FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | La sorpresa | Francisco Pomares

Detesto el uso grosero e interesado que ha acabado por pervertir el calificativo de histórico, haciendo que todo resulte histórico, desde el resultado de un partido de fútbol a un cambio de tendencia en la elaboración de la tortilla de papas.

A pesar de eso, me atrevería a decir que ayer se produjo un acontecimiento para la historia del parlamentarismo español, y –si me apuran– también para la de la democracia española. Ayer, y por primera vez en la historia parlamentaria, un partido –Vox– se quedó absolutamente solo en la votación de una moción de censura. Ocurrió tras la brillante e inesperada intervención de Pablo Casado, recuperando el control y el papel del centroderecha español.

La foto de Colón saltó ayer por los aires, y el intento de la ultraizquierda podemita de confundir a toda la derecha, de convertir a Pablo Casado y Santiago Abascal en las dos caras de una misma derecha extremista, fracasó.
Contra todo pronóstico, quien había de ser la víctima de la moción de censura –el presidente del PP– logró encontrar el punto justo para hacerse de nuevo con el liderazgo conservador y moderado. Abascal, «vapuleado inmisericordemente», según reconoció él mismo, perdió la moción de censura por casi tres centenares de votos en contra.

A pesar de las amenazas y bravuconadas del día anterior, a pesar de dirigirse a todos los diputados de la Cámara para que rompieran con sus partidos y le apoyaran en la censura a Pedro Sánchez, Abascal no recibió ni un voto ajeno, ni una sola abstención perdida. Le apoyaron sólo sus 52, abandonado por los demás, aislado como jamás ningún candidato a la presidencia del Gobierno se haya sentido.

Su censura sólo ha servido para ratificar a Sánchez en su puesto en La Moncloa y evidenciar que la derecha española –como la izquierda– puede y debe jugar en distintas ligas. Casado cerró ayer el ciclo iniciado en las elecciones regionales de Andalucía a finales de 2018, cuando la extrema derecha hizo su primera aparición en España, para convertirse durante dos años en compañera imprescindible para que el PP –la «derechita cobarde»– no perdiera todo el poder local y regional ante una izquierda envalentonada y frentista, amorosada por el matrimonio entre el sanchismo y Podemos.

Casado ha roto con Vox, le ha leído la cartilla a Abascal y se ha convertido en el principal protagonista de una moción de censura que no era contra Sánchez sino contra él, y a la que ha logrado dar la vuelta, en la que será recordada como su mejor intervención parlamentaria desde que lidera el PP.

Una intervención en la que Casado decidió olvidarse de Sánchez y se concentró en desmontar a Abascal por practicar una política de enfrentamiento cainita «destinado a hacer que los españoles se odien y se teman», y de buscar conflictos y fracturas territoriales mientras el grupo parlamentario europeo de Vox «arropa a cinco partidos que apoyan la sedición de Puigdemont», y de ser el socio en la sombra de Sánchez: «Usted es una garantía de derrota perpetua», le dijo a Abascal, al que censuró por montar una moción de censura útil solo para dar una victoria inmerecida al Gobierno. Apabullante.

El intento de Abascal de forzar la radicalización de la derecha ha hecho aguas, y al mensaje de Casado e ha seguido el anuncio del Gobierno de que meterá el freno en su operación para controlar el Poder Judicial. Sánchez retomará las negociaciones de renovación de los órganos constitucionales. Parece que en esto, Europa ha empujado.

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