FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Periodismo necesario | Salvador García Llanos

Puerto de la Cruz | Foto: Moisés Pérez.
“Cuando el periodismo es más necesario que nunca, la publicidad prácticamente ha desaparecido”, ha dicho el presidente de la Asociación Mundial de Periódicos y Editores (WAN-IFRA), Fernando Yarza, quien, con otro mensaje directo, “comprar periódicos es cada vez más complicado”, pone de relieve la delicada tesitura a la que se enfrentan los medios de comunicación en plena pandemia y en los escenarios que de ella se derivan.
Por eso, la cabeza visible de los editores de prensa ha demandado apoyo económico de las instituciones, una de las escasas vías que incursionar para intentar evitar el hundimiento: “Necesitamos financiación a corto plazo, liquidez y un puente que nos permita llegar hasta el otro lado del río sin ahogarnos en el intento”, añadió Yarza. Habrá que bracear para mantenerse a flote y luego recuperarse, de manera que las empresas mediáticas pasan del debate sobre el cambio de modelo de negocio, en el que se estaban adoptando las primeras grandes decisiones estratégicas, a la lucha por la supervivencia. Y esta no será fácil si los responsables de los poderes públicos no corresponden a las solicitudes que están llegando y llegarán desde el propio sector. Yarza ha sido contundente al señalar que es el momento de que las autoridades y gobiernos demuestren “el compromiso con la libertad de expresión y el derecho a la información”.
Hace unas pocas semanas, cuando se desataba la crisis, escribíamos que era en las situaciones críticas donde se ponía de relieve la función social y responsable del periodismo. La importancia de su papel en las adversidades colectivas, sobre todo cuando tienen una dimensión inusitada, se contrasta en circunstancias como las que concurren. Los medios de comunicación están haciendo auténticos esfuerzos, ya en el alambre, para seguir dando cobertura a la actualidad, en sus distintos frentes informativos. Están en una primera fase de reajuste interno de cometidos y de los modos para seguir produciendo los contenidos. Imposible saber hasta cuándo puede durar porque algunas empresas ya han iniciado la tramitación de expedientes de regulación temporal de empleo (Ertes); pero será difícil mantener el nivel y los estándares de calidad periodísticos si se pierden puestos de trabajo.
Los ciudadanos tienen derecho a disponer de información pues ésta se ha convertido en una necesidad. Los aumentos exponenciales de estas semanas en consumo telefónico y mensajería, así como de la televisión, reflejan la magnitud de tal necesidad. La repetición de que no se conoce una incertidumbre igual desde la Segunda Guerra Mundial, hasta representar un reto para la humanidad, ha terminado convirtiéndose en un tópico. El periodismo, en ese contexto, es primordial. Y para ejercerlo, para verlo reflejado en cualquiera de los soportes que lo acogen, se necesitan bases sobre las que asentar productos dignos.
En nuestro país, la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) ha solicitado también al Gobierno un plan específico de ayudas que sirva para impedir que las empresas editoras cierren y se desate un proceso de despidos generalizados. Se trata de garantizar la supervivencia de los medios y de los puestos de trabajo. La citada organización profesional ha alertado que el periodismo, “uno de los pilares de la democracia, no puede permitirse una repetición de la crisis del decenio de la recesión, donde el sector de los medios fue uno de los más golpeados, con trece mil empleos perdidos y decenas de empresas cerradas”.
Convenimos en que el Gobierno debe considerar el impagable servicio público que, en esta durísima crisis, “están prestando a la sociedad aquellos medios que apuestan por la información veraz, verificada y contrastada con fuentes fiables, base del periodismo de calidad, que es sin duda la mejor barrera contra las noticias falsas, los bulos y los rumores que tanto daño están haciendo a la personas y a la democracia”.
El editor Yarza, en este mismo sentido, se ha referido al servicio público que prestan los medios y que no puede desaparecer. Es un servicio esencial, expresión tan de moda este pasado fin de semana a raíz de otra decisión del ejecutivo. Subraya: “No podemos cesar en nuestra actividad. (…) Eso sería traicionar a la sociedad que ahora mismo nos necesita”. Y ha puntualizado que no están hablando de “beneficios, ni de cuentas de resultados” sino de supervivencia: «Mantenernos vivos para continuar con nuestro compromiso de apoyo a los ciudadanos” y “al sostenimiento de la democracia”.
¿Cambiará el mundo? ¿Se normalizará la situación? Sin periodismo, cabe dudarlo. Es necesario.
Día 15 de la alarma
Tan temprano es pronto para apreciar el cambio horario pero, como todo, habrá adaptación. Seguimos la misa televisada por La 2 desde una capilla en la que solo hay una persona. La resurrección de Lázaro, el anticipo de la muerte de Cristo, dice el arzobispo oficiante en homilía. Es cuaresma en cuarentena.
A mediodía, por empeño del profesor Guerrero Lemus, que obra el milagro de la conexión, también visual, participamos en una conversación en la que se analiza la evolución de la pandemia, en casi todas las escalas, poniendo el acento en las repercusiones. Contamos las vivencias y las impresiones personales.
Pero en el Puerto también se habla de balcón a balcón. Le sugerimos a Agustín González, vicedirector de Diario de Avisos, que encargue una foto de esa que mantienen dos mujeres de dos edificios a los que solo separa la calle Nieves Ravelo. Se las escucha desde los alrededores.
Cecilia Domínguez Luis, premio Canarias de Literatura, nos sigue obsequiando con sus estrofas críticas y vitalistas en una red social. ¡Ay, las redes! Cuánto mayor valor tendrían con aportaciones como la de la poetisa, con testimonios fundamentados, con criterios respetables y respetuosos. Pero no. La de descalificaciones y denuestos que circula está haciendo desistir a mucha gente que anuncia su hartazgo, se despide y no quiere saber nada, al menos durante este período cuya motivación principal debería estar centrada en el ánimo recíproco.
La división europea se va acentuando. La situación es crítica, no es hora de egoísmos pero se han desatado. Vuelve el euroescepticismo. Alguien bromea con la foto en que se agolpan centenares de coches que quieren acceder a México desde Estados Unidos desde un punto fronterizo. Las vueltas que da la vida: hasta hace nada, era al revés con el inefable muro de Trump.
Apoyo sindicalista y critica empresarial confluyen en la decisión gubernamental de restringir la actividad laboral. Solo la esencial. Más o menos, la indispensable para resistir en la economía de guerra que ya se aprecia. Que nadie dude: se trata de salvar vidas humanas, primer gran objetivo. Prioritario.
Dos hechos que llaman la atención, en medio del imponente silencio nocturno dominical: uno, seis meses de cárcel para un vecino portuense por desobediencia: burló el confinamiento hasta en cuatro ocasiones y desafió a los policías actuantes. Y dos, se espera disponer en las próximas horas del hospital de campaña con ciento ochenta camas que el Cabildo Insular instala en el recinto ferial de la capital tinerfeña.
De la incomprensión a la solidaridad palpables.

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