FIRMAS Juan Miguel Munguía Torres

OPINIÓN | El delito contra los sentimientos religiosos | Juan Miguel Munguía Torres

El pasado mes de diciembre, la plataforma de contenido audiovisual Netflix estrenó una de sus obras más polémicas hasta la fecha: La primera tentación de Cristo. La película ha causado un gran revuelo a escala internacional al mostrar una versión homosexual de Jesucristo que no ha sentado nada bien a un amplio grupo de religiosos, que han solicitado el boicot del largometraje.

La reacción no se ha hecho esperar y la película deberá ser retirada en Brasil, país del que es originaria, por orden expresa de la justicia. De manera provisional, la justicia brasileña ha ordenado que Netflix y la productora encargada del rodaje retiren el film.

¿Dónde empiezan los límites de libertad de expresión y la ofensa de grupos religiosos? La jurisprudencia en España nos muestra ejemplos dispares donde la intencionalidad o no de herir las creencias es el punto clave a la hora de la condena. Así la protección del derecho a la libertad ideológica, religiosa y de culto, está reconocida en el artículo 16 de la Constitución, y en otros textos internacionales de carácter universal, como la Declaración Universal de Derechos Humanos. Nuestra Carta Magna establece que ninguna confesión tendrá carácter estatal, sin bien los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española.

Por su parte, y desde la Ley Orgánica de Libertad Religiosa 7/1980, de 5 de julio, se tutelan todas las manifestaciones religiosas, con el único requisito de su inscripción en el registro de entidades religiosas del Ministerio de Justicia

Asimismo, el El TEDH se pronunció por primera vez sobre la limitación de la libertad de expresión en la sentencia dictada el 25 de noviembre de 1982, en el llamado caso Wingrove c. Reino Unido. El tribunal entendió que la protección de los sentimientos religiosos, en términos generales, está incluida entre las posibles restricciones legales de la libertad de expresión.

Los artículos 522 a 526 Código Penal, regulan los ataques u ofensas graves y públicas contra cualquier religión, hechos con la finalidad de afectar a los derechos religiosos o de herir sus sentimientos.

Estos preceptos imponen penas de multa que pueden ir desde los 4 a los 24 meses y prisión desde los 6 meses hasta los 6 años. Dentro de los posibles actos delictivos se incluye impedir  por medio de violencia, intimidación, fuerza la práctica de los actos religiosos o creencias, así como forzar a un tercero a la práctica de los mismos. Asimismo, el artículo 524 Código Penal añade el supuesto de profanación u ofensa de los sentimientos religiosos en templo o lugar de culto. Finalmente, el artículo 525 CP establece la ofensa de la religión mediante ofensa de los sentimientos y creencias mediante palabra o vía escrita.

Por su parte, el artículo 510 del Código Penal regula los delitos cometidos con ocasión del ejercicio de los derechos fundamentales y de las libertades públicas garantizados por la Constitución, estableciendo una pena de prisión de 1 a 4 años para aquellos que, entre otros, fomenten, promuevan o inciten directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo por motivos racistas, referentes a la religión, identidad sexual, etc.

Incluso una sentencia del año 2018 del Juzgado de lo Penal de Jaén se condenó a un usuario de Instagram al pago de una multa de 480 euros por subir a la red social un fotomontaje de Cristo con su propia cara, lo que fue considerado como un delito contra los sentimientos religiosos. Lo cierto es que en estos delitos se impone un difícil equilibrio, dada la necesaria y ponderada protección de una serie de derechos fundamentales de igual rango, como son la libertad ideológica y religiosa, la libertad de expresión, y la igualdad de todos ante la ley.

 

munguia@munguiaabogados.com

 

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