FIRMAS Marisol Ayala

OPINIÓN | Una extraña relación | Marisol Ayala

Llevo trece años leyendo sus correos, sus comentarios, conociendo su estado de ánimo como no creo que conozca nadie. Trece años en un vaivén, agarrada a no sé qué. Una curiosa comunicación en la que de una manera sutil o a veces sin sutileza habla del suicidio, de la intención de poner fin a su existencia. Es la primera vez en mi vida que hablo de esta relación tan extraña, no sé cómo abordar sus confidencias; no soy psiquiatra, soy una periodista curiosa por la vida que me rodea.

Hablo de una mujer que ha tenido protagonismo social. La muerte de su hija la metió en un pozo que a veces le deja asomar la cabeza, pero en otras ocasiones la atrapa. Nunca he sabido por qué me eligió confidente de sus ideas suicidas. La conocí durante un suceso que afectó a su familia y desde ese día confundió el afecto, la compasión, con algo que no he sabido nunca.

Escucharla, leerla, es agotador porque está metida en una espiral de dolor, de palabras que se repiten, como sí su lucha en vida le causara cierto placer. Su caso lo he comentado con psiquiatras amigos que han mantenido conversaciones con ella, pero se cansa y desaparece. Jamás he visto su cara.

Leo todo lo que cae en mis manos referido a los suicidios porque mi intención no es convertirme en un contenedor donde alguien vomita su dolor. El lector se preguntará, y hace bien, por qué me meto en este charco, pero la respuesta es sencilla. No creo que hable con nadie lo que habla conmigo y no quiero dañarla. Hace tres meses me advirtió que no quería vivir, que no tiene una sola razón para lo contrario. Tampoco yo tenía una sola razón para persuadirla de lo contrario.

No he vuelto a saber de ella y me preocupa. Libertad para vivir libertad para morir.

 

Fuente: Blog de Marisol Ayala

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