FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | La batalla de los antígenos | Francisco Pomares

El presidente de Canarias, Ángel Víctor Torres, espera que en unos días se superen las diferencias científicas entre Canarias y Madrid sobre la fiabilidad de los test de antígenos y pueda armonizarse la posición de ambos Gobiernos. El ministerio sigue considerando que los PCR son más fiables, y Canarias considera que no es así, que se puede hacer un buen trabajo de control de la pandemia con los antígenos. Algunos creen que son incluso mejores para su uso en el control epidemiológico, pero ese es otro cantar.

Lo que ha dicho Torres es que el Gobierno de Canarias sigue intentando alcanzar un acuerdo con el de España, pero que si ese acuerdo no es posible, en los próximos días –incluso en las próximas horas– se firmará el decreto correspondiente por parte del Gobierno de Canarias.

Para la mayoría de los legos en la materia, este debate entre políticos y científicos sobre los test es bastante incomprensible. En realidad, la mayoría de los epidemiólogos son partidarios del uso de los test de antígenos en los cribados y en la detección inmediata, porque en esta enfermedad –como en la mayoría de enfermedades infecciosas– la clave es ganar tiempo en la detección, y los test de antígenos son muchísimo más sencillos y rápidos.

Los test identifican una proteína que señala quién está contagiado con extraordinaria sencillez y eficacia: la operación para tomar la muestra consiste en frotar con un hisopo (un bastoncillo de algodón) el interior de la nariz del paciente y en menos de media hora se tiene ya el diagnóstico, sin tener que mandar la muestra a un laboratorio, como se hace con los PCR, lo que retrasa el resultado al menos un día. La fiabilidad de los antígenos es alta. Hay estudios que afirman que tanto o más que los PCR, pero otros advierten que podrían darse casos de falsos negativos en pacientes asintomáticos.

Sin embargo, se trata solo de una hipótesis: no existen pruebas concluyentes sobre una menor fiabilidad de estos test y por eso se utilizan ya masivamente en Europa y Estados Unidos, donde comienzan a desbancar a los lentos PCR. De hecho, en España suponen ya más del 30 por ciento de las pruebas que se realizan, no solo en los cribados, también en el diagnóstico clínico en centros de salud. Básicamente, se tiende a considerar más importante el día o dos que se gana en relación con lo que tarda en realizarse un PCR, que su posible menor fiabilidad. Porque en ese día o dos en el que el paciente no sabe aún si está infectado o no, pueden producirse miles de contagios.

Ese santo varón (camino de la canonización) que es AVT insiste en explicar como fruto de las diferencias científicas el debate sobre los antígenos, pero lo cierto es que se trata de un debate de base ideológica: en este país donde se politiza desde el uso de la bandera al modelo de móvil que usas, la izquierda parece preferir los PCR y la derecha los antígenos.
El origen de esta absurda preferencia es que cuando empezaron a conocerse los buenos y rápidos resultados de los antígenos, la comunidad de Madrid defendió la generalización de su uso, y entonces el Gobierno de España lo prohibió. Quizá fue solo un exceso de prudencia, pero es de ahí de donde viene el conflicto. Admitir ahora que los antígenos son mejores evitando la expansión del contagio, supone el reconocimiento de haberse equivocado por llevarle la contraria al PP en Madrid.

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