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OPINIÓN | El fútbol, de otra manera en un programa televisivo | Salvador García Llanos

Se han cumplido treinta años de la emisión del primer programa televisivo El día después (Canal +), una producción que modificó sustancialmente el tratamiento de la información deportiva en televisión. Se trataba de innovar, de ofrecer algo más que las imágenes resumidas de los encuentros de la jornada y algunas declaraciones intercaladas de los protagonistas.

Y a fe que lo consiguieron. Fue un salto notable, con Nacho Lewin en la conducción y Jorge Valdano como analista técnico, culto y experimentado. Rompió esquemas el programa que tenía sus antecedentes en Trofeo Estudio Estadio (RTVE). Del primero –también con afanes innovadores en cierta etapa- recordamos aún emisiones en blanco y negro.

En octubre de 1990 cambiaron las cosas. Y los hábitos. Los lunes eran otros lunes. De la misma forma que ajustábamos horarios –y lo que fuese- “para ver los goles” con los anteriores programas, hicimos lo mismo los lunes con El día después, antes de cenar, en horario de tarde-noche, cuando no rodaba el balón.

Había una cita con quienes no se conformaban con los resúmenes sino que introducían imágenes curiosas y hasta cómicas al margen de la cancha, entrevistas valientes o picantes a presidentes y dirigentes, testimonios de aficionados que habían recorrido cientos o miles de kilómetros para ver a su equipo y de otros que desvelaban cuáles eran sus costumbres y rituales los días de partido… Entraron en vestuarios y aguardaban la despedida hasta el autobús de quienes retornaban y apretaban para coger el avión. Lo bueno, lo llamativo era que no se limitaron al entorno de la primera división: aparecían campos de categorías inferiores, con sus cuidadores y sus respectivos modus operandi. Y ganaron espacio los enamorados en el graderío, el somnoliento espectador, las bellas damas que lucían pieles, los cánticos corales y los bocadillos llevaderos para reanimar el descanso. Aparecieron los taquilleros, los masajistas, los utilleros y cómo preparar las bebidas tonificantes. Lo que el ojo no ve, era el título de una sección, acaso la más esperada. Era la exposición del otro lado del fútbol.

Que de todo eso había en El día después, junto a datos estadísticos bien secuenciados y análisis de tácticas, movimientos o lances del juego. Y hasta los guiñoles, inspirados en la entrega consolidada de la televisión francesa, con los que se aportaba algo más que unas notas de humor e ironía.

“El fútbol era todo y era de todos”, dijo Carlos Martínez, actual conductor del programa que se emite en un canal de Movistar +. Fue un nuevo concepto que abrió caminos en la oferta televisiva, una manera de captar la atención de los aficionados y hasta de quienes no lo eran pero que se sintieron atraídos por aquellos contenidos o aquellos tratamientos del hecho deportivo diferentes a los que se hacían entonces.

El día después puso fin a los tópicos, a la monotonía acartonada, a las imágenes sucesivas sin más. Apareció para quedarse y ya ha cumplido treinta años, seguro que con afán de seguir renovándose. Y de perpetuar el nombre de uno de sus protagonistas, Michael Robinson, que así se llamará el plató donde se hace el programa.

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