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OPINIÓN | La hucha vacía del ministro Escrivá | Francisco Pomares

El ministro Escrivá reconoció ayer que el Gobierno no tiene un plan específico para hacer frente al derrumbe del Fondo de Reserva de la Seguridad Social dado que la idea del Gobierno es mantener esa hucha “en los niveles actuales”. Dicho así, parece que todo va bien, pero no es cierto: a finales de 2019, el Fondo de Reserva de las pensiones disponía de 2.150 millones de euros. Parecería muchísimo dinero, si no fuera porque el gasto mensual en pensiones en España se acerca a los diez mil millones. En 2019 alcanzó su máximo histórico: 134.629 millones de euros, 9.930 millones de euros en octubre de 2020, un 45,5 por ciento más que en octubre de 2010.

La situación se agrava por el hecho de que entre 2012 y el pasado 2019, los Gobiernos de España han tirado de la hucha para resolver sus problemas, entre ellos el constante desequilibrio entre lo que se paga por pensiones y lo que se cobra a los trabajadores para poder pagarlas. En esos ocho años, se han sacado de la hucha 80.000 millones, el equivalente anual a una de las mensualidades completas que se paga a los pensionistas. Así, de tener en la hucha en 2011 el equivalente a un 6,3 por ciento del PIB, hemos pasado a tener ahora un 0,73. Supongo que visto así, los 2.150 millones de la hucha de Escrivá ya no parecen tantos.

Pero no se habla de eso, ni tampoco de que en 2018, las pensiones representaban más de cuatro euros de cada diez gastados por el Estado. Es una cantidad que continuará creciendo en los próximos años, cuando la generación de los nacidos entre 1958 y 1977 comience a retirarse en 2022, con más de 15 millones de jubilados (espero estar entre ellos) que además, y si el Covid no lo impide, van a vivir más y cobrar pensión durante más tiempo.

Tanto la Autoridad Fiscal Independiente como el INE calculan que en 2050, la relación entre mayores de 66 años y personas en edad de trabajar será del 53 por ciento. Con ese porcentaje será imposible sostener el sistema actual, basado en que los que trabajan sostienen a los que han trabajado. Las pensiones tendrán que salir directamente de los impuestos. Pero aquí es muy difícil que logremos ponernos de acuerdo para salvar el sistema.

Sólo será posible haciendo que las pensiones dependan directamente del presupuesto general, y reduciendo los porcentajes de actualización de las más altas. Antes de que alguien pida el linchamiento de este próximo jubilado, conviene saber que el problema de las pensiones españolas no es que sean bajas en relación a los salarios del país: la pensión media (régimen general, autónomos, agrario, minería, trabajadores del mar, empleadas del hogar, enfermedad, accidente de trabajo y SOVI) se había revalorizado en octubre de 2020 un 30 por ciento respecto a octubre de 2010, hasta los 1.016,03 euros, y la media en el régimen general también en octubre de 2020 era de 1.116,65 euros. Es paradójico y absurdo, pero muchos pensionistas cobran más que los trabajadores que los mantienen. El problema de nuestras pensiones es su brutal desigualdad: la máxima en 2020 era de 37.566 euros anuales, 2.683 euros al mes, en 14 pagas. Y la mínima no contributiva 5.538,40 euros anuales, menos de 400 euros al mes. Y eso si se cobra íntegra.

Algo habrá que hacer…

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