FIRMAS Joaquín 'Quino' Hernández

OPINIÓN | EL BAR DE PEPE | Rameras Puteadas | Joaquín Hernández

Prostitución

Nadie habla, ningún medio se ha hecho eco de del problema del colectivo de mujeres trabajadoras sexuales, las prostitutas no cuentan con ayudas, no están aseguradas como trabajadoras autónomas, no tienen sindicatos que las defienda o que hablen de sus reivindicaciones, o sea: las putas no existen o por lo menos no queremos que existan socialmente hablando.

Resulta curioso que la profesión más antigua de este planeta esté aún sin regular. En el siglo XXI las putas están más puteadas que nunca por una pandemia que ha puesto de manifiesto, una vez más, la fragilidad de su trabajo. El negocio de la prostitución está funcionando bajo mínimos, el cierre de varios puticlubs de carretera, puestos en cuarentena por infección del virus covid19, y la consiguiente confinación de las trabajadoras sexuales del establecimiento ha puesto, nuevamente, de relieve la falta de legislación de una profesión con siglos de historia.

El asunto tiene su estupidez política esférica y mentecata cuando en agosto del año 2018 se inscribió en el registro correspondiente y luego de su publicación en el BOE el Sindicato de Trabajadoras Sexuales, la ministra del ramo (me refiero a la ministra de trabajo) por aquellas fechas doña Magdalena Valero se mostraba muy cabreada, más que cabreada estaba caliente como un macho cabrío, a punto de perder la cornamenta dándose cornadas contra la pared de su despacho.

Por lo visto el cabreo y el pataleo viene motivado por el hecho de la inscripción y posterior publicación en el BOE del Sindicato de Trabajadoras Sexuales, que según la susodicha ministra le “colaron un gol” cuando el ramo de la cosa del currelo registró y público en el Boletín el sindicato de la organización llamada OTRAS (Organización de Trabajadoras/es Sexuales) o sea y llamado de forma coloquial; el sindicato de las putas y los putos de este país.

La Excma. Sra. Ministra del Trabajo decía, muy cabreada ella; «Me han colado un gol por la escuadra», «lo desconocía por completo», «no pueden imaginar ustedes los sentimientos que tengo en este momento», «el disgusto que me pillé cuando me enteré es uno de los más gordos que me he pillado a lo largo de mi vida profesional y política y llevo ya un cierto rodaje», ha declaraba con una cara de cabreo que asustaba al mismísimo diablo.

Tanto es así que ha solicitó a la Abogacía del Estado iniciara todos los trámites para “declarar esa resolución nula de pleno derecho”, lo que quizás no sabe la ministra es que en el BOE explicaba que el visto bueno al citado sindicato se produjo tras comprobar que el sindicato OTRAS reunía todos los requisitos previsto en la Ley Orgánica de Libertad Sindical, y en el Real Decreto sobre depósitos de Estatutos de las organizaciones sindicales y empresariales. La estupidez humana me sigue asombrando día tras día, precisamente, la ministra, por pertenecer a un “gobierno feminista” debería felicitar y felicitarse el hecho de legalizar formalmente el negocio más antiguo de este mundo.

El problema de la idiotez de las “defensoras a ultranza de la mujer” es pensar que todas las mujeres están siendo maltratadas por el macho cabrón, que “todas” las putas están siendo objeto de trata de mujeres, y que todas ejercen de rameras obligadas por las circunstancias, error monumental que nunca ha sido aceptado por ese colectivo, el “movimiento feminista”.

Las propias trabajadoras sexuales han manifestado su deseo de regular su profesión, se han declarado profesionales del sexo, y son mucho más que eso, además son psicólogas/os, psiquiatras y culpables de la relajación del hombre o la mujer, que no obtiene el placer sexual que demanda a su pareja. La prostitución como trabajo discriminado por la sociedad, ha estado durante siglos en el ostracismo, en las cloacas de las ciudades, dominadas por chulos, macarras, de bajos fondos y expuestas al peligro inminente del ocultismo de las calles de los polígonos industriales, de los extrarradios de las grandes ciudades, con las hogueras como compañía y el termo con café con leche para aguantar las largas horas del frio de la noche invernal.

Son muchos los factores que hacen que una mujer o un hombre se decida por vender su cuerpo al mejor postor, uno de ellos es el económico, el ganar dinero rápido y negro sin dar explicaciones a nadie. El cinismo de sucesivos gobiernos en España ha sido incrementar el P.I.B. con el negocio putero, obviando al colectivo que produce ese beneficio añadido a la economía española.

Ya era hora que empezáramos a colocar las cosas en su sitio, ni todas las putas quieren serlo, ni todas las que lo son están obligadas a serlo. Es bueno para toda la legalización de la prostitución a todos sus niveles, acabar con el puteo callejero, un mayor control sanitario, y el pago de impuestos, seguridad social como trabajadores autónomos, etc. dará forma y prestigio a personas que han decidido sacar provecho a lo que tienen, a su físico, al mismo tiempo que eliminaremos al chulo, macarra indecente y a toda la mafia que rodea ese mundo.

Oiga, señora, las putas también existen, pese a que no le guste.

 

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