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OPINIÓN | El abogado del diablo | José Garavito

Alguien siempre tiene que ser el abogado del diablo, nunca falta alguien así, y en esta ocasión, voy a ser yo.

Pensemos por un momento; entiendo que lo lógico es enviar mensajitos de esperanza, de que vamos a salir adelante, que la esperanza es lo último que se pierde. Pero, si en vez de este tipo de mensajes de tanta buena voluntad, nos ponemos a pensar mal, mi madre siempre me dijo “piensa mal y acertarás”.

No les parece extraño que, en China, cuna del coronavirus, un país que cuenta con más de mil trescientos millones de habitantes, que, además, es el país en donde (sorpresivamente y aún sin confirmar), un infeliz le dio por comer murciélago y que semejante acto carnívoro, haya despertado una pandemia a nivel mundial, y que países con muchísima menos población y hacinamiento, tengan una mortalidad muy superior al país asiático y que estos ya casi tengan bajo control la situación. ¿Tendrán una carta que nosotros no jugamos?

Desde que el mundo es mundo, ha existido el deseo de la supremacía de una raza sobre otra, sea por temas religiosos, o por creerse una raza superior (como fue el caso de Hitler y su pandemia de la raza aria) Les dejo eso para reflexión.

Y si en vez de quedarnos aferrados a la idea de que todo va a volverá a ser como antes -cosa que realmente dudo- al igual que dudo de muchas creencias medio de fábula con la que ha crecido la humanidad, nos damos por sentado de una vez por todas, que el mundo, como lo conocimos y vivimos hasta hace unos días atrás, se acabó.

No hay que ser pitonisa para sacar esta conclusión, el mundo ya no volverá a funcionar como antes, ninguno de nosotros volveremos a relacionarnos con los demás como antes, porque día a día el miedo al posible contagio estará presente, eso es una realidad que se hace parte de nuestras vidas, sin querer darnos cuenta.

Las empresas no volverán a dar el servicio como antes, todo se volverá cada vez más y más telemático, impersonal, los besos, los abrazos, estrecharse de manos, hablar de cerca o como se dice ‘románticamente’ hablar al oído, solo pasará si esa persona puede comprobar que no está infectada, todos viviremos bajo esa premisa y la desconfianza porque, queramos o no, esto se hará parte de nuestra supervivencia.

Pero, antes de hablarles de la situación nuestra en las Islas Canarias, les dejo una reflexión sobre el origen de la pandemia Convid 19, eso de que el hombre que se comió el murciélago, dando paso a este puto desastre …¿no les suena un poco a cuento chino?.

Bien, ya bajo estas premisas, quiero hablarles de nosotros, de todos los que convivimos en estás maravillosas islas que, realmente, creo que se le cayeron a dios de la mano, de lo bellas y espectaculares que son todas.

Ahora, siguiendo y usando el raciocinio que debe preponderar ante el instinto de supervivencia, una de las cosas de lo que siempre nos hemos quejado, es la lejanía y el aislamiento de la península, y esa es hoy día, es nuestra mejor carta para ser una de las comunidades menos afectadas.

Creo, repito, el instinto de supervivencia me dice que debemos cerrarnos en banda, hasta tener un control real de lo que pasa y pasará en el resto de España (un panorama desalentador con pocas miras a terminar en 15 días), estoy seguro que debemos prepararnos para autoabastecernos con nuestro sector primario, que, aunque les suene raro, el sistema comercial y social, mutará, para hablar en términos de virus.

La sociedad está cambiando, el comportamiento humano después del confinamiento no volverá a ser el mismo en ninguna parte del planeta, así que, debemos dejarnos aconsejar por las personas más preparadas, -y esto sin tintes políticos, ya no cabe esa diferencia- tenemos que abocarnos a que el campo, la pesca, la ganadería, deberán ser lo más importante a desarrollar para asegurar el bienestar de la población de las islas.

Que la próxima vez que se abran hoteles, debemos tener un nuevo turismo, estos viajeros serán controlados y supervisados desde la sanidad, los aviones se deberán construir o modificar con una cierta distancia entre pasajeros, lo que hoy día no tienen, las aeromozas tendrán nuevos trajes, todos viajaran con mascarillas y guantes (costumbre adoptada por los asiáticos desde hace muchos años), y estos deberán ser recolectados para luego ser destruidos al final de la travesía. Con el tiempo algunas cosas volverán, pero lo harán de manera diferente, así que, esas cadenas hoteleras que quieran seguir manteniendo sus instalaciones en las islas, deberían tener plantas de tratamiento para sus aguas negras, no se puede seguir llenando el mar de la mierda de los huéspedes; al igual que los municipios también deberán tratar sus aguas, por ejemplo.

El 90 por ciento del personal debería ser residente de las islas, hay que generar empleo a granel, y el 90 por ciento de los productos usados tendrán que ser producidos aquí, si queremos retomar el aparato productivo de Canarias.

Podemos convertirnos en un modelo a seguir, podemos ser pioneros en lo que a seguridad, sanidad y productividad se refiera, esto si queremos conseguir progreso en este nuevo mundo.

Si algo quedó comprobado con esta experiencia que estamos viviendo, es que las decisiones hay que tomarlas a tiempo para que tengan efectos positivos para todos. Y para terminar con otro refrán popular, ‘Guerra avisada, no mata soldado y si lo mata, es por descuidado’.

 

 

 

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