FIRMAS Marisol Ayala

OPINIÓN | Volando bajito | Sor Elena una mujer irrepetible | Marisol Ayala

Sor Elena junto a Marisol Ayala | Foto: Facebook.

Cada vez que la veía, cada vez que iba al Colegio Nuestra Señora del Carmen para saber de ella y abrazarla volvía a casa con un sonido peculiar, sus pasos, el ruido de sus zapatillas de paño que le abrigaba los dedos y que ella manejaba como una bailarina, con elegancia. Pasos cortos. Y otro regalo, su sonrisa. No recuerdo haberla visto enfadada jamás. Siempre me recibía con cariño, con mucho cariño. Le gustaban mis pulseras trasnochadas y siempre le dejaba una.

Sor Elena enamoraba y presumía de sus compañeras con quienes recorrió la ciudad. Yo siempre buscaba un ratito para tocar el estrepitoso timbre del colegio y saber de ella. Hace unos días su cuerpo frágil y su sonrisa pícara se apagaron. Una vida de trabajo, de entrega al prójimo. Cien años que bien merecerían un libro porque Sor Elena conocía Las Palmas de Gran Canaria como pocas, la ciudad pobre, sus miserias, sus vecinos. Contaba relatos asombrosos. Por ejemplo bebés que madres indigentes envolvían en periódicos y dejaban en la puerta del colegio.

Basta decir que llegó a nuestra ciudad a principio de los cuarenta. Mil veces me contó que cuando llegó, una niña, subía a la azotea del colegio en Luis Morote que no tenía la altura de hoy y desde allí “casi podía tocar a los barcos con las manos”. Quería decir que el muelle que vemos al fondo de esa calle estaba ahí mismo. Era adorable mi querida Elena. Ella y otra monja jabata patearon El Confital y siendo dos muchachas jóvenes iban en bicicleta desde Luis Morote hasta las chabolas a llevar ropa y comida.

Cuando iba a verla siempre me regalaba algo una tableta de chocolate, leche condensada, una revista, una radio “de enchufar”, decía. La recuerdo menuda, generosa, curiosa por la vida que hace años, entonces tenía 93, conté en La Provincia. Me enamoró.

Mujer irrepetible, única.

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