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ENTREVISTA | Sol Martínez Siverio: «Hay familias a las que hemos obligado a venir porque les daba vergüenza pedir alimentos»

Sol Martínez Siverio.

La directora del Centro Padre Laraña en Ofra afirma que «a los caraduras, también los ayudamos, pero todos con sus preceptivos informes sociales que lo justifiquen»

EBFNoticias | Tachi Izquierdo |

Sol Martínez Siverio es la directora del Comedor Social Padre Laraña, ubicado en el barrio de Ofra hace ya casi 40 años. Han sido cuatro décadas de solidaridad y auxilio a las familias con más necesidades que, generación tras generación, han encontrado en esta institución no solo la alimentación de la que carecían, sino el cariño y la ayuda necesarios en la enseñanza con las que reconducir unas vidas más complejas que las del resto.

Sol Martínez es, ante todo, profesora, “y de las que más tiempo llevan aquí dando clase a los niños”, pero matiza, con una sonrisa cómplice, que “también hago de todo, porque aquí, todos los profesionales del centro hacemos de todo. También soy la directora”, remarca con la misma sonrisa cómplice.

El Comedor Social Padre Laraña arrancó su andadura en el año 1982, con la mirada puesta en su entorno más cercano, recopilando una experiencia que les ha valido para atender a cada familia en sus necesidades particulares.

Sol Martínes está en estos días realizando las justificaciones y el cierre de final de año, y sin descomponer ni un ápice su buena disposición y buen hacer, responde ante lo que surge como primera pregunta: ¿Cómo se puede cerrar un ejercicio tan extraño y complicado como ha sido este 2020? “Uy comenzamos el año trabajando estupendamente, con un montón de ideas y cosas programadas, hasta que tuvimos que quedarnos en casa. Tardamos una semana confinados, porque trabajamos con familias con pocos recursos y muchos niños, y pensábamos en ellos constantemente. Muchas madres estaban angustiadas y nos llamaban con ataques de ansiedad, porque estaban en sus domicilios sin trabajo, sin comida y sin nada”.

La directora del centro es de un lenguaje directo que suena afable y confiable, que esgrime con naturalidad y con la solvencia que da la experiencia. Por ello, sus palabras no hieren, sino aleccionan, dando a cada situación la dosis necesaria de solvencia y sorpresa. Será sin duda, esta apreciación, la dosis justa para estar al frente de una institución como Padre Laraña sin caer en el victimismo o la pena, pues de sus palabras rezuman la hospitalidad y la empatía.

¿Cuántos niños acuden a diario al comedor?

Son 80 niños a diario.

¿Esa es la cifra fija o ha cambiado?

Ha rondado siempre ese número o más. Hemos llegado a tener 120, pero al cambiar nuestra asistencia como centro de día, nos habilitaron las 80 plazas actuales por el espacio que tenemos.

¿Pero imagino que hay más de 80 familias con necesidades, más ahora con esta crisis que tenemos?

Tenemos incluso una lista de espera, pero no nos caben más personas.

¿Para hacernos una idea, esa lista de espera cuántas personas la conforman?

Unas 15 familias, cuya esperanza de entrar nuestra entidad desde la lista de espera está ligada a que otra familia mejore su situación familiar, económica o cambie de domicilio. Esas entradas son conforme a los informes de una trabajadora social.

«La esperanza de entrar a nuestra entidad desde la lista de espera, está ligada a que otra familia mejore su situación económica o cambie de domicilio»

Todo es cuestión de necesidad.

Claro. Para acceder al centro tienen que ser familias con necesidades, porque todos nuestro servicios son gratuitos.

¿Y qué ofrece el centro de Padre Laraña?

Servicio de comedor, que es el primero, y que está atendido por una ex alumna, que es estupenda y cada día cocina para nuestros niños, con productos que nos donan, que en esta época de pandemia nos han ofrecido supermercados y empresas. En este servicio, nosotros le enseñamos a los niños a comer, a estar en una mesa y hasta que coman de todo. Tenemos a niños y niñas de 3 a 16 años. Con la Covid se ha complicado todo, y tenemos que hacer dos turnos, para lo que hemos tenido que pedir ayudas, pues hacían falta pantallas y materia de higiene, tanto personal como de las instalaciones.

¿Han trabajado el doble con la pandemia?

Más que el doble, porque ha sido un trabajo diferente en el que nos hemos tenido que ir adaptando a las necesidades. Fueron llegando familias que no eran nuestras, que hemos tenido que ayudar. Con la Covid, nuestra labor se ha multiplicado y hemos tenido que cambiar. Nos venía gente apurada que no podía tener citas presenciales y las tuvimos que ayudar.

¿Y cómo se incrementó esa labor?

Tenemos 45 familias que son de las nuestras, y hay como 16 más, que denominamos extras, que acuden a nosotros porque tienen necesidad de apoyo, aunque los niños no estén con nuestro centro.

¿Y cómo asumen ese incremento?

Cada día los atendemos por turnos, en los que vienen una media de 15 familias diarias que no son habituales. Les preparamos unos packs estupendos, con una alimentación equilibrada y con todo lo necesario. Con el Covid, todas las comidas han mejorado gracias a las ayudas que recibimos, porque se ha incrementado la solidaridad, ya que incluso las empresas que ahora no tienen actividad nos donan productos que no pueden vender o transformar. 

Sol Martínez Siverio

«No veo este periodo de pandemia en negativo, pues me siento bien al ver que la gente es buena y solidaria»

¿Si hay alga cosa positiva de este año, imagino que una de ellas sería la solidaridad?

Si. Por eso estamos tan contentos, pues este año a pesar de que la gente lo ha pasado tan mal y han tenido que estar encerrados, su ayuda y la de las empresas ha sido ejemplar. Aquí hemos flipado en colores.

¿Y los niños cómo se han comportado durante este tiempo, incluso teniendo que cumplir un confinamiento?

Ellos y ellas han sido unos verdaderos campeones. Han entendido perfectamente la situación y también han hecho sus tareas. Con la pandemia hemos elaborado una fichas para seguir con nuestra ayuda en los estudios, porque estas familias no tienen recursos ni ordenadores o tablet. Junto a la comida, enviábamos a las familias las fotocopias con los ejercicios de clase, con un pack muy completo, que nos supuso mucho trabajo, pero también una gran satisfacción.

¿Cómo ha afectado esta situación a los chicos y chicas?

Mal. Muy mal. Ellos estaban con nosotros todos los días y le impartíamos refuerzo en sus estudios o les ayudamos en sus tareas. La mayor parte de los padres no colaboran, no saben ayudar o pasan de los hijos, y fueron para atrás en su rendimiento. Muchos han tenido que empezar desde cero, sobre todo los pequeños que estaban con la lectura, y los de Secundaria, mejor no hablamos.

Pues este es un asunto del que no se habla. No se profundiza en las consecuencias de la pandemia en este aspecto. ¿Ha habido un auténtico descalabro?

Hay niños que tienen unos padres que se preocupan por ellos y que les ayudan en sus tareas o cuentan con tablet o con un ordenador, pero los nuestros no tienen facilidades en casa. Lo primero es el nivel cultural de nuestros padres o la paciencia, lo que implica una doble problemática social y educativa.

«Con la Covid, nuestra labor se ha multiplicado y hemos tenido que cambiar. Nos venía gente apurada que no podía tener citas presenciales y las tuvimos que ayudar»

¿Y del el profesorado de Padre Laraña, qué podemos decir de ellos?

Se han portado muy bien. Ellos han ayudado como podían. Preparaban desde casa las tareas para enviarlas por correo. Nos metíamos en las plataformas de los colegios para mandarle las tareas a los niños y se las corregíamos por whatsap. Nos adaptamos.

¿Y las notas, cómo salieron al final?

Cuando empezamos y pudimos abrir, para lo que pusimos mamparas y todos los medios necesarios, les dimos bastante caña y acabaron bastante mejor. La mayoría salieron bien. Los chiquititos empezaron de cero.

¿Y las administraciones cómo se han portado con ustedes, cómo han estado?

Maravillosas. El problema era contactar con ellas porque estaban con el teletrabajo. Ha sido complicado cerrar las subvenciones, pero también nos han ayudado. El Ayuntamiento y la Dirección General del Menor nos han ayudado un montón. 

¿Cree que lo que hemos vivido lo aplicaremos como una enseñanza para ir a mejor?

Todos hemos aprendido. Hay que adaptarse para afrontar un día a día. Nosotros fuimos buscando cada cosa que nos iba haciendo falta. 

¿Cuál ha sido la peor lección de estos meses?

No veo este periodo de pandemia en negativo, pues me siento bien al ver que la gente es buena y solidaria. Nuestras familias están muy agradecidas, y nos han enviado regalos, nos llamaban o nos mandaban vídeos de los niños. Lo peor, ven el retroceso en los estudios y las angustias de las familias por la falta de medios, pero, han ido saliendo. Los niños nos han dado muchas lecciones. Hemos trabajado mucho, duplicando esfuerzos, porque hemos realizado la ruta de recogida de alimentos por los supermercados o el banco de alimentos, todas con las contracturas, pero felices de contribuir a esta situación.

«Cada día vienen una media de 15 familias que no son habituales. Les preparamos unos packs estupendos, con una alimentación equilibrada y con todo lo necesario»

Tras la experiencia vivida durante todos estos meses, ¿tras la Navidad, qué regreso esperan?

Esperemos que la vuelta no sea un nuevo confinamiento, tal y como van las cosas, ya que la gente está muy lanzada con las compras y demás. Esperemos no ir a peor, porque hemos estado varias veces preocupados. Afortunadamente, no se ha registrado en nuestra organización ni un solo caso.

¿Cómo es la convivencia de los chicos y chicas con la enseñanza reglada?

