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OPINIÓN | En Venezuela, la vida sigue igual | Salvador García Llanos

Venezuela sigue navegando a la deriva. Un país sin rumbo. Un pueblo que lucha contra adversidades cada vez más robustas y que ahora espera por los planes que en política exterior atesore Joe Biden, presidente electo de los Estados Unidos.

Los pasados comicios reflejan que los males no se alejan. El régimen chavomadurista tiene motivos para vivir con preocupación los acontecimientos. Boicot a la convocatoria de organizaciones políticas y sociales, bajísima participación (hasta hablarse de fraude), la comunidad internacional no reconoce los resultados, crece la realidad del aislamiento, la economía es ya ininteligible, su dependencia de determinadas potencias extranjeras es creciente, la diáspora en busca de la tierra de promisión aumenta… La ciudadanía ha perdido toda esperanza, le es indiferente lo que decida el Gobierno, tal es así que una semana después la oposición convoca una consulta popular, materializada a través de Internet y de una aplicación específica de mensajería (con todas las reservas que se quiera), para rechazar el comportamiento del régimen y el fraude en las urnas, registrando una asistencia de 6,4 millones de votantes. Un ‘sí’ a la esperanza, concluyeron los promotores.

Pobre Venezuela, lo que han hecho de ella.

En las vísperas de las elecciones legislativas, circularon imágenes de dirigentes gubernamentales con expresiones poco menos que amenazantes: “Si no votan, no hay comida”, poco menos. Eso nos da idea del desespero de unos y del miedo que se pretende infundir: cuando se juega con eso, con la supervivencia humana, está clara la deriva. Solo sirve para acentuar la fractura social y, si se quiere, el autoritarismo elevado a la máxima potencia.

Y en medio de todo el proceso, el papel del ex presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, quien pasó de ser observador internacional (papel que reconocía tu talla de gobernante) a estar alineado con el régimen. Pidió que la Unión Europea mirase de otra manera la realidad venezolana y hasta que reconociera los resultados pero ello solo contribuyó a ganarse el desafecto de una gran parte de la población. El ejecutivo español se desmarcó; todo lo más, admitió que la postura pública del ex presidente era a título individual.

Otro presidente, el encargado de Venezuela, aún reconocido por una parte de la comunidad internacional, Juan Guaidó, sigue, entretanto, con una cruzada de incierto final. Es imposible, políticamente, alargar esa situación de quien se autoproclamó presidente. Ahora pretende volver a las movilizaciones que sean reflejo del sentir popular. Ahora convoca para el próximo 6 de enero, cuando pasen las celebraciones navideñas, si es que hay espacio y recursos para hacerlas. Si queda un hilo de esperanza.

Pero que no se engañe: el régimen no se cruzará de brazos y contratacará, quien sabe si con otra concentración, el mismo día y a la misma hora.

Entonces, en Venezuela se podrá cantar ‘La vida sigue igual’.

Y a esperar por Biden.

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