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OPINIÓN | Aforado Pérez | Francisco Pomares

La operación que va a convertir a Santiago Pérez en flamante aforado ante el Supremo comenzó con un compromiso de premiar con el Senado el retorno de Pérez al PSOE, que provocó críticas en el PSOE y despertó viejas rencillas en Avante, el partido que Pérez montó para presentarse en las últimas elecciones en La Laguna. Pero a pesar del desgaste que le suponga a Pérez entre sus votantes más izquierdistas, a los que este regreso al PSOE no convence, tiene muchas más ventajas que inconvenientes. Y no solo para don Santiago.

El mayor beneficiario es Luis Yerai Gutiérrez, un personaje por el que nadie daba un cuarto de millo, y que logró no solo hacerse con la alcaldía lagunera, sino gobernarla sin complicarse en los conflictos de un pacto tan complejo como el que lo sostiene. El alcalde lleva ya varios meses preocupado por la gestión de Pérez en Urbanismo, y en el mes de septiembre, comenzó a preparar con Pedro Ramos –su principal apoyo en su ascensión a la alcaldía– enviar a Pérez al Senado para sacarlo de Urbanismo. Ramos no tenía demasiado interés en seguir… había sido compensado con el escaño por su fidelidad sanchista y por el apoyo prestado a Torres por la Agrupación Socialista de la Laguna –que él controla– en el momento crítico de la elección para la secretaría regional del PSOE. Pero las negociaciones y ajustes internos realizados en el partido para vender la reentre del concejal no han sido fáciles. Santiago Pérez lo fue todo en el PSOE: uno de sus políticos más destacados, portavoz del partido en Teobaldo Power, secretario general tinerfeño, senador durante tres legislaturas, tras entrar en el Senado gracias a la renuncia de Alberto de Armas en febrero de 1990, y secretario general del grupo socialista en la Cámara Alta.

Su decidida participación en la denuncia del affaire de Las Teresitas, en donde contó con el respaldo del entonces ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, agrietó al PSOE tinerfeño, provocando la expulsión de varios destacados colegas suyos, un asunto que le enfrentó a los alcaldes del PSOE y dejó heridas abiertas. Abandonó el partido en marzo del 2011, tras la disolución de la dirección insular de Tenerife impuesta por la regional canaria, a la que se había enfrentado. Durante diez años fuera del PSOE, fue el más duro crítico de Coalición Canaria –más en la etapa de Clavijo– y también del PSOE, pero mantuvo sus vínculos con el grupo de López Aguilar. Su retorno produce urticaria entre los alcaldes, aunque ya ha sido bendecida –probablemente por estar decidida– por Pedro Martín.

Pero a quien más conviene este regreso es al propio Pérez, investigado judicialmente a petición de la Fiscalía Anticorrupción por “obstrucción a la justicia”, tras una denuncia en sede judicial de su antiguo pupilo, Javier Abreu. Pérez, activo denunciante de los casos Gruas y Reparos (donde las dan las toman), también tiene que responder en los juzgados por su implicación en la prórroga del servicio de limpieza a Urbaser, y por la conversión en personal laboral de la pareja del alcalde y otros empleados municipales.

Pérez fue muy crítico cuando Clavijo se convirtió en senador: le acusó de buscar el aforamiento ante el Supremo para escapar de la acción de la Justicia. Ahora ha hecho exactamente lo mismo…

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