FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | El pulso | Francisco Pomares

No está nada claro qué va a pasar antes del día 24 (fecha límite), cuando el PSOE tenga que decidirse y presentar un candidato al Senado por la Comunidad Autónoma. La ejecutiva socialista ha de decidir si el candidato será Santiago Pérez, como quieren los socialistas tinerfeños y palmeros, o Blas Acosta, que es lo que defienden los socialistas de la provincia oriental.

Pérez no ha dicho ni una sola vez que su reincorporación al PSOE se produce a cambio de que se le elija senador por la Comunidad Autónoma, pero quizá la conformación de que esa es la contrapartida exigida para volver a su antigua casa es el estropicio que ha provocado en el PSOE canario la oferta a Pérez de la Ejecutiva Insular. Porque la decisión sobre quién debe sustituir a Pedro Ramos no corresponde a ninguno de los dos Pedros –el todopoderoso Ramos, actualmente con problemas de salud– ni a Martín, secretario general del PSOE tinerfeño, que fue quien ofreció el puesto a Pérez, sin acuerdo previo de la ejecutiva regional, aunque sí lo negoció con Ángel Víctor Torres.

A Torres no le cae especialmente bien Pérez, pero se comprometió a colocarlo en el Senado, sin que nadie se explique muy bien por qué eso se ha convertido en un asunto tan importante para Martín y el PSOE tinerfeño.

La cuestión es que sacar a Pérez de La Laguna es lo que han exigido con mayor o menor desparpajo los tres dirigentes con mando en plaza en la isla: los ya citados dos Pedros y Luis Yeray Gutiérrez, alcalde de La Laguna gracias –entre otros– a los dos votos de Pérez en el consistorio. Aunque fue Ramos, senador dimisionario que ha facilitado la faena, y factótum del PSOE lagunero, el hombre que le dio hace un par de años la secretaría general a Torres dividiendo el voto de los socialistas de Tenerife, quien más parece haber pesado en la decisión. Hay quien dice que Torres se comprometió porque se lo pidieron Martín y Ramos al unísono. Pero más parece que eso pudiera haber ocurrido por separado, porque nunca han jugado juntos en las mismas ligas: uno es sanchista viejo y el otro no, uno es muñidor de agrupación y el otro alcalde de pueblo, uno es psicólogo y el otro… también es psicólogo (vaya). Parece que saber de psicología ayuda a mandar en el PSOE tinerfeño…

Mientras los socialistas tinerfeños aprietan, Blas Acosta, a punto de dejar el Cabildo majorero por una moción de censura, ha anunciado su candidatura. Para él, como para Pérez, el asunto tiene la ventaja del aforamiento en el Supremo. Ambos, Pérez y Acosta, buscan cobijarse a la sombra de mayores garantías procesales. En el caso de Acosta, está a punto de ser convocado para juicio oral, y su posición parece bastante más delicada que la de Pérez: el fiscal Tomás Fernández de Paiz pide para él una condena de cuatro años y tres meses de prisión por administración desleal e insolvencia punible en la empresa municipal Gestión Urbanística de Pájara, de la que fue administrador único. Siéndolo, la empresa recibió préstamos del Ayuntamiento de Pájara por 1,7 millones sabiendo, según el fiscal, “que nunca podrían devolverse”. En cuanto a Pérez, el cazador de corruptos se enfrenta a una investigación por obstrucción a la Justicia, fruto de la declaración en sede judicial de su expupilo y amigo Javier Abreu.

Hay ya apuestas sobre cómo acabará el pulso. Porque Torres tendrá que elegir a quién se enfrenta e imponerse en los próximos días. Nunca antes había llegado una votación rota a esta Ejecutiva. Si el voto es secreto, tiene más posibilidades Acosta. Si la votación es abierta, como en la antigua Roma: no se pagarán traiciones.

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