FIRMAS Joaquín 'Quino' Hernández

OPINIÓN |El Bar de Pepe | Influencers | Joaquín Hernández

Redes sociales

Vayamos por partes, primero sepamos qué quiere decir esa palabreja: “Persona que destaca en una red social u otro canal de comunicación y expresa opiniones sobre un tema concreto que ejercen una gran influencia sobre muchas personas que la conocen”.

Ahora si empiezo a entender como existe tanto descerebrado en este puto planeta. Resulta ser que un individuo o individua que dice una serie de patochadas sobre cualquier tema es visto y oído por millones de personas que, por supuesto, creen a pie juntillas lo que esa gente les comenta.

Opinan sobre todo lo divino o humano, política, deportes, modas, salud, etc.

Sobre todo, de esto último, de la salud, son miles los “influidores” que pululan por las redes sociales hablando sobre el coronavirus y la pandemia del covid19, tanto es así que parece ser que un mamarracho de estas características tiene más credibilidad que el gobierno de la nación, que ya es decir.

Todos empiezan igual: “hola me llamo fulano de tal, (soy médico, enfermero, biólogo, etc.) y les vengo hablar del virus covid19, que ante todo es un bicho … y se pega el susodicho 10 minutos dando una charla plagada de incongruencias e idioteces que, si eres capaz de aguantar la perorata todo el tiempo, acabas mirándote al espejo y preguntándote si vives en el planeta tierra y eres un terrícola o procedes de otra galaxia, eres un extraterrestre o ninguna de las dos y lo que eres un gilipollas esférico. La verdad es que insultan la inteligencia de un mosquito.

Sin embargo, ese video del idiota de lujo llamado a la gloria se convierte en “viral”, o sea se propaga por las redes sociales con más rapidez que el covid19 en la vida real.

Da lo mismo, es igual si lo que dice está sacado de un monólogo del Club de la Comedia, si el guion es copiado de otros “videntes influenciadores”, el caso es insertarlo en WhatsApp, Twitter, Instagram, YouTube o la madre que las parió a todas. Luego viene el coñazo y te petan el móvil o el pc de porquería de videos que se repiten de unos a otros, al mismo tiempo los reenvías una y otra vez con la esperanza de ser el primero en dar la “importante opinión” del chorro o la chorra de turno. Gracias a esta gente yo he aprendido, por ejemplo, a como ponerme la mascarilla, a lavarme las manos o limpiarme el culo de la forma más efectiva y menos contaminante posible.

Influencers, lo que se dice influencers, siempre han existido, de otra forma, pero también, Luis del Olmo, Bobi Deglane, o Matías Prats padre, lo fueron. Puedo asegurar que José María García lo fue durante un montón de años, claro que con menos audiencia y muchísimo curro, cosa que esta gentecilla no hace, porque currar, lo que se dice currar, curran muy poco.

El “oficio” de influencers parece ser muy rentable, hasta tal punto que las empresas están empezando a apostar por este moderno estilo de marketing. “El marketing de influencia, o mercadotecnia influyente, es una forma de publicidad que ha surgido a partir de una variedad de prácticas y estudios recientes, enfocada más a los individuos que al mercado objetivo en su conjunto”. No es extraño pensar que la caída publicitaria en medios de comunicación tradicionales será evidente.

Estamos llegando a un punto de tal idiotez colectiva que el propio Gobierno de España ha contratado a varios “influyentes” españoles para que “influyan” en la juventud la utilización de mascarillas, el lavado de manos y la distancia de seguridad. Por lo que se deduce que los jóvenes españoles hacen más caso a lo que le aconseja un o una zoquete o zoqueta de turno (por mucho “trending topics” o influencers” que sean) que a los consejos de Pedro Sánchez y su Comité Técnico Sanitario.

Como esto siga así cualquier día uno de estos “gurús ilustrados” nos van a montar un pollo que no lo podrá solucionar ni el doctor Simón. Dios nos proteja ante tanto gilipollas y gilicoños sueltos, que del covid19 me cuido yo.

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