FIRMAS Joaquín 'Quino' Hernández

OPINIÓN | El bar de Pepe | Historias del carnaval tinerfeño | Joaquín Hernández

Manuel, para los amigos Ñolé, asturiano de pro, gustaba venir a Tenerife en el mes de setiembre. Cada año por esas fechas acudía a su cita con la isla picuda, pasaba 6 meses entre nosotros en un pequeño hotel de Santa Cruz (el antiguo Hotel Diplomático) donde su carácter afable y cariñoso le había hecho cosechar números amigos.

Ñolé a sus 86 años de edad y con un parecido increíble a Maurice Chevalier, era todo un caballero asturiano. Gustaba decir que era el cónsul de Asturias en Canarias y por doquier iba pregonando sus dos amores; Oviedo y Santa Cruz de Tenerife.

Su pasión eran los carnavales tinerfeños para lo que preparaba cada año su disfraz, buen bebedor, el recordado Ñolé bebía como un cosaco ruso en las estepas siberianas pero con normas. No empezaba a beber hasta la una de la tarde, antes de la comida siempre su Tío Pepe acompañado de sus aceitunas con anchoas o taquitos de serrano, ni que decir tengo que en la época carnavalera era el primero que empezaba y, tumbando a toda la cuadrilla de amigos mucho más jóvenes que él, el ultimo que se retiraba.

Las resacas tendían a ser eternas, para todos menos para el incombustible Ñole, que a primeras horas y en ayunas se preparaba su tónico especial consistente en un zumo de tomate, sal, pimienta, medio vodka y una yema de huevo, tal cual se lo bebía de un trago. Según decía era “mano de santo”.

En los carnavales es muy común adulterar la bebida, sobre todo el whisky, por lo que es indispensable transites bares o clubs que te conozcan o conozcas a los camareros o barman por aquello de que te sirvan la marca que pides y no te den “gato por liebre” aunque te cueste una buena propina, tampoco es el caso de hacer botellón y lo más que puedes es llevarte una petaquita con tu Johnny etiqueta negra para soluciones de emergencia de esas de aquí te pillo, aquí te… y desde luego no ilusionarte mucho con la mascarita ni con la disfrazada, me explico:

Mi amigo Jorge, director de hotel, se acerco con dos señoras disfrazadas muy elegantemente y saludándome díjome al oído:

“acabo de ligar con estás dos que están buenísimas, échame un cable con una…”

Odio hacer ese tipo de favores pero qué coño!! Una noche es una noche, y a ti te encontré en la calle, que dice la canción.

Las disfrazadas de Esclavas de Visnú tenían su tela marinera y su guasita salsera, que si ¿me compras unos bombones?, que si me gusta el cubata de ron matusalén, que si de dónde eres, que si patatim y patatam, pero del “asunto” nada de nada.

Bueno pues uno, que en esto tiene también su experiencia, decidí tirar por el camino de en medio y haciendo un apartado con mi amigo y su pareja inicie el ataque frontal, sin más embajadores ni diplomacia, a esa hora ya estaba todo el pescado vendido y no era cuestión de estar moviendo el esqueleto toda la noche para esperar una cita otro día, a esas horas de la madrugada se te va quitando el rollito de galán conquistador y empiezas a estar harto de Paquito el Chocolatero, devórame otra vez, todas las versiones de Georgie Dann con mami que será lo que tiene el negro, el chiringuito y la madre que lo pario.

Cuando está el tema preparado, se levanta un poco la máscara para iniciar un vis a vis, aparece mi amigo Jorge corriendo como un loco que acaba de ver a los loqueros y agarrándome de mi turbante hindú me dice:

-“¡¡Joder, joder, joder, ni si te ocurra… son mi mujer y mi cuñada!!” 

-“¡¡ cojones que con quien estás es con mi mujer, coño…!!”.

Si que estaba chunga la cosa y a tiempo había llegado mi amigo… total que diciéndole que su mujer había estado muy simpática y nada más me dijo que se había dado cuenta cuando quiso besarla, entonces ella, su cuñada, paro la bromita enmascarada y le contó que habían programado todo para pillarlo in fraganti en su juerga carnavalera.

Bueno, después del consabido cabreo, nos fuimos a tomar chocolate con churros y a reírnos un poco, no sin antes cruzarnos una mirada cómplice entre la mujer de mi amigo y yo.

Nunca supe que hubiera ocurrido si Jorge no llega a “descubrir” a tiempo, la trampa preparada por su “pérfida esposa” y “la arpía” de su cuñada.

 

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