conocimiento de los intervinientes, aprendices de todo y maestros de casi nada, se le está haciendo un flaco favor al periodismo. Y lo dice un ex tertuliano.
Santiago Díaz-Bravo junto al escritor Eduardo Mendoza | Foto: cedida.
¿El lector tiene alguna responsabilidad?
El lector tiende a echarle la culpa de todo a la prensa, a achacarle, sobre todo, su falta de independencia pese a que la única forma de que un medio sea independiente es que se cobre más por él. Hace unos años, cuando ejercía la profesión, la producción de un ejemplar de un periódico costaba en torno a seis euros, pero el lector solo pagaba uno o dos euros. El resto provenía de subvenciones y publicidad. Para lograr la independencia plena, el lector debería plantearse si está dispuesto a hacer frente al coste del 100% de un ejemplar. Disfruto de las dos visiones, la de lector y la del periodista, y creo firmemente que los medios en papel deben regresar a su función primigenia: ofrecer contenidos de calidad y que el público pague por ellos.

“El periodismo más que una profesión es una forma de vida que no echo de menos”

¿Volvería a trabajar como periodista?
No volvería al periodismo, que más que una profesión es una forma de vida que no echo de menos en absoluto. Lo disfruté y estoy muy orgulloso de esa etapa, pero no es algo que me plantee. Aunque uno nunca puede decir «de esta agua no beberé«.
En entrevistas que ha concedido a los medios El Día y El Diario de Avisos ha hablado de los jóvenes que han tenido que marcharse como “expatriados económicos” y de su resentimiento con España. ¿Siente usted esta frustración?
Adoro España. En la distancia uno valora a su país natal en su justa medida, y se da cuenta de que ni es tan bueno como creen algunos, ni tan desastroso como proclaman otros. En cierto modo España me expulsó porque me negó oportunidades laborales, así que mantengo una relación de amor-odio en la que la balanza se inclina hacia la parte buena. Con todo, tengo cosas que reprocharle, aunque en Londres me he percatado de que no existe ningún expatriado que no albergue cierto malestar hacia su patria

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