FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Decisión muy arriesgada | Francisco Pomares

Canarias se convirtió ayer, según el índice internacional que mide la contaminación atmosférica del aire -el AQI- en la región más contaminada del mundo, casi duplicando la cifra de contaminación que se considera muy peligrosa para las personas. El impacto de la calima, combinada con grandes vientos, ha sido absolutamente obvio para cualquier ciudadano de las islas: caídas de objetos, cierre intermitente del espacio aéreo de Canarias, más de 17.000 pasajeros afectados, suspensión durante el lunes de las clases en todos los niveles -incluyendo las Universidades-, cancelación de las actividades deportivas, cierre de carreteras afectadas por la falta de visibilidad o la caída de árboles, problemas de salud en personas con asma o dificultades respiratorias, e incendios en Gran Canaria y Tenerife que afectaban anoche a miles de personas en zonas de La Aldea y Tejeda en Gran Canaria y Los Realejos, La Orotava, Puerto de la Cruz y Santa Úrsula en Tenerife. Y para rematar la faena, colisión de dos ferrys en Los Cristianos y llegada de algunos ejemplares de langosta a varios puntos de las islas orientales.

En ese contexto, era de esperar que el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife decidiera ayer la suspensión del Carnaval de día, manteniendo la decisión adoptada el sábado de suspender el carnaval de noche. Sin embargo, la comisión mixta técnicopolítica decidió mantener ayer por la mañana las actividades carnavaleras previstas para la tarde y noche, desactivando el Plan Municipal de Emergencias, y alegando que esa decisión respondía a la consideración de que la seguridad de los vecinos estaba garantizada por la evolución de las condiciones meteorológicas, y que mantener la actividad era más adecuada en términos de seguridad para las personas. El argumento esgrimido es que la suspensión de las actividades podría suponer un mayor riesgo, ya que muchas personas volverían a sus casas y eso añadiría problemas de movilidad en las carreteras de la isla.

Puedo estar equivocado, pero más que un argumento, lo alegado por el Ayuntamiento para levantar la suspensión parecen excusas: la evolución de la calima no ha ido a mejor este domingo con relación a la noche del sábado al domingo, sino a peor, y los problemas de movilidad se han producido, pero con atascos en la entrada de Santa Cruz, porque al no producirse la cancelación de los actos la gente de la isla ha bajado a la capital.

Los carnavales son sagrados para los chicharreros, y asumir el coste político de suspenderlos supone un riesgo electoral evidente. El nuestro es un pueblo novelero y juerguista, carnavalero hasta la médula. Pero retrasar los carnavales habría sido una opción menos problemática y arriesgada que mantenerlos. No es la primera vez que se ha tenido que hacer por lluvia, y no se ha acabado el mundo.

Y luego está la cuestión de los incendios: la suspensión habría permitido destinar a los incendios más efectivos de seguridad, bomberos, Cruz Roja? El ayuntamiento decidió en este asunto estar en misa y repicando: y para no quedar mal, envió cuatro dotaciones del servicio de bomberos que prestaban servicio en el dispositivo del Carnaval, 16 agentes de la Unipol, y dos equipos contraincendios de Protección Civil, con dos coches, seis operarios y un técnico. El envío de esos efectivos responde al criterio de solidaridad con los municipios afectados por los incendios. Estuvo bien hacerlo, pero reducir el dispositivo de emergencia de este Carnaval tan accidentado -sin suspender la fiesta- podría haber desembocado en una irresponsabilidad. Crucemos los dedos esperando que no ocurra nada.

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