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ENTREVISTA | Severiano García: «Yo no haría nunca un teatro banal. En Delirium buscamos que deje huella, genere pensamientos y que remueva conciencias»

Severiano García, director de Delirium Teatro

EBFNoticias | Tachi Izquierdo | Severiano García es un hombre de teatro, sin una letra más ni una letra menos que define a esta expresión artística milenaria. Es el director de Delirium Teatro, una compañía que se gestó en Tacoronte hace ahora 35 años, y que ha sido capaz de forjar con su propia mano y con la incorporación de muchos actores y técnicos, un sello propio cultivado con los múltiples montajes que ha dirigido.

En estos tiempos complejos por la pandemia, y lo que representa para el mundo de la escena llegar al público, que es su combustible vital, García ha sabido encontrar oportunidades y ventajas donde otros ven alejamiento y dificultades.

Severiano García

De hecho, Delirium Teatro cuenta ya con nueva obra para llevarla a las tablas, «La Fábula del Topo» y tiene previsto un recorrido por los teatros de Canarias ahora, en plena pandemia, en una gira cargada de esperanzas. Sin embargo, la cambiante e incomprensible situación en la que vivimos, también entra en escena, y la realidad se ha impuesto al mejor guión soñado para un día de estreno.

Justo un día antes, precisamente del estreno del nuevo montaje, previsto para este sábado día 5 de septiembre en su Tacoronte natal, las autoridades sanitarias han decidido suspender esta primera representación. Las expectativas siguen en alto para el resto del calendario, pero con la incertidumbre que acogota al mundo de las artes y la cultura, que ve como sus espacios son excesivamente restringidos o simplemente cerrados, mientras otros sectores llenan sus aforos sin arte ni beneficio para esta sociedad.

El propio Severiano García reconoció que aunque el paso del tiempo esté reñido con el aspecto económico de las artes, «el confinamiento nos ha venido bien para completar nuestra nueva obra», hasta el punto de que reconoció que «seis meses estarían bien como espacio necesario para poner en marcha y madurar cualquier nuevo proyecto», un periodo que han dedicado a preparar esta nueva propuesta.

Imagino que, en más de tres décadas en el candelero creativo y escénico, ¿habrán cambiado la compañía y el actor?

Claro. Estamos en un  continuo cambio y adaptación. El teatro lo entendemos como una forma de vida. Desde cualquier ámbito que tenga que ver con lo teatral, ahí estamos. Resistir durante tanto tiempo en una unidad de creación como es Delirium, significa estar plenamente entregado a otras labores. El furgón siempre está preparado para cargarlo y descargarlo. Si eres inteligente para subsistir y moverte entre islas, es fundamental desde el principio tener claro que todo lo que necesitas debe caber en ese vehículo. Luego hay un trabajo administrativo, que es primordial para sustentar y organizar esas 20 veces que al año representamos por las islas. No es fácil, porque todo está muy saturado, y se complica vender nuestra obra por los ayuntamientos.

Detrás de la palabra teatro hay muchas cosas, situaciones y personas…

Es un trabajo, fundamentalmente, en equipo. Además, el resultado siempre significa un trasvase de experiencias en cuanto a que nos ponemos a trabajar alrededor de un proyecto y hay que ser muy receptivos ante las aportaciones de todos y cada uno de los que intervienen en la obra. Eso es formar equipo. Hay que estar abierto y saber decir que sí y que no para que al final haya un resultado en común. En el teatro tienes siempre que intentar hacerlo como si fuese la primera vez, y ahí hay una consigna genial, para cuando te digan que si no te aburres representando siempre lo mismo, poder responder que, en absoluto, pues cuanto más lo hacemos, más ganas nos dan de volver a intentarlo, porque siempre hay que intentar hacerlo como si lo hiciéramos por primera vez.

Cuando se cumplen 35 años de trayectoria, ¿han logrado ya cumplir aquel sueño de juventud para la compañía?

No acercamos un poco. Todavía nos queda un largo camino por recorrer. Pero, si es verdad que, con los años, es como con los vinos, que vamos ganando en madurez y en seguridad. En el mundo de las artes, la inseguridad es una y la duda sobre si vas a gustar o no, siempre está ahí. Esos nervios siempre nos rondan. Es una gran responsabilidad por el público, pero, sin embargo, yo noto que ya son muchos montajes y experiencias acumuladas, y ya he logrado enfrentarme a ello. También hay periodos en los que duermes poco o nada cuando se acerca un estreno. Eso es normal, pero ya voy algo más tranquilo y le hago más caso a esa experiencia que tengo, para poder decir que las cosas pueden ir por determinados derroteros para equivocarme lo menos posible.

¿Las obras que interpretan tienen vida propia?

Si se ve desde fuera, una obra es un proceso activo, vivo y es algo que siempre se puede mejorar, algo que solo se consigue a base de representaciones y de actuar. Para mí y Delirium, es fundamental tener en cuenta desde el principio, que ese proyecto que se está gestando, la única manera de sacarle rentabilidad emocional y económica, es hacerlo muchas veces. Yo no concibo preparar algo para representarlo solo tres veces, porque me voy a quedar insatisfecho.

¿Y ocurre lo mismo aunque ya se tenga en mente nuevos montajes?

Por supuesto. Eso va en contra de la vigencia de las obras, que no queremos que se queden guardadas.

Desde el principio, han sido una compañía transgresora, que puso obras en escena provocadoras, ¿hoy en día habría alguna posibilidad de representar, por ejemplo, la obra Delirium, que luego se rebautizaron como «Un culo anda suelto»?

Tomó el nombre de la compañía y con el tiempo adoptó el subtítulo de una obra que representamos por primera vez en un encuentro regional de teatro joven en Tacoronte, que resultó una representación que fue impresionante. Hoy en día esa provocación sí que tiene vigencia.

¿Ahora? ¿En esta sociedad con la piel tan fina?

Sí. La provocación es necesaria en el teatro. Por lo menos, caben todo tipo de propuestas, pero a nosotros también nos gusta el teatro de provocación, que provoque en aquella persona que entra a un espectáculo, que cuando salga, se sienta distinta a como entró. «Fábula del topo» es un espectáculo muy comprometido y encarna una propuesta que también es dura, porque tiene unas escenas muy duras. Con el cine es más difícil enfrentarte a esto, pero el teatro es una única toma y a corta distancia. Es a pecho descubierto y tengo que convencer al público, lo que implica un esfuerzo muy intenso. Siempre intentando que sea una experiencia única.

¿A qué provocación se refiere?

Evidentemente, deber ser una obra provocadora, pero que te provoque una felicidad, una emoción y que también te revuelva el estómago. Hay quien dice que lo que quiere es ir a pasarlo bien, y eso puede ser una cuestión que puede considerarse de consumo cultural.

Para Delirium, con 35 años de experiencia, ¿hay algo que para ustedes sea irrepresentable, que nunca llevarían a escena?

Yo solo sé que tenemos una especie de archivo, con propuestas de distintos autores. Cuando nos dicen algo sobre alguna o empatizamos con eso, tiene su lugar, porque está como esperando.

¿Pero, hay contenidos que ustedes no abordarían?

Lo que yo no haría nunca es un teatro banal; un  teatro para reírnos y punto. No, creo que el teatro tiene que tener fondo y forma. Me encanta la comedia, pero tiene que proponer algo y su fin es provocar. Lo que no puede ser es que sea un teatro de ocio y tiempo libre. Buscamos un teatro que deje huella y genere pensamientos y que remueva conciencias, que te sitúe en un conflicto. Si es para pasar el rato, difícilmente lo hagamos. No creo que recurramos a la máxima que dice que, si te va mal, recurre a las risas. No lo hemos hecho nunca y no creo que lo hagamos.

Estamos atravesando por una situación muy compleja, que incluso anuncia cambios y formas de acercarnos al teatro de una manera diferente, ¿cómo lo está viviendo Delirium?

De una manera conflictiva, porque se contradice totalmente con el hecho del ser y estar de lo que significa el teatro. Es un debate muy profundo y en todo momento estamos pendientes de lo que va ocurriendo. Tengo el chip puesto de vivir el momento; el aquí y el ahora. No quiero plantearme nada a largo plazo; quiero ir despacio y digiriendo todo lo que está pasando. No puedo ir más allá.

¿Y el mundo de la cultura como vive esta situación?

Es muy duro, porque siempre dependemos de la agenda y programamos con muchos meses de antelación. Ahora todo empieza a caerse de repente. Todo lo que tenías programado está en el aire, porque resulta que hay un brote puntual y todo cambia. Nosotros, como empresa cultural, ya tenemos una manera de hacer las cosas, pero muchos artistas que están muy perjudicados ahora.

Y como artistas, ¿se sienten desprotegidos por las medidas que toman las administraciones, porque hemos visto terrazas llenas y teatros vacíos?

Creo que también a los gestores les está resultando sumamente complicado gestionarlo todo. Probablemente están absolutamente desbordados. Por ello, se cometen actos ilógicos y todos tenemos que apechugar. Suelo decir que a nivel del Gobierno se han tomado una serie de medidas para ayudar a todos los artistas y grupos de creación, y que los ayuntamientos han reaccionado a tiempo y eso es actuar como un cierto amortiguador, porque no ha ocurrido como en 2009, que fuimos totalmente apartados y abandonados. Uno tiene que pelear mucho por ocupar su lugar y la importancia. El público está acudiendo, y es el público el que tiene que seguir demandando cultura.

¿Pero, hay tanta demanda?

Claro. La hay. Hay una demanda tremenda. Se está convirtiendo como en una exquisitez el que puedas disfrutar de un acto cultural.

¿Pero, no cree que ahí se podría acabar en algo que solo está al alcance de determinados grupos de privilegiados?

Tiene un lado bueno y otro malo. Todo lo que signifique exclusividad no es bueno, pero sin embargo hay una especie de: o andas listo, o no hay nada que hacer. Con las compañías locales ocurre que, como somos de aquí, la gente dice que ya nos verá. Pero ahora se ha revalorizado todo eso. Ahora hay que espabilar, porque es una situación anómala. Lo normal es que todo el mundo pueda acceder a la cultura.

¿Cuál es la historia que queda por escribir de Delirium a partir de ahora?

Las fuerzas no son las mismas, pero ya tenemos proyectos para afrontarlos y mientras sigamos funcionando bien Soraya y yo, y tengamos ganas de seguirnos formándonos y mejorando, hay futuro. Me siento cómodo haciendo teatro y creo que ya a estas alturas no sé hacer otra cosa. No creo que lo vaya a dejar.

 

 

 

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