Todos tienen que ir a sus clases, porque nosotros estamos muy pendientes. Si no van, nosotros les tiramos de las orejas… En Secundaria están con otra actitud, pero los de Primaria están geniales. Están muy controlados y hacen caso en todo lo que se les dice sobre las medidas de precaución ante la Covid. Los mayores son un poco más rebeldes.

«Enviábamos a las familias las fotocopias con los ejercicios de clase, con un pack muy completo, que nos supuso mucho trabajo, pero también una gran satisfacción»

Me gustaría que nos recordara algunos datos históricos del Centro Padre Laraña.

Comenzó en un local pequeñito que tenía el padre Laraña en su parroquia. Al principio solo tenía una pequeña cocina en la que le ayudaban algunas familias. Gracias a las ayudas de Viviendas Municipales, hoy en día contamos con cinco locales. Dos de ellos dedicados a comedor y cocina y otros a las aulas. Una para Secundaria y otros para Primaria. Hemos ido mejorando con el tiempo y el otro día pasó por aquí un antiguo alumno, quien nos dijo que ahora vivimos de lujo, pues pudo comprobar que damos merienda y que contamos con ordenadores para las clases diarias y otras muchas cosas que no habían en su época.

¿Y las actividades en el exterior, se mantienen?

Al año hacemos dos actividades de convivencia, en las que participan los alumnos, los padres, las madres y el profesorado. Luego tenemos actividades de refuerzo, que consisten en visitas a museos, teatro, música e instituciones, pero este año se nos ha fastidiado. También contamos con el deporte, que es fundamental, y esperamos recuperarlo pronto.

¿Tanto esfuerzo por parte del alumnado, tiene algún tipo de recompensa?

En parte estas salidas son un premio, pero también tenemos otros que calificamos como especiales, que consisten en una jornada de merienda y cine, para los que mejor se han portado y han sacado mejores notas cada trimestre. Este año, lamentablemente, no hemos podido hacer nada. Otras salidas son las de la feria del Carnaval, cuando nos invitan.

¿Cree que fuera de la organización, la gente es consciente de su existencia?

Mucha gente, incluso en nuestro barrio, no conoce esta problemática. La gente vive su día a día y, cuando ven a alguien pidiendo, piensan que es un pesado por estar ahí. Hay muchas familias que pasan hambre y no son capaces de pedir porque les da vergüenza. Esta situación la está pasando mucha gente, y muchos de ellos son empresarios y gente que tenía sus negocios.

¿Cuándo se ayuda, hay que mirar a quién se ayuda?

Sí. Nosotros miramos a quién ayudamos. Estamos aquí para ayudar y, por nuestra experiencia, sabemos que hay muchas familias aprovechadas, por ello, siempre les canalizamos hacia un trámite que es necesario. Con las familias  que son extras, hemos comprobado su necesidad y hay familias que las hemos obligado a venir porque les daba vergüenza pedir alimentos. Hay muchas situaciones diferentes.

¿Hay mucha picardía?

Si, sí que hay.

Pero ya ustedes están muy atentos, ¿no?

Nosotros, más o menos, detectamos las necesidades. Hay gente que por la forma de solicitar apoyo, se sabe a la primera que lo necesitan. A los caraduras, también los ayudamos, pero todos con sus preceptivos informes sociales que lo justifiquen. Eso significa una entrevista personal y conocer los datos.

«Este año, a pesar de que la gente lo ha pasado tan mal y han tenido que estar encerrados, su ayuda y la de las empresas ha sido ejemplar. Aquí hemos flipado en colores»

¿Imagino que las sensaciones que se experimentan cuando se ayuda son diferentes?

Sí. Ayudar es lo que nos da vida. Es inmenso. Y más todavía cuando viene una madre que lo está pasando mal y te quiere premiar con una caja de bombones, cuando está muy necesitada o te trae un postre hecho por ella. Ellos también hacen por nosotros.

Comedor con todas las medidas anti-Covid

¿Y los chicos que pasan año tras año, imagino que también hay formas con las que devuelven su entrega con ellos?

Sí. Nos vienen a visitar, y cuando tienen niños nos los traen o nos cuentan cómo les va a sus hijos en los estudios, pues somos su familia. Ahora tenemos familias que han tenido que volver al centro después de haber logrado la estabilidad, y, como les daba vergüenza, les hemos obligado a volver a la que es su casa. Con la pandemia se les ha complicado todo, y es una pena, pero tienen que venir con nosotros, somo su familia que somos.

¿Podríamos decir, entonces, que uno nunca se va del centro Padre Laraña?

De presencia en el centro sí, pero del contacto, es muy difícil no mantenerlo. Los chicos también nos necesitan cuando son mayores, porque nos echan de menos y nos preocupan en su vida cuando se van. Los hemos visto crecer y queremos saber cómo evolucionan. Aquí teníamos un trastito, que no avanzaba de pequeño y ahora regresó colaborando como voluntario durante la cuarentena y con sus estudios acabados. Ese es el espíritu del Centro Padre Laraña, que todos nos necesitamos.

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