FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | El origen del bloqueo | Francisco Pomares

Esquerra Republicana le ha dejado claro al PSOE que no habrá investidura este año, y que el año que viene ya se verá. Si Pablo Iglesias esperaba comerse las uvas como vicepresidente, sus amigos independentistas le han aguado la fiesta. La decisión de Esquerra ha sido coreografiada cuidadosamente: antes de frustrar la reunión de ayer entre los negociadores de ambos bandos, se produjo el anuncio de la portavoz independentista, Marta Vilalta, advirtiendo que ellos no tienen prisas para negociar. Por supuesto que no. A ellos les importa una higa el colapso del país, el bloqueo político o la incapacidad de aprobar unas cuentas que permitan al Estado, las Autonomías y Ayuntamientos saber los recursos con los que cuentan y empezar a trabajar. Esquerra no está en esta negociación para resolver los problemas de España o los de Sánchez: está para hablar de sus presos y de su referéndum. Lo demás es secundario y no hay prisa alguna por resolverlo.

A Sánchez, la decisión de mantener al ralentí las negociaciones le depara unas Navidades bastante siniestras, unas Navidades sin peladillas que nos recuerdan que -muy probablemente- será el primer presidente del Gobierno de España en sobrepasar un año en funciones: la fecha vence el 15 de febrero, cuando Sánchez convocó las elecciones del 28 de Abril. El próximo febrero, Sánchez llevará un año sin capacidad ejecutiva, un año sin poder maniobrar para ocuparse de los intereses del país, los problemas del país, las necesidades del país.

A veces se nos olvida por qué ocurren las cosas, pero todo tiene una explicación; no ocurren sin motivo: el actual impasse político es consecuencia de una decisión errónea, que llevó a Sánchez a presentar una moción de censura contando con el apoyo de las fuerzas independentistas catalanas y de Bildu. Esa decisión -apoyarse en quienes cuestionan la existencia misma del Estado y su integridad territorial, uno de los elementos claves de la identidad de la nación- ha tenido consecuencias terribles para la política y la sociedad española: ha permitido que un partido como el PSOE -baluarte histórico de la igualdad entre los ciudadanos españoles- aceptara jugar al juego perverso de retorcimiento de los principios que le marcaban las fuerzas independentistas.

Pero el problema para este PSOE -y para Sánchez en particular- es que por mucho que uno pueda retorcer el lenguaje, aceptar fórmulas de colaboración inaceptables, calificar de diálogo lo que es tragar sapos y culebras en silencio, o permitir que en las negociaciones se manejen pretensiones ilegales?, por mucho que Sánchez y los suyos puedan transigir con todo eso, el cuerpo social que apoya al PSOE no perdonaría nunca la traición de ceder soberanía a cambio de votos para la investidura. El PSOE no puede cruzar esa línea, igual que los independentistas de Esquerra no pueden apoyar al PSOE si este no hace concesiones claras y suficientemente explícitas. Si Esquerra cede, Junts x Cat y -en menor medida- las CUP devorarían las expectativas electorales de Esquerra, y en Esquerra son conscientes de ello.

La mejor opción del PSOE sería cambiar de aliados, aunque para eso también resulta imprescindible que la derecha española -tan asirocada y levantisca- entienda que salvar de la ruina el modelo constitucional de convivencia requiere mojarse los tobillos en el agua sucia de todos los días. Espero que unos y otros lo entiendan.

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