FIRMAS Francisco Pomares

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Pasado el apagón, lo primero es preguntarse qué ocurre con el sistema eléctrico de Canarias, que nos ha dado algo tan tercermundista como varios ceros energéticos en los últimos años. Porque el sistema eléctrico canario adolece de tres defectos característicos que han acabado por convertirlo en un sistema con evidentes obsolescencias, proclive a darnos sustos recurrentes.

El primero es un problema congénito, difícilmente salvable, consecuencia de que somos un archipiélago de islas separadas por mares muy profundos. Solo las islas de Lanzarote y Fuerteventura, conectadas por cable submarino, comparten sistema eléctrico. En principio, ese sistema se conectará algún día al de Gran Canaria, y se dice que también el de La Gomera al de Tenerife, aunque eso ocurrirá probablemente mucho más tarde. La existencia de varios sistemas cerrados provoca que la generación de electricidad sea muchísimo más cara que en península, donde existe un solo sistema, conectado además a la red europea. Las inversiones que habría que hacer para conectar todas las islas son enormes. No creo que veamos nunca Canarias con un único sistema, y eso aporta fragilidad al funcionamiento. Una fragilidad que -en este aspecto- tenemos que asumir. Somos islas y no podemos escapar a esa realidad.

Otra historia es que aceptemos la existencia de sistemas alimentados por combustibles altamente contaminantes, como el fueloil, con emisiones venenosas y de efecto invernadero. Deberíamos haber cambiado esos sistemas a un mix energético con más presencia de renovables y de uso del gas, menos contaminante y más fiable. Uno de los debates estrambóticos, ideologizados y ridículos en los que se enzarza nuestra sociedad ha llevado a la demonización del gas, que es también contaminante, pero contamina menos que el fuel. Entre lo malo y lo menos malo llevamos cuarenta años atascados en mantenernos en lo malo, y esperando que el cambio que se produzca sea perfecto. Somos un pueblo muy crédulo: nos han dicho que hay que apostar por lo óptimo, y no por lo posible y menos malo. Y lo cierto es que pasarán -al menos- otros cuarenta años -otra generación- antes de poder generar masivamente energía renovable y no contaminante, y mientras, vamos a seguir llenando de más mierda la atmósfera de este planeta.

Y el tercer problema es la obsolescencia de nuestro sistema de distribución. Es responsabilidad de Red Eléctrica Española, que no quiere gastar, pero también de las administraciones locales, que dificultan cualquier licencia para renovar la red. Nuestros políticos miran para otro lado cuando se les dice que la red está saturada, que es necesario cerrar el anillo eléctrico de Tenerife, o que hace falta cambiar tendidos. Desde lo de Vilaflor están acobardados. Y así pasa lo que pasa.

Si queremos evitar que esto siga ocurriendo, hace falta tomar decisiones: la primera es encargar una auditoria energética para conocer el grado de deterioro y obsolescencia de los sistemas, y decidir qué debe hacerse para remediarlo. Eso es mucho más necesario que dar ruedas de prensa a batiburrillo.

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