FIRMAS Marisol Ayala

OPINIÓN | Volando bajito | La enfermedad del olvido | Marisol Ayala

La enfermedad inolvidable. Alzheimer. Llevo unos días leyendo entrevistas a hijos de personas con más de ochenta años. Son personajes de prestigio social, actores, actrices, escritores, cuyos padres sufren Alzheimer, pero en esa ocasión percibo en los testimonios duros, emotivos, un conocimiento de la enfermedad sorprendente, sospecho que en sus palabras está la necesidad de ir normalizando el dolor de ver que la mujer y el hombre vivaz que nos llevó de la mano ya no existe. Tristán Ulloa, Anabel Alonso y Máxim Huerta, familia de Carmen Sevilla, de ellos hablo. Siempre digo que escuchar es el mejor maestro y en eso estoy siempre. Mucho y bien ha hecho la sanidad pública española para poco a poco familiarizarnos con una de las enfermedades más temida del siglo XX.

En ninguno de los entrevistados vi la tragedia que sin duda viven; he visto sonrisas, miradas pícaras y amor. Tristán Ulloa cuenta con naturalidad que su madre ha sido su luz y su guía. “Ahora nos toca a nosotros ser la suya”. Anabel Alonso dotada para la comicidad, para la escena, brillante y provocadora tuitera de frases envenenadas, hablaba con firmeza y emoción de como el coronavirus, el aislamiento en un centro, le ha robado el placer de sentarse en una cafetería y disfrutar de su madre, de su mente muy perdida.

«Ayer», rememoró, «no me conoció y ha sido duro. Tiene 92 años». “Eso no es calidad de vida, eso es solo vida». Y finalmente el periodista Máxim Huerta el más conmovido. Su padre fue exigente y rudo; nunca le dijo que estaba orgulloso de sus logros. Cuando le sentía llegar tenía miedo relató emocionado como hijo único y cuidador “¡una vez me oyó un “¡venga papá!” mientras le ayudaba a subir la escalera musitó un “perdona”. No más. El último testimonio escuchado estos días llega de la familia de Carmen Sevilla en su 90 cumpleaños.

«Está atendida”. No hay más.

 

 

 

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