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REPORTAJE | La irreverencia de los ritos de santería

FOTO: Enrique Acosta

Usuarios del Monte de Agua García lamentan que con frecuencia se tengan que encontrar con los desechos de los ritos, entre los que figuran restos de animales que se sacrifican en estos rituales

EBFNoticias | Tachi Izquierdo |

Muchos ciudadanos muestran su cansancio y el más enérgico rechazo por la detestable imagen que con frecuencia se encuentran en nuestros montes. Determinados rituales dejan tras de sí un rastro en nuestro paisaje. Los restos que se abandonan evidencian que, aquellos que los llevan a cabo, no tienen el más mínimo respeto por el entorno.

Este tipo de prácticas, no son un mal que padece un espacio o un territorio en concreto, sino que, con los años, lamentablemente, se han ido extendiendo por toda nuestra geografía insular, afectando a espacios de gran valor natural que, en muchas ocasiones ponen en riesgo nuestro patrimonio paisajístico, puesto que en actos de santería o similares, llegan a utilizar velas y otro tipo de productos que ponen en riesgo nuestro entorno.

Dada la frecuencia e intensidad de estos rituales, y la amalgama de restos que dejan esparcidos quienes los protagonizan, los usuarios habituales de enclaves como el Monte de Agua García, en la zona alta del municipio de Tacoronte, han expresado su más que justificado rechazo a estos ritos esotéricos.

Varias personas que transitan por la zona -por ser este un espacio ambiental de gran valor natural, y porque disponen de rutas y atractivos en los que pueden disfrutar la familia al completo-, han asegurado que “nos vemos con demasiada frecuencia con la lamentable imagen de ver esparcidos por nuestro monte restos de animales y enseres que dejan abandonados”. De esta manera nos lo indica una usaría habitual de la zona.

Otra persona, que a diario practica ciclismo por las pistas que conectan a varios municipios a través del Paisaje Protegido de Las Lagunetas, señala, con un alto grado de enfado que, “suelen apuntar hacia nosotros, porque vamos en bicicletas, como uno de los motivos de deterioro de nuestro entorno, algo que no es cierto, puesto que la mayoría, no nos salimos de los lugares de tránsito”. Este usuario del monte señaló que, “se debería incrementar la vigilancia en la zona, puesto que quienes acuden a practicar algún deporte o a disfrutar simplemente de la naturaleza, nada tienen que ver con lo que a menudo se encuentran en determinadas zonas del monte”.

FOTO: Enrique Acosta

Este mismo deportista explica “que estos rituales son una muestra del desprecio que tienen algunas personas por el resto de la comunidad y hacia el medio ambiente”, indicando que, “en mayor o menor medida, quienes acuden al monte tiran al contenedor los restos de una chuletada, de un cumpleaños o una comida entre amigos. Esto que denunciamos es otra cosa, puesto que llegan a practicar rituales, en los que incluso se sacrifican a los animales”.

Los montes no han sido espacios exclusivos para esta práctica, puesto que los restos de estos ritos también aparecen de manera frecuente en zonas de litoral, apartadas y tranquilas. La manera de actuar es siempre la misma, pues utilizan la oscuridad y los espacios alejados para desarrollar los rituales sin que nadie les interrumpa, “y siempre se van como si aquí no hubiera pasado nada”, señala una joven que está con otros amigos en la Zona Recreativa de Lomo La Jara, en la que no han encendido el fuego puesto que las altas temperaturas, así lo aconseja.

Precisa que, “se van, dejando muestras de su mal gusto y desprecio por el entorno”. El resto de miembros del grupo inician un debate espontáneo, en el que uno de ellos señala: “Esto ya no es un asunto que afecte a una religión concreta o a la libertad de culto de los demás. Es un problema ambiental, y yo lo sitúo a la misma altura del que viene a este lugar y deja botellas, bolsas y todo tipo de basuras, cuando con estas personas hay que actuar con la ley y sancionarles por el deterioro que causan”.

Los bosques no han sido espacios exclusivos para esta práctica, puesto que los restos de estos ritos también aparecen de manera frecuente en zonas de litoral, apartadas y tranquilas

Otra compañera interviene y señala que “esto es algo peor, porque dejan animales muertos y otros elementos que la mayoría de los ciudadanos desconocemos de qué se trata. Puede llegar a ser una cuestión de salud pública”, concluyó.

También nos tropezamos con una familia compuesta por un matrimonio y su hijo de 8 años, que ya ha realizado un importante recorrido por una de las pistas interiores que les trae desde La Esperanza, de la zona de Las Raíces, lamentando que, “por lo menos, en nuestro caso, ya nos hemos encontrado uno de estos altares, siendo muy desagradable, porque veníamos con nuestro hijo, es muy impactante estar tranquilamente en una zona tan hermosa y, de repente, tropezarnos con este tipo de espectáculos”.

El marido, que ha estado asintiendo con la cabeza todo el rato, lamenta que “de menara impune, un grupo de personas utilicen nuestro entorno como si fuese un basurero en el que dejar los desechos de animales y demás elementos de sus ritos”.

La santería, el esoterismo, la brujería, lo oculto, en definitiva, todo lo que comprenda un halo de misterio, en buena medida forma parte de la historia de los pueblos. Estos rituales y temores han formado parte de la literatura, de las historias que se comparten por tradición oral y de las leyendas que acompañan a los lugares.

En el caso concreto del Monte de Agua García, hoy en día con una protección ambiental por parte de la administración, parece que la misma protección no está a la altura que reclaman sus usuarios, frente a quienes lo profanan con prácticas más que despreciables.

Manuel Barrios, investigador local ya fallecido, escribió en uno de sus relatos lo siguiente: “La endemoniada orgía de las brujas en el calvero de la Cruz de Funes”, en relación a un claro en la zona de monte carente de vegetación, en la zona de Agua García, vinculado siempre a actividades de brujería fruto de la tradición y de las leyendas populares.

En La Hornaca hay una zona que se conoce como El Bosque de las Brujas, y con respecto a los últimos acontecimientos, se desconoce por qué han elegido este lugar como preferente para estas prácticas.

Una sociedad más consciente

Quizá de los tiempos a los que se refería Barrios en su texto, a los actuales, difiera incluso el comportamiento de la sociedad actual con aquella otra temerosa de lo oculto. Hoy en día, en pleno Siglo XXI, esta sociedad no depende del monte como aquella, salvo que sea para llenar sus espacios de tiempo libre, disfrutando del entorno con un grado de compromiso en la conservación del espacio que les rodea.

Por ello llama tanto la atención una actividad que genera deterioro y desprecio por el medio natural. El último caso que ha generado tanto rechazo se ha localizado en la zona conocida como Barranco Salto Blanco, un lugar de fácil acceso en coche por calle Las Mesetas.

En esta última escena lo que han encontrado los transeúntes es inquietante. Describe varios círculos elaborados con palos, hasta confluir en un centro de menor diámetro, también confeccionado con trozos de ramas, donde hay una serie de huesos en su interior.

En otros lugares donde se han llevado a cabo rituales, se han encontrado restos de animales, como lenguas de vacas, cabezas de gallina o de palomas, entre otros animales, a demás de velas. Suelen ser pequeños espacios donde se colocan los elementos.

En el municipio de Tacoronte, sus vecinos han sido testigos impotentes de otros actos similares. Hace ahora un año, aparecían en varias zonas, unas lenguas de vaca clavadas a los troncos de unos árboles y envueltas en cintas rojas.

Hace unos meses, en la época estival, en la zona de costa de El Pris, los restos de un acto de santería, en el que se había sacrificados animales, obligó al cierre de la playa.

Así es esta práctica. No es inocua, puesto que afecta a nuestras vidas, y volverá mañana o cualquier día, y nos encontraremos con estos restos en el cementerio en el que descansan nuestros familiares, en nuestra playa preferida o en el rincón desde el que nos gusta ver las puestas de sol. Mientras, la administración no encuentra la solución para una práctica que para la gran mayoría de la población, no tiene sentido.

 

 

 

 

 

 

 

 

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