FIRMAS Joaquín 'Quino' Hernández

OPINIÓN | El bar de Pepe (a puerta cerrada) 2.020, el año que vivimos peligrosamente | Joaquín Hernández

En el año 1.992 realicé, para Radio Nacional de España, el guión, dirección y presentación, del primer programa monográfico sobre el turismo en Canarias, en realidad hasta esa fecha jamás se había tratado, tan profundamente, la problemática del sector turístico en España.

En dicho programa intervinieron distintos personajes, desde las agencias de viajes a las de alquiler de vehículos, transporte aéreo y marítimo, asociaciones hoteleras, restauración y ocio, el por entonces insipiente “hospedaje en tiempo compartido”, proveedores, autoridades, etc. etc.

Recorrí todas las islas, un verdadero esfuerzo de 6 meses de programación de lunes a viernes de 2 a 3 de la tarde en frecuencia modulada. En el espacio radiofónico, pionero en su temática en todo el territorio nacional,  asistieron destacados personajes de la política, alcaldes, presidentes de cabildos y del gobierno autónomo, entre estos recuerdo la entrevista que realice a D. Jesús Gil y Gil, alcalde de Marbella, de triste recuerdo, el cual me dijo: “El turismo es el mejor revulsivo de la economía de un país, y el más rápido para crear empleo, mueve todo: desde la construcción hasta la venta de condones y braguitas”. Por aquel entonces Marbella subía como la espuma y tenía asegurado el Overbooking a 10 años vista.

Antes de iniciar el programa piloto, advertí a mis oyentes que les iba hablar de la 1ª industria de Canarias, el turismo, que siempre creí que era la economía de la “cuerda floja”, en cualquier momento se iba a producir la debacle y nosotros deberíamos estar preparados para afrontar la crisis que se nos viniera encima. Nuestro producto interior bruto no podía estar basado en un 85% del turismo, era una locura y tendríamos que aprovechar esos ingresos, no solo para crecer en infraestructura hotelera, autopistas, aeropuerto, puertos y comercio, también era súper necesario crear e incentivar la industria de la transformación, el sector primario, abandonado por los trabajadores del campo por la hostelería, la pesca y la ganadería serían importantes recursos a poner en marcha cuanto antes mejor.

Nadie parecía hacer caso, en los terrenos donde antes servían para plantar tomateras, plataneras, o papas, ahora se elevaban las grúas levantando cemento y hoteles. Los solares pasaron de rústicos a urbanos en un santiamén, la rapidez dependía del maletín y los millones de las antiguas pesetas que se repartían el alcalde, concejales y funcionarios del ayuntamiento correspondiente.

Les puedo dar un dato: Un solar en Torviscas (sur de la isla de Tenerife)  de 10.000 metros cuadrado con una volumetría construida de dos plantas (o sea bungalows de 1 o 2 habitaciones, baño, comedor, cocina y terraza) el precio de salida era de 230 millones de pesetas, la empresa que lo adquirió,  a los 6 meses vendió el 50%, unos 5.000 metros cuadrados, por 750 millones de pesetas, de forma que no solo recupero la inversión, además obtuvo beneficios por 500 millones de pesetas que sirvieron para la construcción de 100 unidades de bungalow.

Negocios de ese tipo eran muy normales, se trataba de comprar y esperar que el de al lado construyera primero o terminase antes de empezar, la zona cobraba un valor increíble. Otros se dedicaban hacer una opción de compra y un proyecto de apartamentos turísticos, los tour operadores ofrecían la financiación anticipando el 50% del valor total de la construcción  siempre y cuando tuvieran asegurado la explotación hotelera durante 5 ó 10 años, contando un mínimo del 25% del total de unidades de apartamentos construidos.

Las Islas Canarias se convirtieron en El Dorado de Europa. Los apartamentos se vendían con colas de turistas en la caseta de obra, cogiendo número como en el puesto de la pescadería en el supermercado.

El Turismo creó riqueza, no repartida, no para el pueblo, y a pesar del enorme crecimiento económico de las islas, alguno años se incrementó el PIB en más de un 8%, siendo la media nacional del 2,5%, el desempleo siguió y sigue siendo de los más altos de España y de la Unión Europea. Las ganancias de los 15 ó 17 millones de turistas siempre se fue más allá de nuestro horizonte, aquí se quedó poco y para muy pocos.

Ahora nos encontramos ante lo que siempre, algunos, supusimos podría ocurrir. El hundimiento total del sector, de nuestra primera industria, motivado por una pandemia mundial acabará nos abre une escenario lleno de incertidumbres difícil de predecir. El paro obrero ha aumentado un 100% en el primer mes de cierre turístico, las principales zonas donde en estás fechas estaban repletas de publico, aparecen totalmente vacías, desoladas y abandonadas. La miseria se huele en las islas y solo la ayuda estatal y los fondos de cohesión social de la Unión Europea, o mejor dicho un Plan Marshall especifico, no solo para las Islas Canarias, también para la Costa Azul francesa, o el Algarbe Portugués, o las Islas Griegas, Baleares o Costa Brava, Dorada o del Sol,  millones de personas que viven de aquellos que vienen de vacaciones.

No sabemos cuando acabará este drama de muertes y zozobra, pero si sabemos que salir de esta crisis costará muchos años y mucha ayuda para engrasar y poner en marcha esa industria de la cuerda floja llamada turismo

Ahora es cuando debemos empezar a mirar más lejos de nuestra nariz, a dejar de pensar en nuestro asqueroso ombligo y volver a reconstruir nuestro sector primario, no hace falta inventar nada, hace falta voluntad y saber que los beneficios  del turismo tienen que servir para impulsar otros sectores productivos, el sector servicios no puede ni debe acaparar el 80% del empleo en las islas. Volver al pasado con la tecnología del presente es el objetivo de Canarias, debe ser nuestro principal preocupación, entre otras cosas porque es inaudito la dependencia del exterior en materia alimenticia, el 80% de lo que necesitamos proviene de importaciones, la exportación de productos agrarios con respecto a los años 80 del siglo pasado ha disminuido un 60%, exportamos cemento y de seguir así acabaremos comiendo cemento.

O cambiamos o nos cambian, no hay otra. Que nos sirva tanta desgracia colectiva para saber que el turismo tiene su lado oscuro, poner todos los huevos en la misma cesta es correr el mayor de los riesgos.

 

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