FIRMAS Marisol Ayala

OPINIÓN | Quique y su jaula de grillos | Marisol Ayala

Lo había perdido de vista. Hace unos años nos encontramos en una red y no le hice caso. Insistía en hablar pero su atropello verbal, su discurso y su exigencia no me gustaron.

Un día, no sé a cuenta de qué, hablamos y entonces supe que era un enfermo mental. Me arrepentí de no haberle hecho caso y decidí recuperar el tiempo perdido porque para él era y es muy importante verbalizar lo que le pasa por la cabeza, su lucha contra el diagnóstico.

A Quique, así le vamos a llamar, su familia es lo más grande, sabe bien lo complicada que ha sido y es su vida entrando y saliendo en Salud Mental siempre con la familia de guardia. Tiene 41 años y sabe que la medicación es la mejor aliada de su diagnóstico. La única capaz de colocar la “jaula de grillos” que dice tener en la cabeza. La farmacopea es mágica.

De pronto desapareció de la red dónde nos encontrábamos y no volví a verle aunque tengo idea de que me habló de una novia. Creo recordar que con ella me acompañó a la Feria del Libro de LPGC. Un detalle.

Cuando le perdí la pista yo tenía una colaboración en la Ser, Crónica en Blanco y Negro, dónde contaba historias de personas que han subido montañas descalzas. Él quería contar su vida en la radio porque en ese momento se encontraba bien pero no quise hacerlo sin hablar con sus padres, pero no me dio tiempo, desapareció sin decir adiós.

Hace dos semanas ha vuelto a comunicarse. Es cariñoso y educado, el mismo de siempre. No sabe cómo disculparse, “olvídate hombre”. Prometo hacerle hueco en la radio para escucharle “eso es importante para mí, para que la gente me entienda”. Tiene sentido del humor y me chantajea con gracia. “Tú mucho rollo pero nunca has entrevistado a un loco”, escribe.

No creas, no creas.

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