FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Così fan tutte | Francisco Pomares

La llaman Vistalegre III, pero la próxima Asamblea Ciudadana Estatal de Podemos se celebra en Leganés. El 21 de marzo. Y va a ser un paseo militar para Iglesias. Con Errejón jibarizado hasta la inexistencia y los anticapitalistas haciendo mutis por el foro, el liderazgo de Iglesias y el control de lo que queda del Podemos por su tropa es coser y cantar, aunque -hablando de cantar- es bastante más probable que en Leganés se cante el ‘Così fan tutte’ que la Internacional.

Arropado por los suyos, Iglesias pidió ayer en la presentación de su propuesta de liderazgo y programa para la etapa que viene, con Podemos como partido de gobierno «luchar, crear, poder popular». No se a cuanta gente convencerá con ese disco rayado, pero la trayectoria del político más hábil y trapisondista que hoy tenemos en este país no parece discurrir por el poder popular, sino por el poder real, y conste que no lo digo por la obvia satisfacción de don Pablo ejerciendo de ‘ministro de jornada’ de doña Letizia. Lo digo más bien por la velocidad con la que el hombre y los suyos han asumido la renuncia al anticapitalismo y al rechazo a la casta. De Iglesias pueden decirse unas cuantas cosas, pero no que se avergüence de sus cambios de registro: el hombre que nunca dejaría su barrio se compró un casoplón burgués y hasta forzó un referéndum para obligar a los suyos a apoyarle en su viaje de Vallecas a La Moraleja. Los tiene cuadrados: ahora, cuando él y su pareja cobran sueldo de ministros, Iglesias propone liquidar aquella limitación salarial podemita de los cargos públicos que equivalía a tres salarios mínimos interprofesionales que rige desde la fundación de Podemos. Lo mejor es la explicación que se ofrece al respetable de los círculos: «debido al incremento del SMI desde la llegada de Podemos a las instituciones, y ante la perspectiva de que este continúe aumentando, el SMI deja de ser un marco de referencia válido para la limitación salarial?» Una decisión abracadabra, que se explica en la propuesta de código ético que Iglesias propone a Vistalegre III, en un triple salto mortal argumental sin red: las ‘donaciones’, en realidad ‘retenciones’, dejan de ser iguales para todo el mundo. Ya saben lo de Rebelión en la Granja de Orwell: «todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros»: las ‘donaciones’ al partido «serán realizadas mediante porcentajes del salario percibido en función de las responsabilidades asumidas?» El que tenga más responsabilidades pagará menos que el que tenga más, digo yo, aunque no lo diga la propuesta, porque sería extraño que pagaran menos quienes tengan menos responsabilidades, ¿no? La propuesta establece, pues, un sistema de retenciones que premia a los que más cobran. Todo un estilo de gestión fiscal que se completa con otras aportaciones para superar la etapa ‘anticasta’: los mandatos de los que de verdad mandan podrán durar más de doce años si los inscritos -los afiliados de los círculos- así lo acuerdan en una consulta.

Y para rematar, se acabó lo de tener voz y voto por la cara en los Círculos. Podemos recupera la democracia censitaria: ahora, se distingue entre inscrito, que es un coleguilla que aplaude y manda twits, pero no puede ejercer su voto, y ‘militante’, que tendrá que «estar al corriente de pago de la cuota establecida» y podrán votar.

O sea, que al final estos que iban a demostrar que otra forma de hacer política era posible hacen lo mismo de lo mismo de lo mismo que todos los demás. Basta con mandar (y cobrar por hacerlo) para que a uno se le arrugue la conciencia.

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario