FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Mercadillo | Francisco Pomares

Cosas veredes: Nueva Canarias se abstuvo ayer en la votación de la quinta prórroga del estado de alarma pedida por el presidente Sánchez. No es una abstención cualquiera: Nueva Canarias se define a sí misma como un partido de izquierdas, y su trayectoria en los últimos años ha venido definida precisamente por una alianza electoral con el PSOE que convirtió a Pedro Quevedo, integrado en las listas del PSOE, en diputado (ahora lo es gracias a otra alianza, con Coalición Canaria). Pero, además, Nueva Canarias gobierna con el PSOE en las islas –con Román Rodríguez como vicepresidente del Gobierno y superconsejero de Hacienda– y forma parte de la mayoría que ha sostenido al Gobierno desde la moción de censura a Mariano Rajoy, las investiduras fallidas de Sánchez, la última investidura, la práctica totalidad de las votaciones planteadas por el PSOE en el Congreso, incluyendo la del estado de alarma y sus cuatro primeras prórrogas.

En esta última, Nueva Canarias se ha abstenido (sin sacar nada, no como Bildu) y ha exigido a Sánchez que su Gobierno apruebe políticas específicas para Canarias, y que autorice el uso del superávit ante lo que calificó como «pandemia socioeconómica». Por cierto, que llama la atención que Quevedo siga pidiendo la autorización de gastar el superávit que Román Rodríguez nos dijo que ya le habían autorizado. O Román se inventó la autorización, o el otro estaba despistado y no se ha enterado bien de qué dice su jefe que pasó en la reunión virtual que tuvieron Torres y él con la ministra de Hacienda.

La cosa es que venimos escuchando desde hace ya un par de meses que en Nueva Canarias no están contentos con la parca atención de Madrid hacia los asuntos de aquí, y que eso puede ser el inicio de una crisis tantas veces pronosticada en el Gobierno de Canarias, porque Román es mucho gallo para tener competencia en el gallinero. Yo no me lo creo en absoluto: lo que ocurre es que los socios tradicionales del PSOE en esta etapa están bastante cabreados por la ‘geografía variable’ con la que Sánchez se aferra al poder. No sólo ERC está cabreada porque Sánchez se apoye en Ciudadanos para apoyar sus prórrogas. Quevedo está que trina por los mimos del ministro Ábalos a Ana Oramas, o de la ministra de Trabajo a Fernando Clavijo en el Senado, y por el ‘regalo’ de la prórroga de los ERTE en turismo hasta diciembre, que Oramas se apuntó a cambio de su voto a la cuarta prórroga, mientras él andaba despistado. Aquel voto de Quevedo le salió gratis a Sánchez, y lo que ha querido demostrar ahora es que su voto también hay que pagarlo. Con algo.

Quevedo no es el único que padece un ataque de cuernos por la nueva relación entre el PSOE y Coalición. Su jefe, Román Rodríguez, se cogió también mayúsculo rebote cuando Torres y Clavijo participaron en un debate digital a dos, organizado por este periódico, para hablar de pandemia y reconstrucción. Después del encuentro, habían quedado Torres y Clavijo para almorzar, pero Román se enteró y el almuerzo fue suspendido por Torres porque Román se subía por las paredes.

Y con estos mimbres aramos: el estado de alarma, que se supone asunto de seguridad y salud pública, se mercadea por prórrogas. En la última, la abstención de Bildu en la votación fue a cambio de acelerar la derogación de la reforma laboral del PP, con el compromiso de aprobarla ya, durante el estado de alarma. Luego el PSOE se arrepintió, pero en Ciudadanos se enteraron después de votar a favor a cambio de nada. Arrimadas viene de un Parlament en el que todos debaten el ser o no ser de Cataluña. Aún no ha aprendido que Las Cortes son una feria de rebajas y oportunidades.

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