FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | La voluntad | Francisco Pomares

Un par de horas después de conocer que había quedado fuera del Consejo de Administración de Televisión Española, para cuya presidencia se postulaba desde hacía meses con implacable entusiasmo, Francisco Moreno subió un tuit en el que recordaba una frase atribuida a Albert Einstein: “hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.”

Después, para demostrar que sabe perder, Moreno daba su personal enhorabuena a todos los elegidos para participar en el Consejo de Administración de RTVE –cinco a propuesta del PSOE, tres a propuesta del PP, dos de Unidas Podemos y uno del PNV–, un órgano pactado el día antes entre socialistas y populares, en un primer acuerdo al que si nada se tuerce seguirá el de los representantes parlamentarios del Consejo General del Poder Judicial. Ese acuerdo entre el PP y el PSOE es fruto de la crisis de entendimiento (vamos a llamarla así) que ha venido expandiéndose en las últimas semanas entre los socialistas y la otra izquierda en el Gobierno. Pero la no elección de Moreno, siquiera como miembro del Consejo, y la decepción y sorpresa que esa decisión ha provocado, no tiene nada que ver con eso. Tiene mucho más que ver con el hecho de haberse creado una enorme expectativa en torno a su nombramiento.

Moreno es un buen profesional de televisión, como ha demostrado en sus etapas como director general de la tele o como productor. Y en el mundo de la empresa privada, ha demostrado ser también un magnífico vendedor. Quizás esta vez se perdiera en el esfuerzo, quizás olvidara que por mucho deseo que se le ponga, saltar desde el periodismo de provincias y sus mañas al puesto con más poder en el mundo de la televisión española, requiere algo más que voluntad, por muy poderosa fuerza motriz que esta sea. Al final, frente a su propia voluntad se ha impuesto la voluntad atómica de Pedro Sánchez: según se ha sabido ahora, la opción del PSOE para presidir la corporación estaba decidida desde hacía tiempo.

Moncloa tenía ya su hombre: José Manuel Pérez Tornero, catedrático de Periodismo de la Universidad Autónoma de Barcelona, un moderado próximo al PSOE, defensor de la televisión pública, creador y director del programa educativo La aventura del saber, y promotor de proyectos de alfabetización en América Latina. Pérez Tornero fue uno de los candidatos mejor valorados –obtuvo el tercer puesto– por el grupo de expertos que puntúo a los 95 candidatos para entrar en el Consejo. Su elección se produce como resultado de un sistema de concursete público, que dio luego paso a una decisión parlamentaria. Es un sistema mejor que el del tradicional nombramiento a dedo, porque obliga a una selección independiente previa, atendiendo a criterios de idoneidad y méritos, pero al final, al presidente de la Corporación se le nombra por mayoría política, no por ser el mejor. Y además, no ha sido un proceso todo lo transparente y perfecto que habría sido deseable. Varios candidatos han denunciado el proceso, y tanto Ciudadanos como Vox han sido muy críticos con los resultados. Yo pienso que ha supuesto un cierto avance, y que no vendría mal trasladar el sistema a otros nombramientos.

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