FIRMAS Juan Miguel Munguía Torres

OPINIÓN | Residencia de empleados o ‘Coliving’ | Juan Miguel Munguía Torres

La economía colaborativa es un término que cada vez se incluye más en las conversaciones cotidianas. Su auge en los últimos años ha impactado con fuerza en sectores como la movilidad, donde ya es una realidad el car sharing o la petición de choferes privados bajo demanda, el consumo, habiendo una gran variedad de plataformas donde comprar y vender artículos de segunda mano o, como no, en el sector del Real Estate. La importancia de este nuevo sistema es tal que el pasado 16 de enero se celebró la “Cumbre del Foro Internacional sobre Economía Colaborativa de Pekín: mayores intercambios, nueva economía”, en el que se debatió sobre la gran era de la economía colaborativa o el desarrollo de las empresas unicornio, entre otros. Y es que esta nueva visión de negocio y forma de vida es también una herramienta potente para el impulso de la Agenda 2030 de desarrollo sostenible. Y la implantación del modelo de coworking en España está allanando el camino para la siguiente tendencia de éxito en otros países como Estados Unidos o Reino Unido, pero todavía es un gran desconocido en nuestros país: el coliving.

Así, el coliving es una extensión o evolución del coworking en el mercado de la vivienda, que dota de espacios en los residentes, generalmente profesionales afines, que además de compartir un lugar de trabajo, comparten una casa donde pueden seguir intercambiando experiencias, laborales y vitales.

Según los cálculos de la ‘start-up’ española especializada en ‘coliving’ Inèdit, el interés del mercado en esta nueva modalidad residencial se disparará un 40% durante el año que viene, aupado por la rentabilidad de hasta el 20% que pueden conseguir los propietarios gracias a este negocio.

Sin embargo, los expertos recuerdan que actualmente el ‘coliving’ no está sujeto a unas reglas de juego regulatorias claras, lo que supone un freno a su despegue definitivo. De hecho, sostienen que los proyectos que se están desarrollando en España poco tienen que ver con los grandes proyectos internacionales y exigen un cambio normativo para adaptar la oferta a las nuevas necesidades inmobiliarias de la demanda.

La fórmula del ‘coliving’ se basa, en el alquiler de una habitación con baño y compartir  los demás espacios de la casa, incluidas las zonas de trabajo y de ocio, así como servicios adicionales como internet de máxima velocidad, podrían ser el gimnasio, la lavandería o incluso el comedor. Es como una especie de residencia de estudiantes, pero dirigida a un perfil más profesional: principalmente trabajadores que se han mudado de ciudad o incluso de país, estudiantes de un máster o formación superior similar, y jóvenes que quieren independizarse y no tienen los recursos suficientes como para pagarse la renta de un piso.

Work, live and enjoy”  (trabajo, vida y diversión) son los tres ejes de este espacio a modo de híbrido entre hotel y una versión mejorada de residencia de estudiantes, al que quieren subirse grandes y pequeños operadores por su rentabilidad, comienza a tomar un significativo volumen que lo aleja de lo anecdótico y residual como para poder escapar al control de los organismos públicos competentes, en el que verán, sin duda, una actividad que va más allá de las simples relaciones entre particulares y que ha de ser objeto de una mayor sujeción normativa por cuestiones evidentes de orden público y garantía de los usuarios. Se busca un rol activo en los miembros, que se involucren en el desarrollo del proyecto colaborando, participando y dando ideas. En la selección no solo se cuida de velar por la compatibilidad, diversidad y complementariedad de los residentes, sino que también se extiende a garantizar que haya rotación favoreciendo la incorporación de nuevos miembros, lo que hace idóneas las estancias cortas, de tres a seis meses.

Cada vez es mayor la variedad de apps y plataformas que permiten alquilar alojamientos vacacionales de particulares a distancia, alquilar, comprar una vivienda o conseguir un compañero de piso mediante el móvil y sin necesidad de intermediarios, contratar un servicio de limpieza a través de páginas web o conectar a aquellos que estén interesados en un servicio con otros particulares o empresa que lo ofrecen, y mucho más. Incluso, se puede ya invertir en inmuebles mediante plataformas de crowdfunding y con cantidades de inversión pequeñas y asequibles.

Así, el año 2020 del ladrillo vendrá marcado por una consolidación aún mayor del entorno colaborativo y el fuerte impacto de los servicios tecnológicos e innovadores ofrecidos por las empresas

El coliving está dando sus primeros pasos en España, aunque los expertos le auguran un futuro prometedor. Fondos de inversión, Socimis (Sociedades Cotizadas Anónimas de Inversión en el Mercado Inmobiliario) y operadores ya escogen asiento para no perderse un negocio que promete rentabilidades superiores a las del alquiler tradicional. Comienza a tomar un significativo volumen que lo aleja de lo anecdótico y residual como para poder escapar al control de los organismos públicos competentes, en el que verán, sin duda, una actividad que va más allá de las simples relaciones entre particulares y que ha de ser objeto de una mayor sujeción normativa por cuestiones evidentes de orden público y garantía de los usuarios.

 

munguia@munguiaabogados.com

 

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