FIRMAS Joaquín 'Quino' Hernández

OPINIÓN | Graduado en periodismo | Joaquín Hernández

El caso es el siguiente, la facultad de la Universidad de la Laguna de Ciencias de la Información gestiona un curso de “Graduado en Periodismo”. Esta graduación va destinada, según su página web, a Profesional del periodismo en cualquier soporte mediático tradicional o electrónico que desarrolla su actividad mediante los géneros creando contenidos periodísticos. Comprende las tareas de redactor, reportero, presentador y director de uno o de varios de ellos, incluido el diseño escritura y ejecución de guiones de reportajes y documentales audiovisuales o multimedia.

Para el curso 2021/2022 se prevén 350 solicitudes de ingreso. El problema es que la Consejería de Cultura, la Universidad o quien corresponda no ha dotado de presupuesto suficiente a la facultad de Ciencias de la Información para atender a la gran demanda existente, por lo tanto, han tenido que montarse el famoso “números clausus” o sea que solamente 80 plazas son las convocadas.

El criterio para la adjudicación de las admisiones ha sido algo que se ha hecho sin atender a los criterios antes mencionados, o sea eso de ir dirigido a los profesionales de los medios de comunicación y a los vocacionales es, simplemente, falso. O sea, una mentira más de nuestra Universidad de La Laguna. Desde luego poco han tenido que pensar el claustro de profesores de la Facultad de Ciencias de la Información para admitir a los 80 “empollones” y futuros graduados en periodismo, más bien nada. Se han limitado a sopesar las clasificaciones de la PAU, es decir, aquellas personas que con nota media más alta han conseguido el “pase” para la Universidad.

El corte ha sido grande, la nota media ha sido de un 8,60.

El problema es que los verdaderos profesionales, con nota más baja, se han quedado fuera, por ejemplo: Unos jóvenes que han estado estudiando carreras alternativas y que tienen una experiencia acumulada en medios de comunicación social de más de 18 años, ejerciendo el periodismo a pleno rendimiento, bilingües, y contrastada su profesionalidad se han quedado fuera. De manera que un alto porcentaje de los 80 admitidos, posiblemente, no terminaran los estudios y abandonaran, otro tanto repetirá, y los menos saldrán con su graduado sin tener pajolera experiencia y algunos de ellos ni siquiera vocación.

Y yo me pregunto ¿Cómo es posible que no atiendan con preferencia aquellos profesionales que están ejerciendo el periodismo sin titulación alguna? ¿No sería mejor tener en cuenta el currículum profesional de aquellos aspirantes antes de su nota media?

La falta de criterios, la mediocridad en la toma de decisiones, la falta de recursos, el engaño premeditado, está proporcionando un descredito absoluto a la Universidad de la Laguna.

Nuestro Gobierno de Canarias, cristal y espejo de las angustias de nuestra sociedad, reacciona de forma admirable concediendo subvenciones y ayudas a Colectivos culturales afines a “sus ideas” y parece que pasa olímpicamente de las demandas de nuestros jóvenes universitarios limitando ayudas que den adecuada repuesta sus pretensiones de futuro profesional.

En todo caso, es posible que se pueda impugnar la selección de los admitidos, toda vez que no se ha tenido en cuenta el criterio de los perfiles que se consideran óptimos para la graduación de periodismo. El agravio comparativo ya existe. El mal causado también.

Si nuestros gobernantes se dedican a financiar conciertos de salsa, carnavales, fiestas del orgullo gay y otras monerías por el estilo, apaga y vámonos, y vámonos de aquí a otra parte donde otros gobernantes no hagan el cretino con nuestro dinero. Las Asociaciones de Periodistas tendrán mucho que decir y hacer para que los futuros profesionales periodistas por vocación, no por tener el carné,

Lo más sorprendente de este asunto es el hecho constatado que de cada 10 periodistas licenciados o graduados en la facultad de Ciencias de la Información de la ULL, 7 suspenderían un dictado ortográfico de dos folios. Sigamos apartando la vocación y premiemos la mediocridad, es lo de siempre.

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