FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Subirse los sueldos | Francisco Pomares

Dicen que rectificar es de sabios, pero los partidos del gobierno no han querido reconocer la rectificación: Unidas Podemos ha insistido en negar que se hubiera votado a favor de la subida, acusando al PP y Ciudadanos de mentir, con un tuit de Pablo Echenique, en el que adjunta un guasap remitido a su compañero Javier Sánchez Serna, secretario de la mesa, en el que se informa de la conveniencia de oponerse al aumento salarial.

Según Echenique, esa decisión estaba adoptada desde el día anterior, y es posible que sea cierto, pero algo debió ocurrir en la primera votación que, al final, la subida se aprobó con los votos de Podemos. Fue la bronca en redes, y la paralización del aumento en el Senado, lo que consiguió frustrar el nuevo sueldo de Sus Señorías. Un sueldo aumentado, recogido en la propuesta de presupuestos del Congreso, con una subida idéntica a la de los funcionarios de las Cámaras.

Hasta hace algunos años, los Parlamentos de toda España solían aprobar las subidas salariales de sus diputados al inicio de la legislatura y mantenerla sin modificaciones durante lo que ésta durase. Como cada subida venía acompañada de la inevitable crítica pública, en la mayoría de los Parlamentos se acabó optando por igualar las subidas de salarios políticos a la de los funcionarios de las Cámaras.

El procedimiento resulta automático y permite hurtar el debate público sin castigar el bolsillo a diputados, senadores y parlamentarios regionales. Lo que probablemente sucedió ayer es que PSOE y Podemos optaron por jugar en la Mesa del Congreso al despiste, demostrando con ello su insensibilidad con la situación general de los asalariados españoles. La práctica totalidad de quienes no son empleados públicos han sufrido recortes muy importantes, que en muchas empresas se sitúan en el 30 por ciento, el mismo recorte sufrido por los trabajadores sometidos a Ertes. Y eso por no hablar de los centenares de miles que están en paro, o de los autónomos y pequeños empresarios a los que esta crisis ha arruinado completamente.

En este contexto, plantear una subida de los salarios políticos –por limitada que sea– es una auténtica desvergüenza y un escándalo. El despropósito se resolvió ‘in extremis’ con una congelación que obligó a reunir otra vez la mesa del Congreso, para rectificar la aprobación de la subida y evitar el griterío montado por la oposición y las redes sociales. Un griterío más que justificado, esta vez: lo que deben hacer es ponerse en el pellejo de la gente y bajarse los sueldos, no subírselos.

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