FIRMAS Juan Miguel Munguía Torres

OPINIÓN | Redes sociales y despido | Juan Miguel Mungúía

Diversas sentencias a propósito de actitudes ofensivas en redes por parte de trabajadores de una empresa, llegan a considerarse merecedoras de despido aquellas ofensas verbales que comporten un ataque frontal al honor del ofendido.

Así las redes sociales hace tiempo que han dejado de ser entornos meramente personales donde «desahogarse», para convertirse en un vértice más de nuestra personalidad pública, evaluable y, cómo no, punible.

Por ofensas verbales se entiende las expresiones, orales o escritas, que envuelven una ofensa moral para la persona que la sufre o recibe. El bien jurídico protegido en estos casos es la convivencia y buena organización de la empresa.

Y para que la actitud ofensiva del trabajador sea sancionable ha de resultar grave y culpable, calificación que se habrá de hacerse tras examinar las especiales circunstancias que aparezcan en cada supuesto, los datos subjetivos y objetivos concurrentes, el recíproco comportamiento de quienes intervienen, las expresiones utilizadas, la finalidad perseguida, los medios que se empleen, etc., buscando siempre la proporcionalidad y la adecuación entre la conducta y la sanción, por cuanto que un mismo acto puede revestir la máxima gravedad en una determinada situación y carecer absolutamente de ella en otro; y sólo cuando la conducta del trabajador, valorada teniendo en cuenta todos los elementos de juicio, constituye una infracción de la máxima gravedad, resultará procedente la sanción de despido que es también la más grave prevista en la escala de las que pueden ser impuestas por la comisión de faltas en el trabajo.

En el año 2015, una joven estadounidense que iba a empezar a trabajar en una guardería decidió comunicárselo a su círculo de Facebook comentando en su muro que «odiaba trabajar en guarderías y estar rodeada de niños», lo cual supuso su destitución en su primer día de trabajo.

El Caso Virgin Atlantic Airways Ltd una compañía de viajes aéreos, despidió a 13 tripulantes de cabina debido a comentarios inapropiados en Facebook, en el que se hicieron referencia a los motores de las aeronaves, a la higiene en los aviones, así como a insultos proferidos contra algunos pasajeros, lo que llevó a la empresa a despedirlos con base en el descrédito causado a la misma.
Ya el mero acceso a las redes en horario laboral puede motivar represalias por parte de la empresa.

Entre las numerosas sentencias que analizan casos sobre despidos por el uso de Internet para fines personales en horario laboral, es habitual ver que algunas de las páginas más visitadas por los empleados suelen ser las de redes sociales.

En este tipo de supuestos la clave suele ser el nivel de tolerancia que la empresa haya manifestado respecto al acceso a contenidos personales desde el ordenador del trabajo y si existen o no normas internas al respecto. Todas las empresas deberían disponer de una política interna sobre el uso de los medios telemáticos y de las redes sociales en la empresa.

Es muy recomendable que la información a los trabajadores sea clara y transparente en lo que respecta a la política de la empresa sobre la utilización del correo electrónico, Internet y el uso de las redes sociales, describiendo de forma pormenorizada en qué medida los trabajadores pueden utilizar los sistemas de comunicación de la empresa con fines privados.
Si se permite un uso razonable de los mismos para comunicación de carácter no profesional el trabajador debe saber que la empresa tiene facultades plenas de fiscalización al respecto, sin que en consecuencia el trabajador pueda tener expectativa de intimidad en la información y comunicación que se desarrolle al efecto.

La política empresarial sobre el uso de medios telemáticos debe poner especial énfasis en una utilización de los mismos que no perjudique la adecuada productividad en la prestación de servicios de los trabajadores.
Aprender a utilizar las redes sociales es responsabilidad primera y fundamental del usuario, pero también de aquellas empresas que quieran asociar sus valores con un capital humano a la altura de los mismos.

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