FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Incertidumbre económico-financiera | Salvador García Llanos

Se encuentran las dos fases de la pandemia: la que tiene que ver con la salud pública, las consecuencias contabilizadas en todo el mundo -solo China y Corea parecen ver algo de luz- y la repercusión económica. Los efectos de esta ya se notan y un aire de pesimismo invade los sectores productivos, el turismo por supuesto. En Canarias, aunque seguimos sin cifras oficiales y sin porcentajes concretos, ya se habla de cancelaciones masivas, de expedientes de regulación temporal de empleo (Ertes), de vacaciones anticipadas y hasta de cierre de establecimientos.
Se han movido las centrales sindicales que deben pertrechar a sus respectivos comités de empresa para saber cómo deben actuar. No se trata de salvar los muebles sino de crear conciencia y hacer ver a la clase trabajadora que la situación les concierne directamente. Y que si en algún momento ha habido necesidad de acreditar unidad y madurez para encarar el porvenir, la crisis del coronavirus se abre de par en par. Gobernantes, administraciones, políticos, empresarios, agentes sociales… todos tienen algo que decir. Y los sindicatos no van a ser una excepción.
Han de involucrarse y medir el alcance de la pandemia. Baste un ejemplo: si desde alguna fuente sindical se ha dicho que no preocupa tanto las cancelaciones masiva como la falta de venta de paquetes de vacaciones, habrá que acreditarlo y tratar de encontrar una alternativa que, por supuesto, no será fácil. Aplazarlas, pongamos por caso. Las representaciones de los trabajadores deberán medir su flexibilidad y ser consecuentes ante el fenómeno de la destrucción de empleo. Deberán pensar, otro ejemplo, en el futuro y si se admite que la situación es temporal, habrán de tener en cuenta a los más perjudicados ahora. Es cuestión de garantizar que se respetan los derechos de los empleados. Y que no olviden, por cierto, a los trabajadores de restauración, bares y cafeterías. Ni a los autónomos que dependen de su negocio o actividad comercial como medio de vida.
Aunque nada volverá a ser igual después de esta crisis. Ni en el turismo ni en ningún sector productivo ni en ningún lado pero, siendo cierto ese planteamiento que obligará a un gran esfuerzo de innovación y reconstrucción, se trata de una tarea mucho más profunda que llevará más tiempo y más debate. Y más pedagogía.
No es necesario insistir en la importancia del sector turístico en Canarias en el marco de la productividad económica. Pero estamos ante una nueva posible quiebra de un monocultivo. El presidente del ejecutivo autonómico, Ángel Víctor Torres, dijo días pasados que trasladará al Estado «las singularidades» de un territorio que depende del turismo, «un sector que está siendo vulnerable a esta situación», con medidas que ayuden a «preservar al máximo los puestos de trabajo», como las propuestas que le han trasladado la confederación de empresarios, agentes sociales o patronales hoteleras.
Hoy se reúne el Consejo de Ministros y conoceremos la reorientación de las políticas económicas, es decir, de las medidas que afectan a empresarios y trabajadores. El sector turístico, de momento, está en una encrucijada. Veremos si es capaz de salir y cómo lo hace.
Día 2 de la alarma
Primera jornada laboral tras el decreto gubernamental. Amanece sin alteraciones. Y sin ruidos perceptibles. Sin operaciones de carga y descarga. Sin tráfico. Llega olor a pan. En el quiosco de prensa despachan los primeros ejemplares. Tiempo para ver los espacios televisivos de la mañana: hacía años que no lo hacíamos. ¡Pero si son casi iguales! Una intervención en la radio autonómica a media mañana. Después, salida breve hasta la farmacia para sacar los fármacos necesarios. Las calles están vacías y quizá por eso luzcan más largas. Después, el pan. En la farmacia guardan turno que llega al exterior. El ceniciento cielo presagia lluvia que, en efecto, cae al mediodía. Sorprende la circulación de un vehículo militar de la Unidad Militar de Emergencias (UME) desde cuya mefagonía se emiten mensajes en cuatro idiomas. Hay personas que se asoman a ventanas y balcones. Después, los efectivos uniformados se apean y recorren lentamente calles y paseos.
Los informativos de mediodía transmiten las fluctuaciones bursátiles. No escampa. Las elecciones vasca y gallegas ya están en cuarentena. Otra intervención radiofónica para insistir en las medidas que han contribuir a contener el virus. Llueve con cierta intensidad durante la siesta. Un repaso al guasap sirve para contrastar que aún queda mucho humor entre quienes prefieren unos mensajes irónicos o con doble intención para sobrellevar las horas. Que pasan lentas. Pero muy propicias para la lectura sosegada. De Wall Street no soplan vientos favorables. Y desde el Comité Olímpico Internacional (COI) se ciernen sombras de aplazamiento de los Juegos de Tokio. Un repunte contagios obliga a Angela Merkel a cerrar las fronteras de Alemania. La noticia es que el Gobierno de España interviene la sanidad privada para ponerla a disposición de las comunidades autónomas. El drama de la monarquía española encuentra en el coraje de Felipe VI una dosis de oxígeno. La segunda vuelta de las municipales francesas queda suspendida. El coronavirus parece poder con todo, que nada resiste, por muy global, por mucha entidad que aguarde. El fútbol internacional, pendiente, de reprogramación. Hay una colisión en la producción del petróleo pero el hecho pasa inadvertido. Lo que son las cosas. Estas son algunas de las noticias que se acumulan en la tarde, antes de que salgamos a aplaudir para reconocer la abnegación de los sanitarios y la silenciosa noche se apodere de los que estamos pendientes. “Si estás sano, quédate en casa”, escribe Javier Sampedro. Hagamos caso. Fuera hace mucho frío.

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