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OPINIÓN | No solo es cerrar paréntesis | Salvador García Llanos

Las ha anunciado el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en sede parlamentaria: habrá ayudas directas –por fin, las tan ansiadas ayudas directas- para empresas, pequeñas y medianas y autónomos de sectores especialmente afectados por la emergencia sanitaria. Importe: once mil millones de euros. Turismo, hostelería, restauración y pequeño comercio podrán acceder a este paquete de ayudas que “llegarán cuanto antes”, según la expresión de Nadia Calviño, vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra de Economía.

Las ayudas tienen que ser un impulso decisivo para la reactivación económica, sobre todo porque las necesidades de estos sectores productivos se van acentuando. A medida que se mueven, con preparativos y demás, es indispensable contar con recursos para que se palpe la recuperación, para que sea un hecho. Aún quedan semanas duras, según reconoció el propio presidente. Contratar personal, reacondicionar locales, invertir para ponerse al día y hacer planes con vistas al futuro son objetivos que requieren de estas ayudas.

Ya planteábamos ayer que ello no dejaba de entrañar una situación paradójica: se fía el crecimiento económicos del país a uno de los sectores (el turismo, por globalizarlo) que menos ayudas está recibiendo. Los empresarios no se conformaban con otras modalidades orientadas a facilitar la recuperación sino que reivindicaban estos estímulos directos. Pues parece que van a disponer de ellos. El profesor de la Pompeu y Fabra, Oriol Amat, declaró que eran absolutamente indispensables para reactivar un sostén productivo importante para la maltrecha economía española.

Hay que remarcar a importancia de los recursos públicos en situaciones como la que se viene padeciendo en la crisis sanitaria. Las ayudas habilitadas se elevan a doscientos mil millones de euros, “el mayor escudo social” aprobado en España, según palabras de Sánchez.

El desglose general es llamativo: cuarenta y ocho mil millones de euros han ido destinados a financiar los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE); a dieciséis mil millones se elevan los créditos del Instituto de Crédito Oficial (ICO) y veinticuatro mil millones han sido transferidos a las comunidades autónomas para sus gastos sanitarios y educativos.

Ahora, con esas ayudas directas para el turismo y derivados hay que confiar en que los horizontes se vean con más claridad, más despejados. Sigue siendo básico superar la emergencia sanitaria pero también es importante disponer de planes y recursos que, en forma de ayudas directas, propicien la reactivación de conjuntos productivos. Se trata de acercarnos a una normalización que, en todo caso, habrá que construir: no será cerrar paréntesis tras un episodio de crisis. La recuperación implica más. Ya están las ayudas directas. A ver qué más hace falta.

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