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OPINIÓN | Un epígrafe en Hacienda para los periodistas | Salvador García Llanos

Que sepamos, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no ha cumplido con el encargo que le trasladó en el curso de la Gala Nacional del Deporte del pasado año el presidente de la Asociación Española de Prensa Deportiva, Julián Redondo, cuando expuso que la carencia de un epígrafe específico en el Impuesto sobre Actividades Económicas (IAE) para periodistas y profesionales de la información y la comunicación, estaba perjudicando el desarrollo normal de la profesión.

Este vacío pone en evidencia que la categoría económica no existe pese a que el periodismo es ejercido por decenas de miles de personas, casi un tercio de ellas como autónomos. En aquella Gala, el presidente Sánchez reconoció la carencia, tal fue así que reveló haber hablado durante el acto con la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, y estaba en condiciones de anunciar que para el presente ejercicio, 2020, el periodismo estaría reconocido en el IAE.

No debe haber ocurrido cuando en la asamblea general de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) del pasado mes de noviembre fue aprobada una resolución de la Asociación de la Prensa de Málaga (APML) en el sentido de solicitar a la Administración central la creación de un epígrafe específico que facilite el desarrollo de la profesión periodística específico por parte de autónomos y freelances. 

El presidente de la FAPE, Nemesio Rodríguez, ya se ha dirigido a la ministra Montero formalizando la creación del epígrafe que servirá para evitar que a unos se les incluya en el grupo genérico de “Pintores, escultores, ceramistas, artesanos, grabadores y artistas similares” y a otros como actividad empresarial en el grupo de “Servicios de publicidad, relaciones públicas y similares”. En su misiva, Rodríguez destaca que la carencia de este epígrafe específico perjudica a la profesión periodística a la hora de acceder a ayudas, concursos o licitaciones públicas.

Los periodistas, en cualquier caso, confían en que su demanda se vea atendida. Algunos, como Ignacio Escolar, emprenden una nueva trayectoria, consciente de las dificultades. Es de los que quiere predicar consecuentemente con el cambio de modelo de negocio. Pero añade que el acceso a su blog seguirá siendo gratuito para los menos pudientes.

El espíritu de innovación y la voluntad de hacer frente con valentía a los tiempos y derivados de la COVID-19 hacen de su interpretación del periodismo un hecho que llama la atención. He aquí lo que escribe:

El periodismo no es gratuito. Nunca lo ha sido. Y quienes lo dan gratis normalmente es porque no regalan periodismo, sino propaganda.

Siempre hay alguien que paga por los periódicos. Y si tú no eres el que paga, ten por seguro que tampoco eres el cliente: eres la mercancía.

Los ingresos por publicidad en los medios van a seguir cayendo y en el futuro dudo que ningún periódico digno de tal nombre pueda mantenerse abierto sin que sus lectores paguen. Ya no basta con los anuncios para afrontar los costes de una redacción de calidad, que es cara. Por eso todos los grandes periódicos, en todo el mundo, están empezando a cobrar.

Que los medios dependan de sus lectores es una buena noticia para el periodismo. Los periódicos serán mejores así. Pero en elDiario.es nos preocupa el futuro que estamos construyendo con esa transformación de la prensa. ¿Qué ocurrirá con nuestra sociedad si la buena información es solo para unos pocos, los que puedan pagar? ¿Qué pasará con las personas más vulnerables, en un mundo donde reinan las noticias falsas y la desinformación? ¿Qué efectos tendrá para nuestra democracia un país dividido entre quienes pueden pagar por la información y el resto, que quedará a merced de la propaganda y la manipulación?

Somos un servicio público. Y creo que los servicios públicos deben financiarse así: entre toda su comunidad de forma justa, no con donativos. Para que todos los disfruten, también quienes no pueden pagar”.

Palabra de Escolar. Igual estamos a las puertas de aquella “nueva normalidad” tan predicada cuando se creía que la primera oleada estaba superada.

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