FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Verdades y no tanto | Francisco Pomares

La Comisión Europea dio a conocer a mediados de la pasada semana su escenario de otoño, con un pronóstico que ha sentado como un jarro de agua fría al Ministerio de Hacienda de España

La Comisión Europea dio a conocer a mediados de la pasada semana su escenario de otoño, con un pronóstico que ha sentado como un jarro de agua fría al Ministerio de Hacienda de España. El Gobierno de Europa estima que el año que está a punto de comenzar, nuestro país se moverá en torno a un crecimiento del cinco por ciento, poco menos de la mitad de lo que ha anunciado con mucho más atrevimiento que optimismo el Gobierno Sanchez.

La cuestión no es si el Gobierno de Sánchez se cree sus mentiras sobre el crecimiento del PIB. Puede que haya gente en el Gobierno que se autoengañe. Pero Madrid no debería obviar los cálculos de Bruselas y pasar de ellos. Bruselas no suele equivocarse demasiado en sus previsiones. Y además, las que ha hecho para su escenario de otoño, coinciden con las del Banco Central. Es posible que los datos que haya utilizado el Gobierno de la nación para presentar nuestro presupuesto de 2021, sean lisa y llanamente fake news, falsas noticias, pronósticos que responden más al deseo de cuadrar los presupuestos que a previsiones o cálculos científicos.

En un ensayo titulado Descubriendo el pastel español, el periodista George Orwel escribió que es probable que la guerra civil española produjera «una cosecha de mentiras más abundantes que cualquier otro suceso desde la Gran guerra de 1914-1918». Orwell manifestó sus dudas de que «todas las hecatombes de monjas violadas y sacrificadas ante los ojos de los reporteros» publicadas por los periódicos profascistas británicos produjeran tanto daño como el provocado por los periódicos de izquierda.

En realidad, los fake news realmente peligrosos no son las astracanadas sobre terraplanismo, reptilianos o conspiraciones de los Sabios de Sión controlados por George Soros. Lo peligroso no es que Trump nos diga que se puede combatir la pandemia bebiendo lejía o irradiándose con rayos ultravioleta. Si algún chiflando se cree una idiotez así, casi se merece lo que le pueda ocurrir. Lo verdaderamente peligroso es que un Gobierno asistido por comités científicos sostenga durante meses que las mascarillas no sirven para nada, son inútiles frente al Covid, y luego nos obliguen a llevarlas a todas horas y en cualquier situación, sin darnos una explicación de porqué antes era que no, y ahora es que si.

La misma persona que ahora ha descubierto lo importante que es que el Gobierno controle la verdad verdadera -Pablo Iglesias- decía antes de formar parte del Gobierno que ninguna administración está legitimada para decidirle a un periodista qué es verdad o que no lo es, que no debía permitirse ninguna intervención del ejecutivo en la libertad de información. Hoy piensa de forma muy distinta, y planifica desde el CNI mecanismos para evitar que la verdad oficial (y sus interpretaciones) puedan ser ‘manipuladas’ por los medios.

Pero ocurre que la verdad es por definición poliédrica, tiene distintas caras, múltiples interpretaciones, y además, los pronósticos pueden cambiar en función de muy distintos factores. Por eso, son los tribunales de Justicia los únicos legitimados para intervenir y penalizar a quienes propáguenle falsedades que puedan ocasionar un perjuicio a los ciudadanos. No un Gobierno, al que -sea del color que sea- la única información que le interesa proteger es aquella que le permite ganar elecciones.

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