FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Un país entre el dolor y la risa | Francisco Pomares

El boletín del Banco Central europeo adelantaba ayer un análisis económico en el que se asegura que España es el país de la zona euro que menos ha gastado en proporción a su riqueza para hacer frente a la situación económica y social desencadenada por la pandemia. Según los cálculos publicados por el Banco Central, basados en los datos de la Comisión Europea, el gasto de España en esta crisis supone un 1,3 por ciento del PIB, frente a una media del cuatro por ciento en el conjunto de la zona euro, basándose en cálculos de la Comisión Europea (CE). Francia ha gastado el tres por ciento de su PIB, Alemania el 4,5 e Italia cerca del 5,5.

Frente a esos datos, el Gobierno de España viene asegurando que ha destinado a políticas para frenar la crisis lo mismo que Italia, un 5,5 por ciento. Resulta sorprendente una diferencia tan enorme entre los datos oficiales españoles y los de la Comisión Europa. Para rematar la desconfianza, el informe asegura que también ha sido menor el gasto realizado este pasado año para hacer frente a la crisis, que el materializado durante la anterior crisis, la de 2009, que llegó al 2,5 por ciento del PIB, más incluso de lo que supuso el impacto presupuestario de los estímulos fiscales aprobados en 2009 en toda la Unión Europea, que fue del uno y medio por ciento del PIB. Si los números de Europa se acercan más a la verdad que los que proporciona el Gobierno de Sánchez (y es de temer que así sea), nos han estado engañando de una manera infame con el cuento del enorme esfuerzo realizado. Ni un esfuerzo comparable al de los otros países, ni más esfuerzo del realizado en la crisis anterior, ni nada de nada. Pero… ¿cómo saber quién dice la verdad?

La forma más sencilla es analizar qué está pasando en España como resultado de las políticas del Gobierno para hacer frente a la pandemia y a la crisis que ha provocado. Hoy somos el segundo país del mundo (sólo nos supera Portugal) en incidencia de casos, y el primero en número de muertos (contando sólo los declarados) por contagiados y por millón de habitantes. Y en materia de vacunación también vamos detrás de los otros grandes países europeos. No parece, pues, que las cosas se hayan hecho o se estén haciendo demasiado bien. Además la economía española está destrozada: somos –de entre las cincuenta primeras economías del mundo– el país que más PIB per cápita ha perdido: el 10,6 por ciento. La economía española soporta ya cuatro millones de parados, además de un porcentaje difícil de calcular de parados encubiertos por los 740.000 ertes. Tenemos también el récord de destrucción de empleo en relación a la población de la zona euro. Y ante esa situación, España es el país que menos recursos dedica a ayudas directas a las empresas.

Todos estos datos quieren decirnos algo, y es que todo el ruido de la propaganda no puede ocultar la verdad: tenemos un gobierno básicamente incompetente, preocupado casi en exclusiva de las mil y una frivolidades de una política cada vez más inane y ridícula. Ayer, apenas unas horas antes de que el Congreso abucheara a Vox por su discurso sobre la emigración, el presidente Sánchez agradecía a Abascal haber permitido con su abstención la aprobación el plan del Gobierno para gastar a dedo los fondos europeos. Sánchez se refirió a él como “un líder con destellos de sentido de Estado y de responsabilidad”. Este es hoy nuestro país.

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