FIRMAS Joaquín 'Quino' Hernández

OPINIÓN | De casta le viene al galgo: la saga de los Borbones | Joaquín Hernández

Foto: Facebook.

El primer rey de la Casa Borbón en España fue Felipe V, que sucedió a su tío-abuelo Carlos II de la Casa de Austria, con él empezó el reinado borbónico en nuestro país (1.700 al año 1.746) hasta el momento ha sido el rey más longevo de todos cuantos han pasado por el trono real, 45 años y 3 días.

Según cuenta la historia, Felipe V estaba obsesionado con el sexo, se paseaba con el camisón de su mujer, la reina. No se lavaba y cagaba por cualquier lugar del palacio real creyendo que era una rana, no se cortaba el pelo ni las uñas de las manos o pies, llegando al extremo de no poder andar.

Su sucesor e hijo Fernando VI, pegaba y mordía a sus subordinados a los que hacía heridas de consideración.

Bailaba compulsivamente desnudo y solo se calmaba tomando una buena dosis de opiáceos.

El siguiente fue Carlos III, un personaje un tanto siniestro. Se caso a los 22 años con Amalia de Sajonia que tenía 13 años. Estaba tan entusiasmado con las relaciones sexuales con la niña Amalia que iba contando sus episodios amorosos y como se desarrollaba en el tálamo real la sajona. Carlos II pasó a la historia por ser el único Borbón medianamente presentable, se rodeo con un buen equipo de ministros en los que delegó para poder salir de palacio a su afición favorita, la caza, tanto es así que se le conoce como Carlos II “el cazador”.

Le sucedió su hijo Carlos IV, también cazador como su padre, se dejaba influenciar por su mujer Maria Luisa de Parma, cuyo amante, Manuel Godoy fue favorito del rey y su primer ministro.  Un traidor a la corona, cuyos derechos cedió a Napoleón Bonaparte a cambio de 30 millones de reales anuales, precio de su patriotismo.

Después de expulsar a los franceses, el trono de España recayó en Fernando VII “el deseado”, considerado el peor rey de España (un honor por el que compiten otros descendientes) fue un vicioso y obseso sexual el que presumía de tener el pene tan largo como un bastón, no tuvo descendencia masculina y fue el que proclamó la Sanción que anulaba la Ley Sálica y que permitía reinar a su hija Isabel en lugar de su hermano Carlos, hecho que desencadenaría tres guerras con decenas de miles de muertos; las Guerras Carlistas.

Isabel II “la Isabelota”, heredó de su padre su apetito sexual, se cuentan por cientos los amantes, su madre Maria Cristina era la que manipulaba y gracias a su gran influencia y al negocio del ferrocarril reunió una gran fortuna, fue la primera Borbón en cobrar comisiones por su gestión.

El primer intento de acabar con la dinastía borbónica fue la revolución de la Gloriosa o revolución de septiembre, también conocida como la “Septembrina” que supuso el destierro y exilio de la reina Isabel II que dio paso al llamado “sexenio democrático”.

La muerte de Prim, la abdicación de Amadeo de Saboya y los conflictos de la Primera República, permitieron la restauración de la monarquía en la persona del hijo de la reina Isabel y un comandante de ingenieros valenciano, Enrique Puigmoltó. Alfonso XII, un bastardo llamado “el triste”, era un joven enfermizo y melancólico que, a diferencia de sus antecesores, recibió una formación más completa en diferentes países europeos, lo que no le impidió cometer algún desliz de pardillo que llevó a importantes problemas diplomáticos con Francia. Alfonso XII murió de tuberculosis y su esposa, la reina María Cristina, actuó como regente hasta la mayoría de edad de Alfonso XIII.

Alfonso XIII, también obsesionado con el sexo, tuvo una cuestión positiva: ser promotor del cine español, gracias a las películas pornográficas que financió de su bolsillo y que realizaron los hermanos Baños. Ahora están en depósito en la Filmoteca de Valencia, destacó por su ademán soberbio y su chulería, por su voluntad de no someterse a las limitaciones constitucionales, por su nefasta obra de gobierno, por los desastres militares, y por la dictadura de Primo de Rivera.

Su hijo Juan, padre del actual rey emérito, después del golpe de estado fascista, corrió a ponerse a disposición de Franco. El conde de Barcelona se afanó para volver al trono, y envió a su hijo Juan Carlos a España para que estudiara con los facciosos. ¿Qué mejor educación se puede dar a un hijo?

A pesar de los acercamientos del conde de Barcelona, ​​a la oposición moderada, el interés real de la familia no era el restablecimiento de la democracia, si no la restitución de su estirpe dinástica, por el medio y método que fuera preciso.

El rey Juan Carlos siempre tuvo en consideración al dictador; de hecho, no ha permitido que nadie hable mal de Franco en su presencia. Juan Carlos propició consciente o inconscientemente el golpe de estado del 23-F, hablando como un bocazas con sus generales de la situación política en España y de los cambios que serían necesarios. Los cambios se produjeron por vía de la destitución de Adolfo Suárez, pero el golpe ya estaba en marcha.

El rey Juan Carlos, como muchos antiguos antecesores suyos, ha tratado de engrasar su cartera y engordara su cuenta corriente, hasta acumular una fortuna que The New York Times estimó en 2.300 millones de dólares, todos en negro, porque no consta que haya declarado nada a la Hacienda española de sus ingresos extraordinarios.

Juan Carlos, como sus antepasados, ha practicado sin descanso dos de las aficiones que siempre han distinguido los Borbones: la caza y el sexo. Del sexo real de Juan Carlos se han ocasionado gastos extraordinarios pagados con fondos reservados para ocultar algunas de las numerosas aventuras que ha ido acumulando durante su reinado.

Tiene el honor de encabezar la lista de las estirpes reales europeas más taradas y despóticas. Y se han ganado esta plaza en la historia por méritos sobrados, vamos, que han puesto esfuerzo y ganas.

Felipe VI parece dispuesto a cambiar la saga, sabe muy bien que el futuro de la Casa Real dependerá de su actitud y aptitud, o cambia o le cambiaremos.

 

 

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