FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Interlocución firme y operativa en tiempos de zozobra | Salvador García Llanos

No va a ser fácil despejar las incertidumbres turísticas. La incipiente recuperación se ha visto frenada en cuestión de horas o de días y la desmoralización ha vuelto a cundir en el sector, al que le queda el desahogo contra los políticos como uno de los escasos recursos. Como si los políticos estuvieran interesados en que prosiguiera el caos y la industria se autodestruyera.
Claro que no es así. Pero también se entiende la desazón de los emprendedores, de los empresarios y de los profesionales que van acumulando reveses y se han estancado en el túnel porque no hay luz.
Lo ocurrido entre el sábado pasado y ayer pone de relieve, con noticias que eran adversidades y alimentaron la confusión, a partir de las recomendaciones de los gobiernos del Reino Unido y Alemania de no viajar a España –y el de Francia a Catalunya- dadas las incógnitas que despertaban los rebrotes de la COVID-19, la necesidad de moverse con prontitud y diligencia, procurando evitar la precipitación e incurrir en actitudes negativas extremas que en nada contribuyen a la búsqueda de soluciones que dependen de muchos factores y de algunas decisiones que no son fáciles de tomar en climas de presión, tensión y confusión. Ingleses y alemanes tienen cultura de vacaciones, hacen sus reservas con notable antelación. Luego hay que desbloquear los procedimientos y los trámites hasta su asiento en el avión y su llegada al hotel.
Habrá que ir fijando la interlocución. Se comprende que cada quien quiera las soluciones más favorables para su ámbito pero hasta ese es uno de los factores que complican las alternativas. Los sectores público y privado están condenados a entenderse porque las circunstancias así lo requieren y hay mucha gente que necesita orientación para saber hacia donde guía los pasos. Nadie se opone a la libre voluntad de asociarse para la defensa de intereses sectoriales y empresariales, para tratar de ganar peso en las coordenadas donde se libran disputas de intereses, para participar, en fin, en cualquier controversia, pero llega un momento en que es necesario sacrificar lo que sea, renunciar a lo que sea con tal de unificar criterios para defenderlos ante quien proceda y saberlos defender.
La iniciativa de constituir un grupo representativo que, programa en mano, viaje al Reino Unido, se entreviste y se reúna con distintos ámbitos institucionales –también con las compañías aéreas, no se olvide- para hacer ver que la realidad insular es distinta y que invita a establecer excepciones, es plausible pero requerirá una coordinación exquisita. Solo la unidad de acción será una palanca de persuasión y garantizará el éxito.
Por lo demás, no hay que dar muchas más vueltas: hasta que lleguen las vacunas, hay que extremar las medidas de cautela –¿es tan difícil homogeneizar la realización de los tests?- e insistir con las autoridades locales para la estricta aplicación de las medidas correspondientes, que mucho de irresponsabilidad y de negligencia en sectores de la población civil hemos visto desde que acabó el confinamiento.
No hay tiempo que perder. Pero hay que ser operativos. Sabiendo lo que se necesita y lo que se quiere. He ahí el secreto de esa interlocución firme y sólida, antes que entretenerse echando culpa a políticos.

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