FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Pobreza infantil | Salvador García Llanos

España no mejora sus registros relativos a la pobreza infantil. Este mal endémico afecta a uno de cada tres niños en nuestro país. Es una cuestión de derechos, no solo de acción, como se puso de relieve en un seminario on line convocado recientemente de forma conjunta por la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) y el Fondo de la Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), una agencia de la Organización de Naciones Unidas, con sede en New York, la cual provee ayuda humanitaria a niños y madres de países en desarrollo. Por todo esto, Unicef afronta una misión muy clara: conseguir que los más de siete mil millones de habitantes del planeta conozcan y defiendan los derechos de la infancia en todo momento y en todo lugar.

La pobreza infantil “ha multiplicado por infinito” sus problemas asociados, según expresión del presidente de la FEMP, Abel Caballero, quien explica que el concepto tradicional se ha visto claramente desbordado: “Hablamos de menores sin acceso a un ordenador o a internet para estudiar. También hablamos de padres frente a la imposibilidad de alimentar a sus hijos por el cierre de comedores”, ha dicho Caballero.

Entre los datos más recientes, aparecen los de Oxfam. La pandemia provoca que unos ochocientos mil españoles se encuentren en situación de pobreza extrema. Gracias a los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE), según las estimaciones de la ONG, se ha evitado que en torno a las setecientas mil personas hayan sucumbido a la pobreza durante el pasado año, nefasto también en esta materia. En algunas comunidades, como Andalucía, la situación se agrava hasta la crisis generada en los comedores escolares. “Mi hijo está sin comer hasta las cuatro de la tarde”, era el revelador testimonio de una madre. Unos doce mil niños carecen del servicio desde el inicio del curso, según ha trascendido. Episodios como el de los cortes o carencias de fluido de suministro eléctrico al barrio de la Cañada Real, agravados durante la última gran nevada, también han acentuado las penurias de la población infantil. Otra organización, Save the children, presidida por Elvira Sanz Urgoiti, ha consignado en sus informes que la tasa de riesgo de pobreza y exclusión afecta a un 28,3 % de los niños y niñas en España, es decir, a 2,2 millones. Si no se toman medidas urgentes estaremos condenando a las futuras generaciones. Según sus propias proyecciones, estima que la tasa de pobreza en el año 2030 será del 26,5 %, un porcentaje que continúa siendo inaceptable. Más de una cuarta parte de los niños y las niñas en España seguirán creciendo en pobreza en la próxima década. Se continuará así pagando a futuro las consecuencias de la miopía actual. Sin embargo, considera que, con las políticas de infancia adecuadas, el porcentaje de pobreza infantil en 2030 debería reducirse hasta el 17 %, es decir, descender un punto porcentual por año.

Para hacernos una idea de la dimensión del problema, tengamos presente que España solo tiene tres países por detrás en la clasificación del espacio común europeo. ¿Dónde tratar en primera instancia los problemas derivados de la pobreza”. En los ayuntamientos, desde luego. Al menos, así lo considera el presidente de Unicef, Gustavo Suárez Pertierra: “Son los garantes de los derechos de los niños”, ha manifestado después de reconocer que la sociedad española “no se puede permitir las cifras de pobreza infantil que se van acumulando”.

Y es que, además de satisfacer necesidades básicas, hay que brindar a los niños oportunidades de futuro que aseguren la ruptura de la transmisión intergeneracional de la pobreza.

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario