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ENTREVISTA | Jorge Melián: “La pandemia ha provocado que se haya producido alrededor de un 60% menos de matrículas en Educación de Adultos”

Jorge Melián, profesor del Centro de Adultos San Cristóbal de La Laguna

EBFNoticias | Tachi Izquierdo |

Jorge Melián es un profesor vocacional. Un docente de raza que se ha forjado a través de sus tres décadas de experiencia docente  a base de tesón, experiencia, ganas y una capacidad inagotable  para −desde la enseñanza− “querer aprender del alumnado”.

Justo la mitad de su carrera la ha desempeñado en una rama de la educación no siempre bien entendida, comprendida o respaldada por la administración, como es la Educación de Adultos: “una segunda o tercera oportunidad para quienes, por las circunstancias que sean, abandonaron en su momento los estudios y creen que ha llegado de nuevo el momento de retomarlos”.

De la mano de este maestro que llegó a la Educación de Adultos  “por casualidad”, conoceremos la realidad de una parte de la enseñanza a la que no solo le falta visibilidad y promoción, sino estabilidad y una apuesta decidida por lo que representa para muchas personas en cuanto a su formación, además de respaldo en sus vidas personales y laborales.

También nos acercaremos a su forma de entender la educación, que es su pasión, una actividad que −a pesar de estar cada vez más a cerca de cumplir  el tiempo para su retirada− “de momento me van a tener que aguantar un poco más, porque yo no me pienso jubilar todavía”.

¿No cree que poner una fecha de finalización a la carrera de un profesor, en los 60 años y 30 de experiencia laboral, es desaprovechar una cantidad inmensa de conocimientos y experiencia?

A mí, de hecho, me quedarían cinco años  todavía y, si le soy sincero, no me pienso jubilar. Estoy bien de salud y me encanta mi trabajo. En este momento, estamos en los mejores años, pero lo que pasa es que la sociedad te lleva hacia lo mismo, a cumplir con una fecha para la prejubilación, pero creo que se están desaprovechando los mejores años profesionales de los docentes. También creo que el sistema económico no sostiene esta situación, porque mientras se jubila la mitad de la población, la otra mitad los mantiene. Yo entiendo que en profesiones más duras, desde el punto de vista físico, como un bombero o un albañil, que sí tengan la posibilidad de prejubilarse, pero, un profesor…

Pero, a partir de los 60 años, un docente aún podría seguir aportando mucho.

Claro, pero también está la burocracia, que te cansa. Hay gente que es muy válida, pero el camino hasta el aula es tan tortuoso −no por los alumnos, sino por el entramado burocrático, que muchas veces te bajas y te cansas de luchar a contracorriente. También hay muchos que siguen, pero algunos deciden no seguir luchando toda la vida contra la administración.

«La Educación de Adultos es, para algunas personas, no solo una segunda oportunidad, sino hasta una tercera oportunidad para reengancharse al sistema, al mercado laboral y desarrollarse personalmente»

¿Por qué decide salir de la educación secundaria para dedicarse a la Educación de Adultos?

La verdad es que fue por casualidad y por necesidad. Yo vivía en el norte y mi plaza estaba en el sur. Hacía muchos kilómetros a diario, tenía un hijo recién nacido y estaba muy cansado porque la carretera era muy dura. Salieron unas plazas para diferentes modalidades en comisión de servicio, en principio por un año y con posibilidad de renovar, y de las únicas que quedaban cuando yo me interesé para cambiar, fueron las de Educación de Adultos. Confieso que me metí a ciegas y que los primeros meses pensé que me había equivocado, porque en aquella época era todo diferente, era el momento de la evolución de la enseñanza entre Primaria y Secundaria y no estaba del todo tan regulado. Después de Navidades cambié el chip y llegué al aula con otra mentalidad, porque tienes que asumir que afrontas diferentes etapas y niveles de distintos sistemas educativos, y ahí estaba el reto y el estímulo.

Digamos, ¿que ha sido la enseñanza la que ha hecho descubrir en usted cosas nuevas?

Efectivamente. Desde que decidí quedarme y me enamoré de la Educación de Adultos,  esto ya no tiene cura.

¿Cuál es el perfil del alumno o alumna de la Educación de Adultos?

Depende del turno. Por la mañana, suele ser gente joven, sobre los 20 años. Son personas con diferentes problemáticas, que en su momento dejaron los estudios y que se dan cuenta de que lo primero que te piden para lograr un trabajo es el título de Educación Secundaria. Por la tarde, es más adulto, entre los que podemos encontrar a gente con sus familias y con trabajos precarios que se quieren desarrollar y formar. Suelen llegar a los 50 años o poco más. Luego está el grupo de jubilados,  que quiere rellenar su espacio vital con formación. Ahí sí que ha dado la Educación de Adultos un cambio muy importante, pero ha chocado con algunas cuestiones administrativas.

Por ejemplo…

Se intenta meter dentro de un currículo, que es el de Secundaria o Educación Básica Inicial, unos objetivos que, cuando llegas al aula, a lo mejor no son los que necesitan estas personas. Tú te tienen que adaptar al alumno, que puede tener entre 70 y 90 años −que los tenemos− y que lo que quiere es otra cosa, pero el currículum te dice que impartas un determinado contenido, aunque igual esa persona necesita, por ejemplo, un taller de lectura y no tanto que le estés bombardeando con lo que está contenido en la programación oficial.

¿Y eso, influye en cierta medida en que muchos desistan de acudir a las clases?

Los mayores no, porque están rellenando ese hueco vital. Con los más jóvenes sí tenemos que hacer un gran esfuerzo y equilibrio para que todo lo que le impartimos en el aula sea más atractivo.

Entonces, no queda más remedio que adaptarse a cada alumno y a lo que marca la enseñanza, para sortear la burocracia.

Efectivamente. Hay que seguir respetando los contenidos legales, lógicamente, pero también hay que reinventarse cada año. Con el tiempo me he vuelto más flexible y hay que ser consciente de que al alumnado no se le pueden regalar las cosas. A una persona que se matricula en Enseñanza de Adultos, le cuesta lo mismo sacar el título que a uno que lo ha hecho en Secundaria o Bachillerato. Sin embargo, el docente en Adultos −por la propia naturaleza de la enseñanza− está más pendiente del alumnado y al final te acabas convirtiendo en psicólogo, asesor, orientador laboral, etc. Aquí necesitas ser y transformarte en otra cosa.

¿Y qué hay detrás de quien ha tomado la decisión para regresar a sentarse en un pupitre?

Múltiples razones personales y laborales, desde luego. Los primeros días son muy difíciles, sobre todo cuanto más años han pasado desde que lo dejaste. No es lo mismo un adolescente o un joven, que una persona más madura para adaptarse a las aulas. Hay que tranquilizarlos porque llegan con muchos miedos  y necesitan un proceso de adaptación. También contamos con las pruebas de nivel, que pueden realizar aquellas personas que no cuentan con la documentación que acredite su título. Ubican a cada estudiante en su nivel, y esa puede ser también una fórmula de adaptación y estímulo.

¿Muchos de estos alumnos luego deciden seguir cursando otras enseñanzas superiores?

Yo tengo la suerte de llevar en esta enseñanza mucho tiempo y de manera estable, y he tenido también la fortuna de ver la evolución del alumnado. Hay de todo, desde el que se queda satisfecho con lograr la Secundaria y continúa con su trabajo, hasta una mayoría de los que llegan al final, que siguen estudiando después en otros centros. En un gran porcentaje, este alumnado continúa en Ciclos de Grado Medio y Bachillerato. También hay casos que han obtenido un título universitario y han ejercido como tal en alguna facultad.

¿Está la Educación de Adultos mimada por las administraciones?

No. Siempre me he quejado de que es casi invisible. Curiosamente, este tipo de enseñanza existe en todo el mundo. Existe por algo y aquí, en Canarias, estoy seguro de que si preguntamos a la gente por la calle, no tiene ni idea de lo que es la Educación de Adultos. Muchos no saben dónde se imparte, a qué se refiere, su validez… A Radio Ecca, que es una fundación canaria de titularidad privada, la conoce todo el mundo y nosotros, que somos centros de enseñanza oficiales y dentro del sistema educativo, somos unos desconocidos.

«Lamentablemente, la educación está más enfocada hacia el mercado laboral, pero la gente debe también estudiar por placer y porque es una cuestión vital»

¿Qué parte de la población es susceptible de poderse beneficiar de esta propuesta  educativa?

Un estudio sobre la alfabetización en Canarias, realizado hace algunos años por mi compañero y amigo José Pestano, revela que aún hay mucha gente que solo cuenta con estudios primarios y que no han logrado la Secundaria. En este país, además, hemos tenido siete leyes educativas, lo que ha repercutido en que muchos alumnos tengan un pie en un sistema que desapareció y necesita ubicar el otro en algún lado. Donde se ubica es en la Secundaria y eso no lo tiene mucha gente adulta. Eso afecta a una parte importante de la población y −fundamentalmente− en las islas capitalinas.

¿Y los docentes necesitan más apoyo para esa labor casi artesanal?

Creo que sí. Hace falta apoyo de las instituciones y también necesitamos tener más visibilidad. No aparecemos en los medios con anuncios o no somos noticia nunca.

¿Y si fueran noticia, qué titular le pondría?

(Un suspiro y una sonrisa)

Siembre hablamos de una segunda oportunidad y yo diría −con la situación que estamos viviendo− que la Educación de Adultos es, para algunas personas, no solo una segunda oportunidad, sino hasta una tercera oportunidad para reengancharse al sistema, al mercado laboral y desarrollarse personalmente. Cada vez, lamentablemente, la educación está más enfocada hacia el mercado laboral, pero la gente debe también estudiar por placer y porque es una cuestión vital.

Más burocracia…

Voy a responder con una anécdota, de la alumna con más edad de Canarias, que estudia en el Centro de San Cristóbal, y que tiene ahora 95 años. Acudía a alfabetización y logré hace años que participara en una obra de teatro leído. Un día le pregunté a doña Clorinda que, por qué venía al Centro de Adultos, y me respondió: “Yo quería aprender a leer de corrido”. No todo tiene que ser aprender para trabajar, porque es tan lícito aprender a leer de corrido, que tener la Secundaria porque te la piden  para unas oposiciones.

«Necesitamos que se nos conozca, que la gente sepa dónde y cómo estamos. Es necesario que cuando se hable de un Centro de Adultos, la sociedad sepa y conozca su función»

Imagino que en esta situación de necesidades y algunos sinsabores, la pandemia habrá empeorado las cosas.

Al haber muchos grupos que empiezan desde cero y hay que esperar a que se matriculen los alumnos de cada nivel, con la pandemia todo se ha complicado muchísimo. Por el miedo al virus o por los ajustes de las ratios por aula; es la pescadilla que se muerde la cola y hay mucha gente que ni siquiera ha venido a matricularse. Por el contrario, en los centros donde si hay espacio, pues nos falta personal administrativo, la limpieza, los vigilantes o dependemos de los ayuntamientos. Esta es una situación muy compleja.

¿Y esta situación puede poner en riesgo esta enseñanza en algunos centros?

En algunas aulas, como San Matías, La Verdellada, San Jerónimo o Finca España, en los turnos de tarde, están peligrando sus grupos ahora mismo, porque carecemos de todos los servicios que mencioné. Hay interés, pero no se puede abrir y la matrícula no sigue. Hay alumnos de otros años y otros nuevos que quieren empezar.

¿Y en líneas generales, en qué proporción ha afectado esta situación sanitaria a la normalidad de esta enseñanza?

Pues de una manera muy significativa. La falta de concreción sobre algunas de las medidas, unido al miedo y la incertidumbre, ha ocasionado que en este curso se haya notado notablemente una bajada en la matrícula en muchos grupos de nuestra oferta formativa en Canarias. En la Educación de Adultos la pandemia ha provocado, a grandes rasgos, que haya disminuido alrededor de un 60% de las matrículas con relación a otros años escolares.

Al margen de la situación puntual de la Covid, ¿Cuál es el estado de la Enseñanza de Adultos?

Es un enfermo con buena salud.

¿Y eso cómo se cura?

Con más información; con más visibilidad. Nuestra mejor posibilidad para ser conocidos es, en muchos casos, el boca a boca. Necesitamos medios para transmitir todo lo que somos capaces de ofrecer a las personas interesadas. Necesitamos que se nos conozca, que la gente sepa dónde y cómo estamos. Es necesario que cuando se hable de un Centro de Adultos, la sociedad sepa conozca su función, como ocurre con centros de Primaria o Secundaria, porque, en el fondo, somos una estructura cargada de oportunidades para mejorar el futuro de muchas personas.

¿Después de esta experiencia, volvería a dar clases en un instituto?

Si lo tuviera que hacer, claro que lo haría, y lo llevaría a cabo con la misma ilusión que he depositado durante todos estos años en la Enseñanza de Adultos y antes en Secundaria. Sin embargo, impartir clases en un centro de adultos proporciona, como docente, la posibilidad de hacer un seguimiento de la persona de la que formas parte de su formación, al estar en una etapa en la que puedes saber cómo les ha ido la vida tras sus estudios.

¿En la enseñanza de adultos, qué importancia tiene el profesor?

Considero que podemos marcar la diferencia en las vidas de los alumnos, y esa es una de las muchas cosas bonitas de esta profesión. Podemos aportar para que tengan una vida más plena, proporcionando no solo formación, sino asesoramiento. La palabra docente viene del verbo “docere”, que significa el que enseña, el que hace algo apropiado. “Ducere”, que dio lugar a la palabra educar, es guiar, y también eso lo hacemos los profesores de alguna manera.

 

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