FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Un Estado más fuerte | Francisco Pomares

Al margen de la explicación de los pormenores de la crisis, la decisión de decretar el estado de alarma, el confinamiento de los ciudadanos que no trabajan y el plan de choque para evitar el colapso de la economía, Pedro Sánchez se dirigió ayer a un Congreso prácticamente vacío para reclamar la necesidad de un Estado «mucho más fuerte».

Se trata, sin duda, de algo que creemos necesario muchos ciudadanos, que pensamos que el Estado y sus políticas en sanidad, educación, bienestar social y reparto de la riqueza se ha sacrificado en los últimos años al discurso del marketing, y a políticas centradas en otras preocupaciones: los gobiernos -en España tenemos hasta 18- actuaron a partir de un discurso ideológico: los de la derecha se centraron en la recuperación de la crisis económica de 2008, con más énfasis en la salvación de las cuentas públicas que en las de los ciudadanos, sacrificando servicios públicos esenciales. Y los gobiernos de Pedro Sánchez apostaron por políticas reivindicativas, con especial preocupación por la igualdad y la perspectiva de género, el ajuste de cuentas con el pasado y por medidas muy aplaudidas pero poco testadas, como las subidas del salario mínimo?

En realidad, ni la derecha ni la izquierda tuvieron estos años demasiado interés en salvar el Estado de su propia decadencia como principal valedor de la cohesión social y territorial. Ocupados en debates sobre si España es en realidad un Estado sólido, líquido, gaseoso, plurinacional, confederal, mediopensionista o equidistante, las competencias principales del Estado y sus organismos -las Comunidades Autónomas son Estado, mal que pueda pesar a los independentistas catalanes-, fueron gibarizadas por la crisis y entregadas al cantonalismo, en el que unos y otros se apoyaron para gobernar España cada vez que fue necesario.

Llegada la crisis más grave a la que la humanidad ha hecho frente desde la Segunda Guerra Mundial, lo que descubrimos es que nuestro país -este al que algunos seguimos llamando España y no ‘Estado español’- perdió en el camino del ajuste fiscal y las políticas de marketing una parte muy importante de su capacidad de reacción ante contingencias imprevistas, como esta pandemia.

Pero no nos castiguemos más: toda la Europa continental ha reaccionado de forma parecida, y, si los países asiáticos han demostrado mucha más capacidad para responder a la crisis sanitaria, es porque estaban avisados: llevaban preparándose desde el terrorífico brote del SARS de Cantón y su diez por ciento de letalidad, surgido en 2002 y que en 2003, cuando fue erradicado, se había extendido por todo el sudeste asiático, llegando a Europa y América. A veces miramos a Asia con un desdén conmiserativo, y lo cierto es que sus sociedades parecen funcionar mejor que las nuestras en muchas cosas: son más productivas, menos individualistas, responden confucianamente al interés colectivo, con gran disciplina social, y han asumido la importancia de la tecnología en la vida cotidiana.

Si la propuesta de crear un Estado «mucho más fuerte» consiste en multiplicar el número de empleados estatales y el gasto público, mal vamos. Porque no se trata de eso: un Estado más fuerte es un Estado con una sociedad más cohesionada, más igualitaria, mejor educada, más tolerante, más innovadora y creativa, más cumplidora de las leyes, y más orgullosa de su éxito. Esa es la sociedad a la que debería encaminarnos esta catástrofe mundial cuando por fin termine. Una sociedad que sea capaz de afrontar otros retos -también planetarios- que están ya a la vuelta de la esquina: el calentamiento global, o la pérdida masiva de empleos.

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