FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Información diferencial y noticias rutinarias | Salvador García Llanos

Wikipedia define un bot como un programa informático que efectúa automáticamente tareas reiterativas mediante Internet a través de una cadena de comandos o funciones autónomas previas para asignar un rol establecido. Se trata de una definición funcional que no hace diferencias en cuanto a su implementación. Un bot puede estar diseñado en cualquier lenguaje de programación, operar en un servidor o en un cliente, o ser un agente móvil. A veces se denominan ‘Sistemas Expertos’ dado que muchos se especializan en una función específica. Algunos ejemplos de bots son los rastreadores web de los motores de búsqueda de Internet, que recorren los sitios web de forma automática y recopilan información de los mismos de manera mucho más rápida y efectiva de lo que lo haría una persona.

Los bots «buenos» cumplen los estándares de exclusión de robots, que los operadores de servidores pueden usar para influir en el comportamiento de un robot dentro de unos límites. Los bots «maliciosos» se utilizan, por ejemplo, para recopilar direcciones de correo electrónico con fines publicitarios para hacer copias masivas no autorizadas de contenidos web o para espiar de manera sistemática las vulnerabilidades de software de los servidores con el objetivo de penetrar en ellos. En las redes sociales, los bots se utilizan para simular la interacción humana, hinchando artificialmente el número de visitas o seguidores, o automatizando respuestas para posicionar mensajes o influir en debates. Los denominados bots conversacionales son sistemas de inteligencia artificial que simulan una conversación con una persona utilizando el lenguaje natural.

Nos parece necesaria esta introducción para explicar que una empresa de tecnología sueca, “United Robots”, ha publicado recientemente un estudio técnico en el que se describen algunos de los beneficios de la automatización de las tareas en las redacciones mediáticas a través de los bots. Algunos periódicos, efectivamente, están explorando vías de automatización de contenidos en sus redacciones, con el fin de liberar a los periodistas de tareas rutinarias y así lograr que dispongan de un margen más amplio para concentrarse en información diferenciada y de calidad. Los contenidos van desde la autopublicación de noticias basadas en pocos elementos hasta el rastreo de banco de datos. Como los habituales consumidores de información ya deben saber, en el contexto actual, en el que la mayor parte de los medios están apostando por modelos de suscripción, y es necesario centrarse en la calidad y no tanto en el volumen, el uso de bots puede ayudar a encontrar el equilibrio entre esa información diferencial y lo que son noticias rutinarias. Que hay que dar, de acuerdo, y que ahora ocupan tiempo de los redactores, como primeras crónicas de deporte, información de terremotos, siniestros y otras noticias de alcance.

¿Nos encaminamos hacia redacciones robotizadas? ¿Se devalúa la capacidad creativa de los periodistas? Hay que responder negativamente. La empresa sueca vislumbra que esta automatización entrañará mejoras hasta en cinco aspectos o áreas que a continuación reproducimos:

Volumen. Cobertura más amplia, granular y potencialmente hiperlocal. Es uno de los valores fundamentales de la automatización.

Velocidad. Historias escritas en segundos, todas a la vez y en cuanto pasa algo.

Coherencia. Los datos regulares y fiables significan información siempre actualizada.

Precisión. Los robots no cometen errores. Si está en los datos, está en la historia. Si no lo es, no lo es.

Descubrimiento de historias. El robot analiza los datos, detectando eventos o patrones inusuales. Pueden utilizarse para ampliar artículos o como alertas para que la redacción realice un seguimiento.

Según el estudio de “United Robots”, “los editores con los que trabajamos tratan a los robots como reporteros cuyo trabajo es hacer tres cosas: entregar las últimas noticias, cubrir historias hiperlocales y revelar historias basadas en datos en la mesa de noticias”. La conclusión es clara: donde hay datos se puede poner palabras.

Teóricamente, estas innovaciones han de ser útiles para ofrecer información local. La inteligencia artificial, que es de la que estamos hablando, se impondrá en las redacciones para automatizar contenidos, al menos en un primer nivel de acercamiento, el que tiene ver con servicios, porque está claro que podrá publicarse de manera automática cualquier información que provenga con datos. Hay quien habla de “tormenta perfecta de oportunidades locales”.

Pero, a pesar de los propósitos de automatización, la investigación escandinava no desdeña el parecer y la aportación de los periodistas locales que, naturalmente, seguirán siendo un factor diferencial pues se verán fortalecidos con un mayor volumen de contenido de servicios generado automáticamente sobre clima, tráfico, información financiera e inmobiliaria, deportes, registro de empresas y actividad económico-administrativa. Las consecuencias directas son que se dispondría de un paquete informativo muy atractivo para ser explotado también por publicidad y no dejar que lo hagan redes sociales donde están proliferando dadas sus ventajosas ofertas.

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