FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | La guerra de las vacunas | Francisco Pomares

Nuestro gozo en un pozo: después de los anuncios realizados por China y Estados Unidos de contar ya con vacunas viables contra el coronavirus, los expertos han asegurado que la vacuna no estará universalmente disponible hasta –al menos– dentro de un año. Es difícil, pues, que pueda servir para evitar un regreso triunfal de este bicho asesino en la próxima campaña de la gripe. Chinos y estadounidenses tienen la vacuna preparada para ser probada clínicamente, y pugnan agresivamente por ser los primeros en presentarla testada y efectiva, recordándonos la pelea entre el virólogo de la Universidad de Maryland Robert Gallo y el investigador del Instituto Pasteur Luc Montagnier, a cuenta de quién de los dos había identificado primero el VIH, virus responsable del sida. Gallo logró hacerse inicialmente con los galones del descubrimiento, pero esa primogenitura apestaba: en 1994, EEUU reconoció oficialmente que fue Francia quien descubrió el virus.

Ahora las cosas están aún peor: mientras se abren gigantescos repositorios de datos y estudios de libre acceso a todos los investigadores, el planeta entero confía en la colaboración científica para la erradicación del Covid-19, y China ofrece entregar su patente –cuando esté lista– a cualquier país que la solicite, EEUU vuelve a demostrar que lo que cuenta es la pasta: tras una visita del director ejecutivo de CureVac a la Casa Blanca, en la que se reunió con Donald Trump, el vicepresidente Pence y miembros de comisión estadounidense contra el coronavirus, el New York Times publicó que EEUU había ofrecido mil millones de dólares a ese laboratorio farmacéutico alemán a cambio de los derechos de una vacuna que a partir de entonces solo estaría disponible en Estados Unidos. El intento de comprar a golpe de talonario las investigaciones realizadas en Alemania, muy avanzadas, fue frustrado por el Gobierno alemán, y provocó el cese fulminante del director ejecutivo de CureVac, Daniel Menichella. Pero Trump sigue empeñado en ganarle la pelea a los chinos: en su reunión con los directivos de las farmacéuticas americanas, les exigió una vacuna que esté lista ante de las elecciones presidenciales del próximo noviembre…

Por desgracia para todos, Trump se va a quedar con las ganas de presentar ese triunfo a sus conciudadanos: la preparación de una vacuna requiere de ensayos clínicos que no pueden acelerarse, para evitar que se produzcan efectos secundarios sobre los pacientes que la utilicen. Los más de veinte grupos de investigación que intentan desarrollar una vacuna contra el Covid-19, incluyendo los más avanzados en sus investigaciones –China, EEUU y Alemania– son perfectamente conscientes de la dificultad de poder concluir la comprobación clínica de esa vacuna antes de principios del 2021. Y luego habría que producirla masivamente –miles de millones de dosis– y distribuirla.

Hasta que la vacuna llegue, que llegará, o lleguen los primeros tratamientos que funcionen contra el coronavirus, habrá que seguir resistiéndose al contagio: cumplir las restricciones del confinamiento, cuidar la higiene al máximo, mantener la distancia de seguridad y cruzar los dedos.

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